MIS COSITAS
martes, 13 de febrero de 2024
Pre-textos
lunes, 30 de octubre de 2023
Hasta siempre, Delgaducho 🎗
miércoles, 25 de octubre de 2023
Ropa tendida
lunes, 6 de septiembre de 2021
Inventario de daños
Me paso los días conjugando el verbo «después» en primera persona, así que imagínate. A veces no me entiendo ni yo… que llevo toda la vida conmigo y, aun así, sigo sin asimilarme. Por eso no te voy a pedir que me entiendas, no quiero hacerte perder el tiempo de esa manera. Bastante tenemos ya con lo que no tenemos, como para hacer nuestros los añadidos de los demás. Y pienso en ese deseo incomprensible que tenemos de querer pasar toda tu vida con la misma persona, con la de peces que hay en el mar… ¿? (leer en modo irónico) Quitarse de estos pensamientos es más difícil que quitarse de la droga.
Me gusta dar todo lo que tengo, lo mejor de mí, pero no a todo el mundo. Necesito poner(me) ciertos límites para que no me hagan daño gratuitamente, para pensar que sigo teniendo el control de mi vida (aunque nada más lejos de la realidad), para cuidarme y protegerme de todo ese mal que anda suelto y que cada vez parece que va a más… porque si no te cuidas tú ¿quién lo hará? La gran mayoría de las conversaciones trascendentales que tengo son conmigo misma. Y en esas charlas, mano a mano, lo veo claro. Después ya no tanto…
Si la vida cambia… ¿cómo no vamos a cambiar con ella? ¿Evolucionamos o empeoramos? Esto tampoco lo tengo muy claro. Creo que lo más importante es no cambiar nuestra esencia, mantenerla y no perderla, pese a todo. Y no justificar nuestras miserias con dichos cambios.
¿Te has dado cuenta de lo lejanas que estamos? Y no estoy hablando de distancia. Quizá, esta sí que sea la última vez y ya no nos queden más oportunidades, ni en esta vida ni en la próxima… (si es que la hay). ¿En qué punto empieza lo que se acaba? ¿Alguien lo sabe? Prometo poner atención esta vez y no llegar al primer día del resto de mi vida sin saber qué es lo que ha pasado o cómo he llegado hasta allí.
Me fui, aunque quería quedarme. He de reconocer que a veces le echo un par de huevos a según qué situaciones, que me entra un valor que no sé de dónde sale y que tomo decisiones en un instante, así como lo hago yo… sin alzar la voz. Qué fácil es retirarse cuando es a otro a quien haces daño, ¿verdad?... Entonces, que alguien me explique por qué es tan difícil retirarse cuando es a ti misma a quien lastimas. Supongo que tiene que ver más con ser valiente que con ser cobarde, me digo mientras doy un paso hacia atrás a modo de precaución.
No se puede pretender que no hacer nada cambie las cosas. Y no sé qué hago mal, pero lo hago muchas veces mal… o como leí el otro día, no recuerdo dónde «lo estoy haciendo mal, muy bien». Sí, puede que sea eso… que me esté haciendo toda una profesional del error. Cuando me vuelvan a preguntar a qué me dedico ya sé qué contestar: Soy errática (y a buen precio. No te arrepentirás).
Voy a hacer un inventario de los daños:
Tuve mucho amor dentro una vez.
Y no he vuelto a sentir lo mismo desde entonces.
sábado, 10 de abril de 2021
El ruido
Estoy
a medias. De no sé muy bien qué, pero a medias.
Así
me siento, esa es la sensación que tengo.
Extraña,
desubicada, en constante observación.
Un
escrutinio voraz al que me someto a mí misma.
Y
creo que eso no es nada bueno.
Y
es entonces cuando pienso en cómo nos ven los demás.
En
la imagen que proyectamos.
Que
tampoco es real, la gente se equivoca en sus juicios…
Aquí
cada uno sabe y conoce lo suyo, pero parece que todos tenemos derecho a juzgar.
Nunca
hacía nada con todo esto, pero esta vez he iniciado un viaje.
Un
viaje que me lleva directamente al ruido.
Al
ruido que me crea la incomodidad cuando no me siento bien.
Como
cuando la música está demasiado alta y eso me impide mantener una conversación
tranquila. Y entonces callo.
El
ruido que lo llena todo aun estando en el más absoluto silencio.
Ese
ruido que no me deja pensar en otra cosa que no sea el propio ruido.
Y
en esta búsqueda constante que es el estar bien empiezo a darme cuenta
de que es lo que me ha traído hasta aquí, a esta situación.
Y
descubro que no debo dejarlo todo para mañana, que es hoy cuando tengo que
solucionar mis problemas, mis miedos, mis fantasmas.
Pero es que a veces no sé cómo actuar, cómo continuar, cómo solucionar las cosas a tiempo y se van asentando…
Y
cuando reacciono (cuando me doy cuenta) parece que se ha hecho tarde y que ya
llevan demasiado tiempo a mi alrededor y que forman parte de mí.
Y
no, no quiero eso.
Siempre he sido decidida, consecuente, valiente… y no sé el porqué de un tiempo a esta parte he perdido la seguridad de la que siempre hice alarde.
Y
entonces me digo: «Laura… tú puedes. Y puedo».
Y
en ese mismo momento soy yo la que se vuelve ruido, la que lo trae consigo.
En
la risa, en la voz, mientras camino.
Y
me encanta el estruendo, todo el bullicio que traigo y ser yo la que haga
sonoro tanto silencio.
Mientras
tarareo una canción… busco en mi archivo su nombre y me pongo a cantar.
Vuelve
poco a poco la música a ocuparlo todo, subo el volumen hasta el punto exacto.
Ese
punto en el que soy capaz de hacer varias cosas a la vez sin bloquearme.
Necesito
poco para sentirme bien.
Y
acabo de recordar, las palabras que siempre me dice una amiga:
«Laura,
eres música».
Y
(me) he vuelto a darle al play.
▶
martes, 30 de marzo de 2021
Un vacío que está lleno de ti
Volver
al principio, al origen de todo.
Nunca
lo vi como una opción.
Ni
como una solución.
Jamás
pensé que acabaría siendo una salida o una vía de escape hacia ninguna parte.
Y
mírame hoy, a un solo paso de materializarlo, de hacerlo.
Estoy
a un suspiro de dejar que corra el aire, de abrir puertas y ventanas y que una
bocanada de viento entre hasta dentro.
Es
una primera toma de contacto, como una prueba.
Ahora
hacer planes a una semana vista es todo un despropósito.
Así
empezamos hace un año y mira cómo estamos, cómo seguimos, hasta donde hemos
llegado…
Llevo
tanto tiempo acostumbrada a ser la fuerte que mostrar por primera vez mi débil
consecuencia y mi vulnerabilidad ha sido una extraña mezcla de muchas cosas.
Necesidad
de cariño. Una tierna súplica que por fin me he atrevido a pronunciar.
Supongo
que ya me da igual perder el estúpido estatus de seguridad que siempre tuve o
la aparente firmeza que siempre mantuve.
Pero
lo dije, por fin lo dije y no me arrepiento, ni tampoco me avergüenzo.
Lo
dicho, puede que ya me dé igual…
¿Cuántas
veces necesité esa pregunta y no escuché nada?
Con
lo fácil que es preguntar… ¿cómo estás? y prestar atención a lo que te cuentan…
Desde
los ojos de mis padres veo el abismo que nos separa.
Siento
un vértigo desmedido entre su generación y la mía.
Y
una distancia infinita que no nos permite entendernos por mucho que lo
deseemos.
Nunca
había sido tan consciente de esta situación.
Supongo
que han cambiado las cosas o que las prioridades ya no son las mismas.
La
lejanía más cruel creo que es la emotiva.
No
ser capaz de demostrar las emociones o, dicho de otra manera, ser incapaz de
demostrarlas si no son materiales.
Hay
cosas que no se ven, que no se pueden tocar, que no se pueden comprar…
pero
que existen y que se pueden sentir.
Y
no hace falta ser extremadamente sensible para notarlas.
Un
abrazo, una caricia, un "todo va a salir bien” son tan rentables, tan
efectivos…
que
deberían cotizar en bolsa. Seríamos todos tan ricos.
Y
así me veo hoy, yendo a buscar todo lo que me falta con unas ganas locas de
tenerlo.
A
casa, al hogar.
Al
lugar desde el que me diste tu último adiós y que yo no escuché…
A
ese punto del mapa en el que me resulta imposible no sentir.
Y
contemplar aquel cielo. Tu cielo.
Apagar
el interruptor.
Observar
y encontrar en lo más alto aquella luz incandescente que siempre lleva tu
nombre.
Hay
tanta belleza en la oscuridad, las estrellas solo salen de noche.
Lo
mejor de ir es volver, una y otra vez.
No
puede volver lo que no se ha ido.
Aquí
nos encontramos (siempre) los cuatro.
jueves, 11 de marzo de 2021
El equilibrio es imposible
Hoy
tengo un día raro. Consecución de unos cuantos...
Puede
que tenga un día bipolar… (estoy segura de que yo no lo soy).
Lo
bueno de esto, es que es jueves y no me pilla en fin de semana.
Intento
ver lo positivo, aunque cueste.
Escribo
y hablo.
El
mensaje es el mismo, pero no lo digo igual.
Estoy
más ausente que de costumbre.
Esta
vez el cuerpo me ha pillado así, como más metida hacia dentro y no sé si quiero
salir.
Es
como una capa de protección que en realidad no protege de nada, porque todo
va traspasando y doliendo. Pero me lo acabo creyendo y supongo que algo bueno
me estará haciendo, digo yo.
Pienso
en desconectar, en dejar de estar, en que ya tenemos suficiente con nuestras
cosas como para tener que aguantar también las de los demás… y es extraño
porque aun diciendo todo esto, sigo necesitando saber cómo están las personas
que me importan, aunque me cueste preguntarlo.
Es
un año que me gustaría olvidar (supongo que como a todos).
Un año en el que no solo me han cortado las alas, sino que también me han prohibido volar. Y la imaginación ya no da para más…
He
perdido la libertad, la seguridad, la conciencia.
He
perdido un estilo de vida que me hacía sentir muy bien… y que ya no volverá.
Me
han perdido el respeto y la educación y no he podido recuperarlos de nuevo.
Ya
sabéis lo que dicen, << cuando se pierde la confianza se pierde
todo>>.
Y
yo no puedo estar más de acuerdo.
Ha
sido un año envuelto por la incertidumbre, por la mentira, por el miedo, el
desapego. En el que se han perdido las buenas maneras, hemos encontrado la
excusa perfecta, ya tenemos una cabeza de turco para que la culpa la tenga
siempre el mismo.
Y
como no se ve, como no se puede tocar, como no avisa ni tiene intención de
hacerlo, nos ha convertido a todos en auténticos vendedores de humo.
Pelotas
fuera, directas a tu tejado. Yo me lavo las manos… tú haz lo que quieras.
Y
ya no puedo más, tengo la sensación de que en cualquier momento voy a explotar,
poniéndolo todo perdido y sin importarme (ni lo más mínimo) quién será el que
lo tendrá que limpiar. Vuelvo a lavarme las manos. Yo, a lo mío.
Pocas
veces cambio las cosas de lugar, no lo hago ni conmigo.
Pero
ahora me apetece recolocarme en otro sitio.
Cerrar
esta puerta y encontrar una ventana por la que saltar.
No
mirar atrás (aprender a no hacerlo).
Cada
vez me alejo más de todo, estoy a años luz de lo que alguna vez fui, la cabeza
y el corazón hace mucho que dejaron de entenderse y solo hacen que ponerme a mí
entremedio (entre la espada y la pared), como si yo tuviese la solución para
todo. Y nada más lejos de la realidad.
Mientras
que sufro un deshielo interno.
Pero
parece que no me hundo, al menos no del todo.
Estoy
con mi máscara de segura y con todas mis inseguridades escondidas detrás.
Desaparecer.
A veces me dan ganas.
Ser
negativo, nunca había tenido tanto sentido ni había sido tan positivo.
No
te preocupes si no lo entiendes. No lo hago ni yo.
Y
mira que llevo tiempo conmigo…
Se
intuye un adiós.
Y
no sé hasta cuando…
jueves, 28 de enero de 2021
Una más
Y me incluyo.
Apenas se nota (
jueves, 10 de diciembre de 2020
Hasta luego (hasta pronto)
Voy
a estar unos meses un poco (más bien mucho) desconectada del blog.
He
decidido salir de mi zona de confort y volver a estudiar, cuando no te gusta lo
que pasa a tu alrededor, tienes que cambiarlo (o al menos intentarlo)
pero no hacer nada no cambia nada y estoy cansada de esta situación y a nivel
personal necesito un cambio que sólo no va a llegar.
Tengo tres meses para prepararme, para hincar los codos, para cambiar mis hábitos y para cambiar esas rutinas que tanto me gustan por otras que no tanto.
Y para eso, necesito un tiempo que no tengo.
Para no intentarlo a medias, para no excusarme
a mí misma o sentirme culpable por no haberlo dado todo.
Mantenerme
activa en el blog me hace sentirme conectada con mi interior, consigo sacar de
dentro todas las emociones, todos esos sentimientos que a veces me invaden por
completo y que solo con poesía (y derivados) consigo sanar las heridas que, aunque no se ven
os puedo asegurar que sí que están.
Negarme
el tiempo libre y esos pequeños vacíos en los que no hacer nada es
para mí el mejor pasatiempo posible, a día de hoy me parece un gran
desafío.
Así
que por este motivo voy a estar ausente, ya no solo de mi blog, también de los
vuestros… y de todo lo que aquí se cuece y acontece.
No
sé si podré apartarme del todo, necesito escribir, necesito entender(me),
necesito dejarme llevar por la lectura y necesito el contacto virtual, dado que
la realidad a veces me supera y no la consigo entender, aunque quiera.
También
soy consciente de que debo tener algún momento para mí, para desconectar un
poco, tomar aire y renovar un poco las fuerzas.
Así
que eso haré, lo que seguramente no me dará tiempo para hacer todo lo que me
gustaría hacer… (ya sabéis lo mucho que se acumula en tan solo un día… así que
si tardo una semana en entrar no lo quiero ni pensar...) pero haré todo lo que
pueda…
Como
me dice una amiga: Cuando quieres, puedes.
Y
yo, ahora mismo… quiero intentarlo.
Os
iré contando y extrañando…
Hasta
pronto.
martes, 20 de octubre de 2020
Guía sobre el arte de perderse
Año nuevo, vida nueva…dicen.
Y a la velocidad a la que va este año, creo que hago bien si
empiezo mi balance dos meses antes porque cuando me quiera dar cuenta estaré
atragantándome con las uvas (o no) o vete a saber qué pasará de aquí a
entonces…
La vida no es más que simple tiempo, un tiempo que no tiene
tiempo.
Y sí. Algún tiempo pasado fue mejor, pero vivimos
tan deprisa, que somos incapaces de saborear los momentos que tuvimos una vez y
a los que ahora nos resulta imposible volver.
Y me doy más tiempo, es un
recurso penoso. Una demostración de valor que creo no tener. Pero es que a
veces se me olvida de que está hecho el tiempo y voy perdiéndolo.
Supongo que es eso, que los años raros traen sensaciones raras al
presente y que, aunque quiera, ya me resulta imposible volver a lo que una vez
fue. Y en este año, esta sensación de pérdida y este maldito estado de ánimo me
está coartando y ¿por qué negarlo? asfixiando también.
Hace frío, debería quedarme en casa.
Pero necesito estirar los brazos, las piernas, las ganas… salir y
respirar aire.
Y hoy he decidido sociabilizar un poco y he perdido la cuenta de
las veces que me he arrepentido. No por estar con mis amigas (que eso siempre
me hace bien) sino por el miedo, por sentirme desubicada, preocupada y con la
cabeza en otro lugar.
La distancia con según qué personas para mi es una tortura y puedo
estar cuatro meses sin verlas, pero si las veo, las necesito abrazar, no lo
puedo evitar.
Y no es que me de miedo el contagio, me da miedo no saber qué
hacer con toda esta incertidumbre, me da miedo el propio miedo.
Intento encontrar el equilibrio, aunque siento que últimamente no
hago otra cosa que tambalearme, sin tener muy claro el rumbo que debo coger.
Los adoquines de las calles van tropezando con mis pasos torpes,
inseguros.
De momento no caigo. Pero no las tengo todas conmigo.
Me ajusté la noche a un estado de embriaguez extraño, en el que no
me costó mucho entrar, pero del que me era muy difícil salir por otra puerta
que no fuese la de atrás.
Fui la primera en irme. Sí, yo. Que lo he cerrado todo y que nunca
he tenido fin.
Pero es que hoy, me salté la dieta de los sentimientos y me bebí hasta el agua de las plantas. Y escribiendo estoy, con un cierto mareo, con unas ciertas ganas y con un cierto olor a añejo. El vino con el que poder brindar no levanta mano ni copa. Al menos no la mía. Siento que no hay nada que celebrar. Y perdonadme, brindar por seguir teniendo salud me parece de lo más frívolo… con todo lo que está pasando, con la de gente que está cayendo, con todos los que se están yendo.
¿Y qué puedo hacer cuando salen a mi encuentro todos estos
sentimientos?
De verdad que no sé qué hacer con (todos) ellos.
Otros tiempos ¿los mismos corazones?
Saudade la
ausencia, el anhelo. Un estado emocional entre la pena y la felicidad que
mezcla las tristezas con los afectos. El sabor agridulce de lo que nunca
volverá.
martes, 14 de julio de 2020
Dramón González
Que no late, no encuentra atisbo de vida.
Es como un rasguño en el alma, que no pica, que no escuece.
Así que ni me molesto en soplar.
Bajo mi piel está todo lo que no sé decir y no necesita aire que respirar para seguir ahí, como a escondidas.
Y tampoco cicatriza.
Sigo huérfana de palabras y empiezo mis poemas, con cero confianza.
Pero lo intento, porque nunca me ha costado tanto expresarme como ahora.
Mis andares son pesares.
Y ya no sólo arrastro mis pies... arrastro las palabras como quien barre en casa y lo mete todo bajo la alfombra.
Empiezo a acumular frases inconexas, sentimientos, cosas que decir…como si después fuese a hacer algo con ellas.
Pero no es así. No hago nada.
Y me propongo olvidarme de todas las dudas, de los lunes y los martes.
Y de todas esas noches que se me atascan… pero tampoco lo consigo.
Y van pasando los días mientras que yo estoy estática.
Y siento un vértigo horizontal cada vez que me pongo de pie…que me aturde, me incomoda y me molesta.
Soy totalmente activa dentro de mi pasividad.
Y tanta tranquilidad e indiferencia me supera, es más, me bloquea.
Me calcé esta mañana un par de zapatos nuevos y ese fue mi paso por el día, andar pisándolo.
Y ahora que me descalcé y ando así por la casa, sin nada, elevo los pies como en un ejercicio más mental que físico, me siento en esta butaca y busco el equilibrio entre mis andares, mis pesares y mis palabras.
Hay un antes y un después de todo esto y volver a lo anterior ya no es posible.
Y sigo buscando el camino que me lleve de nuevo a casa, aunque es como una carrera de obstáculos y todo me cuesta, como mínimo, tres veces más que antes.
Hay un nuevo inquilino en mi vida, el miedo.
Es traicionero, no lo ves venir y no sé qué hacer con él, yo que nunca lo he tenido.
Me quedo pensando en todas las posibilidades y no me gusta donde me llevan.
¡¡Puto miedo. Nos cuida, sí, pero a qué precio!!.
lunes, 23 de marzo de 2020
Por tra (d) ición
en la escalera ya hay vida, se crea el ruido inevitable de quienes tienen prisa.
Me desvela el frío, las ganas de un café caliente y un áspero cigarro pasando por mi garganta.
Llueve.
Las gotas repican contra las ventanas, la uralita sonora acompasa un baile que no es de nadie... en un día que no es que se me antoje gris, es que lo es.
Tengo invisible en el pecho un dolor que me impide respirar con normalidad.
Supongo que es la preocupación de alguien que nunca la ha tenido y que no sabe que hacer con ella.
Tengo la sensación de que no sólo se me escapan de entre los dedos, el jabón, el agua o el viento.
Existe algo mucho más valioso llamado tiempo y que no consigo retener como quisiera.
El reloj avanza, las horas pasan, tiempo infinito que queda en nada.
Horas, minutos, segundos que escapan.
Incesantes,
se marchan.
Y el tiempo pasa y marca la pauta.
Lo real y lo ficticio, en ese limbo me encuentro.
Tantas cosas por hacer y tanto tiempo para hacerlas.
Ralentizo mis constantes para no ahogarme.
Para que no me invada el miedo y lo más importante, para que no me paralice.
Y me ha vuelto a pasar…
he vuelto a pensar en ella.
En él,
en ellos,
en todo.
Estos días se ha convertido en una bonita rutina a seguir.
Quizá la única.
Y en la suerte.
Que parece que está echada y que no permite marcarse ningún farol.
Me deseo suerte conmigo misma, (
Estoy creando recuerdos para poder hacer memoria dentro de un tiempo.
Supongo que es cuestión de paciencia.
Cuando la tienes...
y si no la tienes o no sabes lo que es...
entonces ya no sé de qué se trata…
Porque ser sensible no significa no ser fuerte.
Me digo.
Y aplaco mis ganas de crear un huracán, me doy un respiro y con un suspiro me doy cuenta de todo lo que soy capaz.
Donde me lleva el pensamiento no me llevan los pies.
Y sigo aquí, no me marcho a ningún sitio.
Dos cucharadas de realidad para quien no quiere sopa.
Ese va a ser mi menú de hoy.
Son las siete de la tarde.
Y empiezo a tener hambre.
domingo, 2 de febrero de 2020
Sin miedos
Si tienes miedo a fallar, vas a fallar.
En el momento que dejas de pensar en lo que puede pasar,
empiezas a disfrutar de lo que está pasando.
miércoles, 29 de enero de 2020
Sálvese quien pueda
Te escucho.
Y es como quien oye llover.
Llueve(s) a gritos.
Y desde tu boca,
me lanzas todas esas gotas…
tan llenas de reproches, tan llenas de descuidos…
que yo voy esquivando como puedo para que no me cales del todo.
No tengo vocación por tu desprecio,
ni creo merecerlo…
me desacomodas bruscamente con palabras,
hasta que me digo a mi misma que ya he tenido bastante…
de todo esto que tú has decidido darme.
Y te dejo ahí, rodeada de todos tus restos,
con la certeza de que todos tus escombros,
no son más que miedos que no has sabido gestionar.
Dicen que es bueno bajar la basura a diario…
aunque ventiles cada día…
o sigas teniendo espacio…
en alguna estancia vacía o en cualquier armario.
Para no ir acumulando en casa complejos y dudas
y porque acaba oliendo bastante mal…
por mucho incienso que pongas o por muchas velas que enciendas.
Hay recovecos en la memoria que se llenan de mugre aunque no quieras…
y reminiscencias que no hacen más que volver al presente impidiendo que haya un futuro
y parece que te hacen olvidar el poco éxito que tuvieron en tu pasado…
Dicen que es un síndrome.
Diógenes le llaman.
Acumular, amontonar, abandonar, extraviar…
grandes cantidades de basura, negatividad, dudas, miedos, decepciones y egos…
que no sirven ni para reciclar ni para hacer más sostenible tu abandono y descuido,
ante el respeto que merece tu vida y la de los demás.
Me he dado cuenta que soy incapaz de ayudarte,
que no puedo ni debo salvarte de ti misma,
porque ni siquiera te das cuenta de cual es tu problema como para que encima lo quieras arreglar.
Si algún día despiertas hazlo con un profesional…
Que te enseñe a hacer las cosas de manera distinta, que te diga como acotar los problemas, superar los miedos, afrontar las inseguridades y como reducirlas a su mínima expresión.
Yo ya no quiero intentarlo más…
hace tiempo que me di cuenta que no soy la salvación para otra que no sea yo.
martes, 17 de diciembre de 2019
De haberlo sabido
Y sé muy bien, que el no hablar de las cosas no evitará que sucedan.
El tiempo no decide nada la que decide soy yo.
Desaparecer…
a veces me dan ganas.
Hasta que me da por pensar ¿en que lugar estaría mejor que en este?
¿O que momento mejor que ahora sería idóneo volver?.
La solución que menos me gusta es siempre la mejor.
Y me hago preguntas "sin son ni ton" por hacerlo al revés y más difícil todavía.
Como si convencerme fuese la cura y no hacerme trampas a mi misma.
O intentar encontrarte por primera última vez…
como si se pudiera, como si fuese posible…
tener una segunda oportunidad para una primera impresión.
Y esa maldita sensación de que sin ti no soy feliz pero contigo tampoco…
con la que constantemente me doy de bruces.
Y me instalo en mi vacío y lo lleno todo.
Soy lo único que tengo. Y no me abandono.
De haberlo sabido…
sería todo tan distinto.
No me con…¿vienes?
domingo, 28 de julio de 2019
Hoy es mi no cumpleaños
O que renací, mejor dicho.
Hoy hace un año del accidente de moto, dónde un amigo y yo, estuvimos muy cerca de no poder contarlo.
Mi cuerpo (y el suyo) aún conservan visibles las heridas.
Es ahora, cuando quizá yo empiezo a no verlas (o a no verlas tanto).
Pero están ahí, siguen ahí… y creo que seguirán en mi por siempre, ya no solo en el cuerpo y en la estética, sino en la mente y el recuerdo…
A veces, tomamos riesgos innecesarios.
A veces, somos inconscientes.
A veces, tenemos suerte.
Nunca en toda mi vida, había pasado tanto miedo.
Tuve un lapsus de tiempo…(que aún me dura)
no sé si fue un minuto, o diez, o veinte…
no sé si me desmayé o si el shock fue tan fuerte que me paralizó durante no sé cuanto tiempo.
Lo que si sé, es que no recuerdo nada… desde el momento del impacto hasta que pude arrastrarme hasta donde estaba mi amigo mientras gritaba su nombre.
Pero no quiero ni dar pena ni contarlo como una mala experiencia (que lo fue, sin duda).
Para mi ha sido un aprendizaje constante de un año a esta parte y quisiera ser capaz de transmitir mi agradecimiento a la vida, por esta segunda oportunidad.
Hoy hace un año de mi no cumpleaños.
Del día en que no pasó nada pero que podría haber pasado todo.
Y haberlo perdido todo…
Ya no soy la misma.
No sé si cambié de golpe aquel día… o si fui cambiando un poco cada día desde entonces.
Pero, si he de ser sincera, creo que hubo un antes y un después en mi vida, desde el 28 de Julio del año pasado hasta este.
La ley de la grave(r)dad.
La ley de lo que es grave y de lo que es de verdad.
Todo lo que sube vuelve a bajar.
El asfalto quema y duele tanta dureza.
En un año, he sido incapaz de hablar aquí de lo sucedido y yo siempre hablo y escribo sobre todo lo que me pasa… para bien y para mal.
Tener tanto miedo cuando no eres miedosa, te puede llegar a paralizar.
Bloqueas en tu cabeza tan mala experiencia hasta que te das cuenta que alguien te tocó con su varita mágica una vez… pero que podría no hacerlo una segunda…
Así que no pienso tontear con mi suerte, por si acaso.
Y como no soy supersticiosa, ni miedosa, ni tan cafre ni tan gafe, hace un año me subí a una moto y hoy a lo que me subo es a un avión.
Sin tocar madera, sin cruzar los dedos, sin rezarle a nadie y sin encender ningún tipo de vela…
Pisaré el asfalto pero esta vez no lo haré con el cuerpo sino con el tren de aterrizaje.
Y justo en ese momento, despertar del sueño que haya tenido durante el vuelo.
Como también desperté hace un año y eso si que puedo decir, que ha venido siendo lo más parecido a un sueño de los que se viven con los ojos abiertos.
Buenos Aires, allá voy.
Quiero aprender a bailar tangos por todas tus calles…
Y probar el mate
y que eso, tampoco me mate.
No sé como andaré de conexión ni de tiempo, ahora me toca disfrutar y descansar, me lo he ganado y me lo merezco.
Por si acaso no puedo, os dejo todo mi cariño y espero encontraros aquí de nuevo en Septiembre.
Sed felices e hidratarse bien, la felicidad da muchísima sed.
Hasta pronto.


