No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Por las ramas me voy

Lo importante pesa, por algo es importante.
El pasado nos habla de vida, de que la hubo, aunque ahora puede que ya no.
Acumulo minutos y no dejo de preguntarme en qué momento se fue todo a la mierda.
Y me viene a la cabeza una y otra vez, esa frase que tanto me gusta:
«Éramos felices y no lo sabíamos».
Me gustaría volver volver (así dos veces, que parece más) a la vida de antes o a ser la misma de entonces, pero creo que se me ha hecho tarde. Me justifico por ser diferente, cuando lo único que quiero es volver a ser la misma de siempre.
Ya no me queda pasado. Tendré que hacer futuro (mañana empiezo, que hoy estoy cansada…)
A esto se le llama procrastinar.
Ayer éramos la mitad de algo. Hoy somos olvido.
¿Cuánto falta para llegar a la nada?
 
He vivido en tres casas, pero he tenido un solo hogar.
No soy nadie, pero me siento importante (quizá ese es el truco de mi felicidad).
Mi sombra es cada vez más grande, intento que la sonrisa no sea menor…
(aunque no siempre lo consigo).
Soy como un libro abierto, pero cerrado. Al menos últimamente…
Esto ya es el no va más, pero ¿dónde vamos exactamente? Nunca lo he sabido…
Tengo la sensación sutil pero persistente de estar fuera de lugar.
Y por fin a esto le han puesto nombre, se llama monachopsis.
 
Este menos siempre va a más y el más nunca suma, siempre resta.
Sigo sumando con los dedos y olvidando todas las cuentas, hasta las pendientes…
Llevo un par de noches de más con algún sueño de menos, por lo que me debo unos cuantos días y un buen puñado de sueños. Que ya me los cobraré cualquier día de estos.
El último invierno, me ha durado dos veranos. Y ando buscándolos… 
Empiezo a pensar que tengo mala suerte y que esta mala racha está durando demasiado.
Querer es más difícil de lo que pensaba, aunque no sé muy bien en qué pensaba…
Quiero… la verdad es que tampoco sé lo que quiero.
Pero sí sé lo que NO y eso ya es algo, digo yo.
Regalé mi alma con tal de no verla más, eso dice mucho de mí. Más bien todo…

Escribo para evitar ir al psicólogo.

Pero si tengo que ir, voy. No tengo problema con eso…
Cuando escribo me expreso de una manera y cuando hablo me expreso de otra.
Y nada tienen que ver entre ellas.
Ante la mala educación, no puedo estar callada.
Aprenderé a tener la boca cerrada el día que los demás aprendan a no abrirla tanto.
No necesito ni llevar la contraria ni tener que decir la última palabra para sentirme mejor, porque para llevarme la contraria no se me ocurre mejor persona que yo… que estoy tan llena de contradicciones que tengo hasta para regalar.
No quiero discutir, no lo necesito.
Ni quiero tener la razón, pero sí que me dejen hablar.
Para hablar siempre estoy dispuesta, y lo puedo demostrar.
Soy capaz de no decir nada aun sabiendo que tengo la razón.
A esto se le llama autocontrol.
 
Lo pienso todo dos veces y casi siempre en las dos me decanto por lo mismo.
Soy de blancos o negros, y algún que otro gris… pero pocos, esa es la verdad.
Soy muy decidida, pienso A, digo B y hago C. Y en los test, odio que haya opción D…
¡qué necesidad de liarla más…! ¿Para qué?
Si debo elegir entre perder o destrozar elijo lo que creo que puedo soportar, que cada cual piense lo que quiera.
Pongo el corazón sin nunca decir pero. Pero ya me cansado.
El cuerpo hace mucho que no lo pongo. El arte de quererse a una misma.
Con un dedo hago lo que quiero.
Prefiero no apuntar a otro sitio que no sea yo porque no me gusta juzgar.
No soy quién para hacerlo.
Siempre me falta algo. Un poquito más. Desconfío de quien dice tenerlo todo.
Sigo buscando mi lugar, ese puto putísimo lugar. Creo que anda cerca…
Siento que he perdido muchas más batallas de las que he ganado.
Y también de estar al límite, de tener agotada la reserva de paciencia, de no tener el ánimo suficiente como para aparentar que todo me importa una mierda.
Por suerte no es siempre, lo de sentirme así digo.
 
Cambio de tema como quien cambia de camisa, creo que ha quedado demostrado…
Para no tener nada que decir, continuamente se me va de las manos. Se me calienta la boca, y lo que no es la boca. Adoro este tipo de textos en los que empiezas con una idea y terminas con otra. En los que no dices nada y lo dices todo.
A los que no le pondría fin, pero no quiero aburrir…
 
¡Joder! Cómo echaba de menos esto de escribir…

lunes, 6 de septiembre de 2021

Inventario de daños

Quizá aprendí a irme.

Mi límite está en tres intentos (o cuatro).

Sí, tengo el límite a esa altura, qué le vamos a hacer… (ya sé que es bajo, muy bajo).

Y aun con toda esa experiencia sigo sin tener ni puta idea de cómo despedirme.

¿A cuántas despedidas estamos, tú y yo, de darnos el último adiós?

El definitivo, ese que te dice que a partir de aquí ya no hay nada más que los restos de lo que no logramos ser. Sigo teniendo el ridículo vicio de parar mi vida por si llegas tarde…

(aun sabiendo que no vas a venir, aun siendo yo la que no quiere que vuelvas).

Es absurdo. No sé por qué lo hago y tengo que parar de hacerlo.

Me paso los días conjugando el verbo "después" en primera persona, así que imagínate.

A veces no me entiendo ni yo… que llevo toda la vida conmigo y, aun así, sigo sin asimilarme. Por eso no te voy a pedir que me entiendas, no quiero hacerte perder el tiempo de esa manera. Bastante tenemos ya con lo que no tenemos, como para hacer nuestros los añadidos de los demás.

Y pienso en ese deseo incomprensible que tenemos de querer pasar toda tu vida con la misma persona, con la de peces que hay en el mar… ¿?

(leer en modo irónico)

Quitarse de estos pensamientos es más difícil que quitarse de la droga.

 

Me gusta dar todo lo que tengo, lo mejor de mí, pero no a todo el mundo.

Necesito poner(me) ciertos límites para que no me hagan daño gratuitamente, para pensar que sigo teniendo el control de mi vida (aunque nada más lejos de la realidad), para cuidarme y protegerme de todo ese mal que anda suelto y que cada vez parece que va a más… porque si no te cuidas tú ¿quién lo hará?

La gran mayoría de las conversaciones trascendentales que tengo son conmigo misma.

Y en esas charlas, mano a mano, lo veo claro. Después ya no tanto…

 

Si la vida cambia… ¿cómo no vamos a cambiar con ella?

¿Evolucionamos o empeoramos? Esto tampoco lo tengo muy claro.

Creo que lo más importante es no cambiar nuestra esencia, mantenerla y no perderla, pese a todo. Y no justificar nuestras miserias con dichos cambios.

 

¿Te has dado cuenta de lo lejanas que estamos? Y no estoy hablando de distancia.

Quizá, esta sí que sea la última vez y ya no nos queden más oportunidades, ni en esta vida ni en la próxima… (si es que la hay).

¿En qué punto empieza lo que se acaba? ¿Alguien lo sabe?

Prometo poner atención esta vez y no llegar al primer día del resto de mi vida sin saber qué es lo que ha pasado o cómo he llegado hasta allí.

 

Me fui, aunque quería quedarme.

He de reconocer que a veces le echo un par de huevos a según qué situaciones, que me entra un valor que no sé de dónde sale y que tomo decisiones en un instante, así como lo hago yo… sin alzar la voz.

Que fácil es retirarse cuando es a otro a quien haces daño, ¿verdad?...

Entonces, que alguien me explique por qué es tan difícil retirarse cuando es a ti misma a quien lastimas.

Supongo que tiene que ver más con ser valiente que con ser cobarde, me digo mientras doy un paso hacia atrás a modo de precaución.

No se puede pretender que no hacer nada cambie las cosas.

Y no sé qué hago mal, pero lo hago muchas veces mal… o como leí el otro día no recuerdo dónde "lo estoy haciendo mal, muy bien".

Sí, puede que sea eso… que me esté haciendo toda una profesional del error.

Cuando me vuelvan a preguntar a qué me dedico ya sé qué contestar: Soy errática

(y a buen precio. No te arrepentirás).


 

Voy a hacer un inventario de los daños:


Tuve mucho amor dentro una vez.

Y no he vuelto a sentir lo mismo desde entonces.



 

 DOMMCOBB


jueves, 26 de agosto de 2021

Multitud

Tú.

Yo.

Tu otro tú.

Mi otro yo.

¡Vaya dos!

(o, mejor dicho)

¡Qué cuatro!

 

Así es difícil ponerse de acuerdo… 

martes, 17 de agosto de 2021

Lauropatía

En aquella habitación eran muchos los elementos suspendidos en el aire.

La mayoría palpables, pero algunos no.

Las partículas que deja en el aire el olvido y el recuerdo también.

La frialdad que habitaba tu lado de la cama o aquel truco de magia que aprendí

(y que ahora ya no me sale) en el que podía verte aun con la luz apagada.

La cercanía de una voz que no hacía más que alejarse…

O aquel primer rayo de luz que siempre amanecía más tarde que yo y que me cruzaba la cara tras el insomnio de una noche demasiado larga.

En aquella habitación, no sé cómo explicarlo… el aire se me acababa, pero no me asfixiaba.

Ni a 10.000 kilómetros conseguí alejarte más de lo que estaba yo de todo, hasta de ti.

Pero en aquella habitación encontré la forma de ausentarte (aunque fuese sólo por pequeños instantes) y de no perderme yo de tanto buscarte…

Incomprensiblemente, allí sentía que estaba protegida, quizá de ti y puede que hasta también de mí. Y aunque parezca mentira, en aquella habitación fui feliz.

La memoria de la felicidad, que difícil olvidarla. 

jueves, 29 de julio de 2021

Ojalá siempre (poema recitado por AlmaBaires)


 HUELLAS en la arena y en el ALMA

Tenés en la mirada tanta dulzura… que ¡joder!, no sé qué hacer con ella.

Te la abrazaría toda.

Me la quedaría. Llenaría mi capacidad hasta el borde para cuando me falta.

Para cuando soy consciente de mi dureza y no encuentro delicadeza por ningún sitio.

Para cuando me intuyo fría o dolorida y no sé qué hacer conmigo.

 

Eres tierna. Muchísimo.

Y parece que (eso) te da rabia y yo no entiendo el porqué.

Pero es tu motivo y lo respeto.

¿Recuerdas cuando hablamos de la lealtad?

Pues eso. A tu lado y no hay nada más que decir.

 

Llorar no es una debilidad.

Es más, hasta diría que es algo que solo se permiten los valientes.

Pelar la corteza, bajar la guardia, derribar el muro que nos rodea a golpe de lágrimas,

es sin duda, señal de fortaleza.

¡Qué osadía!

Permitirse en estos tiempos algo de sensibilidad y no salir mal parada por ello.

Y qué bonita estás cuando te emocionas, niña… ¡Qué bonita!

 

Aquí estoy, pensando en vos y en lo cerca y lejos que estás de mí. Y sonrío.

Siempre me pregunto por qué las cosas buenas son tan efímeras.

Etéreas tal vez e intangibles, ya no sé…

Sonrío al recordar estos cuatro putos días que se han esfumado como si nada.

Cuatro días para vencer los miedos, reír hasta morir y arreglar el mundo

(porque tiene arreglo, de momento) pero mañana vuelve a preguntarme por si ha cambiado algo. Que ahora, en apenas unas horas, se pone todo del revés… ya sabés.

 

Te prometí no pensar tanto en las cosas, no darle vueltas y vueltas a la cabeza hasta marearme y lo estoy intentando. Créeme.

Tengo que desacostumbrarme, desaprender lo aprendido y eso requiere de tiempo.

Fluir cuando parece imposible.

Sentir. Doler.

Porque ahora me duele lo lejos que te fuiste y necesito la facilidad que te acompaña y con la que me hablaste.

Me llenaste la casa de alegría.

Está(s) por todas partes.

Y ahora la distingo vacía.

Creo que a eso se le llama morriña.

 

Extrañar y conmover.

Voy a ver que hago con todo esto, mi niña…