Compro la sonrisa sincera, esa que cuenta verdad, la dedicada, la robada, la tímida y la que habla sin apenas decir nada.
Compro la risa, la carcajada, esa a la que llaman exagerada y que a veces se acompaña hasta con lágrimas, la que incluye gritos, la del hipo, la tonta, la nerviosa y la mejor, esa que contagia.
Compro la felicidad, la buscada, la encontrada, la escondida, la propia y la de los demás, esa que se da, que se regala y que a cambio no espera nada.
Compro la mirada, la de deseo, la que viaja a través del tiempo, la que es capaz de rescatarte de un agujero, la tierna, la achinada, la negra, la castaña, la verde y la azulada.
Compro detalles, inesperados, esos que de tan pequeños se hacen inmensos, los que te dejan sin saber que decir, los que te emocionan de la manera mas tonta y te hacen sonreír.
Compro una pequeña porción de lágrimas, de esas que cuando caen regeneran las ganas.
Compro la voz, la que no se olvida, la que produce una inmensa alegría, la que se echa en falta, la que provoca la risa, esa que te recuerda a una vida.
Compro a los amigos, a los que están, a los que no están, a los que están pero no están, a los que no están pero si están, a los que están aún cuando no pueden estar y a los que quieren estar pero no pueden estar.
Compro la música, la que transporta, la que te invade melancólica, la que te hace ponerte a brincar como loca... y la que aún sin saber su letra, te hace mover la boca.
Compro la creencia, a poder creer en algo o en alguien, si es que existe ese algo o ese alguien, se llame Dios o vete tú a saber como se llame.
La fe no la compro, porque no sé lo que es.
Compro los besos, los lentos, los fogosos, los eternos y los de ya no hay tiempo, los de chocar la boca de un niño y los de abuela que hacen tanto ruido.
Compro un sueño, fácil o difícil, cada uno verá hasta donde puede llegar, al menos uno hay que tener, para poder tener algo por lo que luchar.
Compro la esperanza, la ilusión, la pasión, la comprensión, la empatía, la humildad, la lealtad y todo aquello que me pueda ayudar a ser más accesible a los demás.
Compro caricias, de esas que se hacen con la mano abierta, de las que erizan, de las que giran, de las que hacen cosquillas y de las que acompañan mientras se tirita.
Compro el aquí, el ahora, el nada más me importa.
Compro el hoy, ese hoy que se transforma siempre en un todavía.
Porque el mañana ya vendrá, el pasado ya no está y el futuro quizá, no llegará.
Compro un poquito de por favor, un gracias, un no hay de qué y un a sido un auténtico placer.
Compro el silencio, ese que descansa, que te hace sentir en calma, ese que va bien para escucharse a una misma y poder así curar el alma.
Compro el poder sentirme siempre inspirada, con ideas nuevas que llenen toda esta cabeza, el innovar, el materializar, el perfeccionar cada pequeña obra maestra, el no ser conformista, el no volverme egocéntrica y tener siempre la suficiente autocrítica.
Compro las manos frías, para poder notar siempre, un corazón caliente.
Compro un recuerdo, aquel que sobrevive al paso del tiempo, ese que revives una y otra vez como si fuese el mismísimo ayer, el que te hace volver, ese que te hace crecer, el que te hizo ser y el que te deja poder ser.
Compro el aprender, el no volver a caer, el caminar siempre hacia adelante para no retroceder, el poder equivocarme y el perdón a dicha equivocación, el no errar doblemente, el conocer todos mis defectos, no justificarlos y aprender a lidiar con ellos, pero sobretodo compro, el no tener que recordarme a mi misma cuales son mis virtudes porque ya las tengo más que aprendidas.
Compro todo lo que me ayude a ser mejor persona, al igual que ya hace algún tiempo vendí, todas las malditas sobras.
http://mipasacalles.blogspot.com/2010/11/vendo.html
No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.
MIS COSITAS
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lunes, 31 de enero de 2011
viernes, 26 de noviembre de 2010
Vendo
Vendo la insoportable levedad del ser cuando no sabe que hacer.
Vendo las preguntas que no llevan a qué y vendo las respuestas que no sirven de qué.
Vendo las ganas, el cansancio, la indecisión, las dudas y las metáforas.
Vendo la desilusión.
Cuando nadie me oye, vendo hasta mi voz.
Vendo la tristeza, las lágrimas, el mal sueño y las malas caras.
Vendo la rutina, las obligaciones, el aburrimiento, el querer y no poder y de paso también vendo, el querer y no saber.
Vendo los sueños que no se cumplen y los que se olvidan al despertar.
Vendo los envases del vacío, los remiendos del castigo y los insultos desmentidos.
Vendo las verdades a medias y las mentiras enteras.
Vendo las mentiras que son dichas de verdad
Vendo lo infame, las calumnias, los reproches y el descaro.
Vendo el silencio y las palabras atropelladas.
Vendo la soledad del alma, vendo el olvido, el extravío, las pocas ganas y las promesas aceleradas.
Vendo el desastre, el caos y el suicidio.
Vendo la ira, la cólera y el miedo.
Vendo la farsa, la comedia y el drama.
Vendo la queja, la inseguridad y el egoísmo.
Vendo el des-alivio, la fatiga y la ansiedad.
Vendo la incongruencia, la desfachatez y el pasotismo.
Vendo el desazón, la penuria, la enfermedad y el dramatismo.
Vendo el cerebro cuando no hay nada dentro.
Vendo la pereza, la rutina, la cotidianidad y vendo la obligación cuando es interpuesta.
Vendo extrañar a alguien, el paso del tiempo y como este nos hace cambiar.
Vendo a peso las cosas que pesan, las que cargan espaldas y duelen auras.
Vendo el hambre, la guerra y las armas.
Vendo las normas, las palmaditas y las mascaras.
Vendo los despidos y las despedidas.
Vendo los retales de una vida que ya he vivido.
Vendo la tristeza del que se siente ignorado, el mal humor del malhumorado y la autoestima del despechado.
Vendo la infidelidad del que no sabe decir que no y vendo también las justificaciones del posterior.
Vendo la mirada triste, la de dolor, la que te busca entre la gente y te hace sentir culpable aún sin razón.
Vendo lo invendible.
Aún sabiendo que a nadie le debería interesar.
Vendo las preguntas que no llevan a qué y vendo las respuestas que no sirven de qué.
Vendo las ganas, el cansancio, la indecisión, las dudas y las metáforas.
Vendo la desilusión.
Cuando nadie me oye, vendo hasta mi voz.
Vendo la tristeza, las lágrimas, el mal sueño y las malas caras.
Vendo la rutina, las obligaciones, el aburrimiento, el querer y no poder y de paso también vendo, el querer y no saber.
Vendo los sueños que no se cumplen y los que se olvidan al despertar.
Vendo los envases del vacío, los remiendos del castigo y los insultos desmentidos.
Vendo las verdades a medias y las mentiras enteras.
Vendo las mentiras que son dichas de verdad
Vendo lo infame, las calumnias, los reproches y el descaro.
Vendo el silencio y las palabras atropelladas.
Vendo la soledad del alma, vendo el olvido, el extravío, las pocas ganas y las promesas aceleradas.
Vendo el desastre, el caos y el suicidio.
Vendo la ira, la cólera y el miedo.
Vendo la farsa, la comedia y el drama.
Vendo la queja, la inseguridad y el egoísmo.
Vendo el des-alivio, la fatiga y la ansiedad.
Vendo la incongruencia, la desfachatez y el pasotismo.
Vendo el desazón, la penuria, la enfermedad y el dramatismo.
Vendo el cerebro cuando no hay nada dentro.
Vendo la pereza, la rutina, la cotidianidad y vendo la obligación cuando es interpuesta.
Vendo extrañar a alguien, el paso del tiempo y como este nos hace cambiar.
Vendo a peso las cosas que pesan, las que cargan espaldas y duelen auras.
Vendo el hambre, la guerra y las armas.
Vendo las normas, las palmaditas y las mascaras.
Vendo los despidos y las despedidas.
Vendo los retales de una vida que ya he vivido.
Vendo la tristeza del que se siente ignorado, el mal humor del malhumorado y la autoestima del despechado.
Vendo la infidelidad del que no sabe decir que no y vendo también las justificaciones del posterior.
Vendo la mirada triste, la de dolor, la que te busca entre la gente y te hace sentir culpable aún sin razón.
Vendo lo invendible.
Aún sabiendo que a nadie le debería interesar.
martes, 9 de marzo de 2010
Un día cualquiera
Hay días raros… días extrañamente raros… en los que mi sentido del humor se agudiza y me acabo creyendo todo aquello que veo, escucho o me invento.
Hoy me siento bien.
Hoy me siento Flex.
Digamos que he tenido un buen día..
Y ayer también.
Un día perfecto.
Mejor dicho, dos días perfectos.
Ayer nevó, si si habéis leído bien, un 8 de Marzo cualquiera… se puso a nevar en Barcelona… fue mágico, ideal para no salir a trabajar, encerrarme en casa y ver películas en el sofá… y hoy todo el día con ganas de gritar “ Feliz Navidad“…la verdad es que es curioso, yo que odio la Navidad…. hoy sentía el espíritu navideño como nunca…
Y hoy luz, sol… el mundo se esta volviendo loco… últimamente tiene unos cambios de humor… que no hay quien lo entienda.
De golpe se abre, tiembla, ruge, llora, se cabrea, ¿algo le pasa a la tierra?
Y yo no se que es…
Y de la helada al calor.
El día se puso amable.
Y fue corto.
Inexplicablemente corto.
Inspirador.
Cómodo.
Solitario.
Y gracioso…
Abro mi correo, spam…
Decía: Laura, eres consciente de que tu sonrisa vale mas que mil palabras….
Si si lo se…. (supongo que era de alguna clínica dental… no se… enviado a papelera….Mi sonrisa a la basura….que desfachatez.
Pongo gasolina:
Hola dice la maquina, hola digo yo….
a elegido gasolina sin plomo 95...lo se lo se, he pagado por anticipado….
adios….gracias y buen viaje….
Yo no se si es que no he prestado atención hasta hoy o siempre habla tanto pero tengo miedo de volver y que me pregunte si lo quiero solo o con leche….
Vengo a casa, me conecto, abro el correo, abro el Facebook y concurso de entradas para un concierto este viernes… bien, hacían una pregunta y tenias que enviar la respuesta por un privado, yo ni idea… (pero ni idea eh) y un iluminado que contesta en el muro, la Laura que a los dos segundos copia y pega la respuesta y la envía por un privado….
Felicidades Laura, has sido la ganadora de una entrada doble para el concierto de este viernes….
Al iluminado que le contestan en el muro, diciendole...lo sentimos Laura G ha sido la ganadora del concurso...pero gracias por participar.
Y yo… que contesto, por privado, gracias gracias, es que la respuesta era muy fácil….
En fin, días simpáticos… días de aquí al viernes en que me pondré a escuchar a este buen hombre para conocerme alguna de sus canciones… y tararear algo…. Eso si soy capaz de olvidar al surtidor parlante de aquí a entonces….
Lo dicho, un día tranquilo.
Otro día cualquiera de mi vida.
Hoy me siento bien.
Hoy me siento Flex.
Digamos que he tenido un buen día..
Y ayer también.
Un día perfecto.
Mejor dicho, dos días perfectos.
Ayer nevó, si si habéis leído bien, un 8 de Marzo cualquiera… se puso a nevar en Barcelona… fue mágico, ideal para no salir a trabajar, encerrarme en casa y ver películas en el sofá… y hoy todo el día con ganas de gritar “ Feliz Navidad“…la verdad es que es curioso, yo que odio la Navidad…. hoy sentía el espíritu navideño como nunca…
Y hoy luz, sol… el mundo se esta volviendo loco… últimamente tiene unos cambios de humor… que no hay quien lo entienda.
De golpe se abre, tiembla, ruge, llora, se cabrea, ¿algo le pasa a la tierra?
Y yo no se que es…
Y de la helada al calor.
El día se puso amable.
Y fue corto.
Inexplicablemente corto.
Inspirador.
Cómodo.
Solitario.
Y gracioso…
Abro mi correo, spam…
Decía: Laura, eres consciente de que tu sonrisa vale mas que mil palabras….
Si si lo se…. (supongo que era de alguna clínica dental… no se… enviado a papelera….Mi sonrisa a la basura….que desfachatez.
Pongo gasolina:
Hola dice la maquina, hola digo yo….
a elegido gasolina sin plomo 95...lo se lo se, he pagado por anticipado….
adios….gracias y buen viaje….
Yo no se si es que no he prestado atención hasta hoy o siempre habla tanto pero tengo miedo de volver y que me pregunte si lo quiero solo o con leche….
Vengo a casa, me conecto, abro el correo, abro el Facebook y concurso de entradas para un concierto este viernes… bien, hacían una pregunta y tenias que enviar la respuesta por un privado, yo ni idea… (pero ni idea eh) y un iluminado que contesta en el muro, la Laura que a los dos segundos copia y pega la respuesta y la envía por un privado….
Felicidades Laura, has sido la ganadora de una entrada doble para el concierto de este viernes….
Al iluminado que le contestan en el muro, diciendole...lo sentimos Laura G ha sido la ganadora del concurso...pero gracias por participar.
Y yo… que contesto, por privado, gracias gracias, es que la respuesta era muy fácil….
En fin, días simpáticos… días de aquí al viernes en que me pondré a escuchar a este buen hombre para conocerme alguna de sus canciones… y tararear algo…. Eso si soy capaz de olvidar al surtidor parlante de aquí a entonces….
Lo dicho, un día tranquilo.
Otro día cualquiera de mi vida.
lunes, 7 de septiembre de 2009
Gitana II
Pensé en venderlo todo.
Como sultana de mercadillo que vende hasta lo más intimo.
Pensé en vender besos, como ajos tiernos.
Pensé en vender sonrisas, a peso, de las más sinceras que tengo…
Pensé en vender retales de mi vida, a todo aquel que quisiera comprar…
Pensé hasta en vender trozos de carne, de mi carne…y pesarla, como no, sin engañar.
Me puse a vender miradas sin vendaje…a plena luz del día…, divinas tus pupilas…que me las dedicas.
Quise vender también un poquito de emoción y un mucho de ilusión.
Quise venderlo todo y me quede sin nada.
Sin nada y feliz. Feliz por todo. Feliz por nada. Feliz.
¿De que me servia almacenar con la crisis tan grande que hay?
Nada adquiere mas valor que el que nosotros le queramos dar…
No hay dinero suficiente que todos estos sentimientos pueda comprar.
Porque dueña soy de todo lo que tengo y si quiero, me lo vendo.
Quisiera vender para poder comprar…y así poder negociar lo que está por llegar.
En este mercado en el que me encuentro, en el que de alguna forma…todos nos encontramos.
Mercadillo ambulante, del todo tengo todo quiero, hoy…día festivo…yo, me vendo.
A ti, que llegaste a mi parada y con la voz entrecortada me dijiste:
¿Cuánto vale tu mirada? La quiero para mí, porque me traspasa…
Te dije: tuyos son…desde que te han visto…ahora ya, nada más podrán mirar.
Para nada sirven, para nada valen…solo para mirarte, a ti y a tu sonrisa embelesada.
Te aviso…como te despistes, te robo la cartera y te cambio la sonrisa embelesada por sonrisa enamorada…
Es que de tanto recordarte ya no puedo despistarte…decía una canción.
De tanto mirarte ya no puedo olvidarte, eso, me lo digo yo.
Te lo envolví y guardé en una caja de cristal.
Te vendí la mirada, te vendí la sonrisa, te vendí hasta un pequeño trozo de mi corazón.
Te metí dentro la ilusión, la emoción, un sinfín de besos y grandes dosis de deseo junto con mucha pasión…para agotarse en tu cuerpo.
Acabe regalándote la cajita, sin ponerle precio a mi vida…cuando preguntaste:
¿Puedo ser yo la bailarina de cristal que de vueltas sobre tu alma?
Gran ladrona que anda cautivando mis sueños... ¡quédatelos, no los quiero!
A estas alturas, solo me queda decir…que aquí yo, traspaso y vendo.
¿De que me sirve vender lo que ya no tengo?
Como sultana de mercadillo que vende hasta lo más intimo.
Pensé en vender besos, como ajos tiernos.
Pensé en vender sonrisas, a peso, de las más sinceras que tengo…
Pensé en vender retales de mi vida, a todo aquel que quisiera comprar…
Pensé hasta en vender trozos de carne, de mi carne…y pesarla, como no, sin engañar.
Me puse a vender miradas sin vendaje…a plena luz del día…, divinas tus pupilas…que me las dedicas.
Quise vender también un poquito de emoción y un mucho de ilusión.
Quise venderlo todo y me quede sin nada.
Sin nada y feliz. Feliz por todo. Feliz por nada. Feliz.
¿De que me servia almacenar con la crisis tan grande que hay?
Nada adquiere mas valor que el que nosotros le queramos dar…
No hay dinero suficiente que todos estos sentimientos pueda comprar.
Porque dueña soy de todo lo que tengo y si quiero, me lo vendo.
Quisiera vender para poder comprar…y así poder negociar lo que está por llegar.
En este mercado en el que me encuentro, en el que de alguna forma…todos nos encontramos.
Mercadillo ambulante, del todo tengo todo quiero, hoy…día festivo…yo, me vendo.
A ti, que llegaste a mi parada y con la voz entrecortada me dijiste:
¿Cuánto vale tu mirada? La quiero para mí, porque me traspasa…
Te dije: tuyos son…desde que te han visto…ahora ya, nada más podrán mirar.
Para nada sirven, para nada valen…solo para mirarte, a ti y a tu sonrisa embelesada.
Te aviso…como te despistes, te robo la cartera y te cambio la sonrisa embelesada por sonrisa enamorada…
Es que de tanto recordarte ya no puedo despistarte…decía una canción.
De tanto mirarte ya no puedo olvidarte, eso, me lo digo yo.
Te lo envolví y guardé en una caja de cristal.
Te vendí la mirada, te vendí la sonrisa, te vendí hasta un pequeño trozo de mi corazón.
Te metí dentro la ilusión, la emoción, un sinfín de besos y grandes dosis de deseo junto con mucha pasión…para agotarse en tu cuerpo.
Acabe regalándote la cajita, sin ponerle precio a mi vida…cuando preguntaste:
¿Puedo ser yo la bailarina de cristal que de vueltas sobre tu alma?
Gran ladrona que anda cautivando mis sueños... ¡quédatelos, no los quiero!
A estas alturas, solo me queda decir…que aquí yo, traspaso y vendo.
¿De que me sirve vender lo que ya no tengo?
jueves, 27 de agosto de 2009
80162
Hoy he comprado un cupón.
80.162 para ser exactos.
Al pasar por delante del chico, reconozco, me dio pena.
Suspiraba y se secaba el sudor de la frente, con la mirada perdida, me dio penita, pena de esa que te pone sensible.
Ya lo había pasado, cuando de golpe…paré en seco, volví sobre mis pasos y antes de pronunciar palabra, me dijo… ¿quieres uno?...a lo que le respondí, claro…al menos venderás alguno mientras pasas calor.
El sonrió.
Yo también.
El me miró pero no me vio.
Yo si que lo vi.
Me dio pena sensible otra vez.
De esa que tampoco se ve, pero que está.
¿Que numero quieres?
Tu mismo, el que tú veas… (La expresión no fue acertada, me di cuenta nada más pronunciarla).
El sonrió de nuevo.
Yo también.
¿En dos te está bien?
¡Me está perfecto!...total mis números de la suerte están gafados, no me tocan nunca…así que tendré que empezar a cambiarlos, ¿no?...
El vuelve a sonreír.
Yo también.
¿Por cierto, que hora es?
Faltan 10 minutos para las 14h.
Ves…como te tienes que llevar el 2…es que tengo hambre, pero aún tengo que estar un buen rato aquí.
Yo sonrío.
El no.
Gracias.
De nada.
Adiós.
Adiós.
Me voy alejando…pensando.
Pienso en todas esas pequeñas cosas que se hacen grandes a la vista.
Pienso en lo insignificante que se debe uno sentir sin poder ver nada.
Siempre a oscuras.
Siempre con la luz apagada.
Sigo teniendo pena.
Pena y hambre también.
Al pasar por delante de una panadería, me ha pasado lo mismo, he parado en seco y he vuelto sobre mis pasos…
He pedido un surtido de salados…cuando la chica estaba empezando a ponerlos, le he dicho, por favor, me haces dos paquetes…con uno de cada, para probarlos todos.
Así que he salido de allí, he vuelto sobre mis pasos por tercera vez en la mañana y me he plantado de nuevo ante el ciego.
Mi sorpresa ha sido, cuando me ha dicho.
¿Hola! otra vez.
¿Quieres otro?
Juro por Dios que ese chico no ve.
Empiezo a creer que será verdad eso que dicen que agudizan el resto de sentidos.
Eso o mi colonia es inconfundible.
No…toma, te he traído esto, para que mates el gusanillo.
El ha sonreído.
Yo también.
Ya se que no se debe aceptar cosas de desconocidos, pero eres tu el que esta plantado en la puerta del colegio…así que si tienes hambre, ¡toma!
Ha abierto el paquete de papel, lo ha olido y casi podría decirse que se le han iluminado los ojos.
Muchísimas gracias. De verdad. Y se ha puesto a comer.
Yo he sonreído.
El masticaba.
Adiós.
Adiós.
Total, no vendrá de dos euros más o menos. Ni sumándolos al coste del cupón, que ya serían 4, tampoco.
Por no hablar de una posible recuperación de la mitad, si me tocara la devolución, que seguro que no.
Porque no tengo nada de suerte en los juegos de azar.
Quizá mi suerte esta en poder ver según que cosas con estos ojos…y quizá ese también, es mi mejor complementario.
Que bonito es verse a una todos los días, con luz y a oscuras.
80.162 para ser exactos.
Al pasar por delante del chico, reconozco, me dio pena.
Suspiraba y se secaba el sudor de la frente, con la mirada perdida, me dio penita, pena de esa que te pone sensible.
Ya lo había pasado, cuando de golpe…paré en seco, volví sobre mis pasos y antes de pronunciar palabra, me dijo… ¿quieres uno?...a lo que le respondí, claro…al menos venderás alguno mientras pasas calor.
El sonrió.
Yo también.
El me miró pero no me vio.
Yo si que lo vi.
Me dio pena sensible otra vez.
De esa que tampoco se ve, pero que está.
¿Que numero quieres?
Tu mismo, el que tú veas… (La expresión no fue acertada, me di cuenta nada más pronunciarla).
El sonrió de nuevo.
Yo también.
¿En dos te está bien?
¡Me está perfecto!...total mis números de la suerte están gafados, no me tocan nunca…así que tendré que empezar a cambiarlos, ¿no?...
El vuelve a sonreír.
Yo también.
¿Por cierto, que hora es?
Faltan 10 minutos para las 14h.
Ves…como te tienes que llevar el 2…es que tengo hambre, pero aún tengo que estar un buen rato aquí.
Yo sonrío.
El no.
Gracias.
De nada.
Adiós.
Adiós.
Me voy alejando…pensando.
Pienso en todas esas pequeñas cosas que se hacen grandes a la vista.
Pienso en lo insignificante que se debe uno sentir sin poder ver nada.
Siempre a oscuras.
Siempre con la luz apagada.
Sigo teniendo pena.
Pena y hambre también.
Al pasar por delante de una panadería, me ha pasado lo mismo, he parado en seco y he vuelto sobre mis pasos…
He pedido un surtido de salados…cuando la chica estaba empezando a ponerlos, le he dicho, por favor, me haces dos paquetes…con uno de cada, para probarlos todos.
Así que he salido de allí, he vuelto sobre mis pasos por tercera vez en la mañana y me he plantado de nuevo ante el ciego.
Mi sorpresa ha sido, cuando me ha dicho.
¿Hola! otra vez.
¿Quieres otro?
Juro por Dios que ese chico no ve.
Empiezo a creer que será verdad eso que dicen que agudizan el resto de sentidos.
Eso o mi colonia es inconfundible.
No…toma, te he traído esto, para que mates el gusanillo.
El ha sonreído.
Yo también.
Ya se que no se debe aceptar cosas de desconocidos, pero eres tu el que esta plantado en la puerta del colegio…así que si tienes hambre, ¡toma!
Ha abierto el paquete de papel, lo ha olido y casi podría decirse que se le han iluminado los ojos.
Muchísimas gracias. De verdad. Y se ha puesto a comer.
Yo he sonreído.
El masticaba.
Adiós.
Adiós.
Total, no vendrá de dos euros más o menos. Ni sumándolos al coste del cupón, que ya serían 4, tampoco.
Por no hablar de una posible recuperación de la mitad, si me tocara la devolución, que seguro que no.
Porque no tengo nada de suerte en los juegos de azar.
Quizá mi suerte esta en poder ver según que cosas con estos ojos…y quizá ese también, es mi mejor complementario.
Que bonito es verse a una todos los días, con luz y a oscuras.
jueves, 30 de julio de 2009
Laura en la Para-farmacia
PFB-¡Hola! ¿Te puedo ayudar en algo?
LAURA-¡Si! Quiero tiritas.
PFB-¿Como las quieres? (Primer contacto visual con la para-farmacéutica)…
LAURA -Mm. Pues no sé… ¡tiritas! Cualquier clase me esta bien… (Me dice, ven conmigo)…yo pienso….yo voy donde tu quieras…)…me planta ante una pared donde hay por lo menos 10 clases diferentes de tiritas… ¿lo sabias?
LAURA- ¡Anda! ¿Pues si que hay no?
PFB- Si, mira, las tienes de sport, de tela, de colores, lisas, con dibujos, anti-alérgicas, transpirables (a todo esto a mi me falta el aire)… ¿para donde es?
LAURA- ¡Para el pie! Que la bamba me ha hecho una rozadura….
PFB- Ah! Pues entonces llevate estas…
LAURA- Pues vale…
PFB- (se da la vuelta y se va hacia la caja)
LAURA- (se queda inmóvil y prefiere no desvelar lo que miraba)
PFB- 2,20 euros.
LAURA- (pienso, joder con las tiritas, ni que fueran de oro)…pago y callo.
PFB- Muchas gracias.
LAURA- Las que tú tienes guapa…
PFB- (Cortadísima)
LAURA- (Más contenta que una niña con tiritas nuevas…)
PFB- Adiós.
LAURA- Adiós.
(Al llegar a la puerta, me giro y aún no se como he llegado a pronunciar…)
Perdona… ¿tiritas pa’ el corazón no hay, no?
PD: Voy a hacer inventario en mi cuarto de baño, para saber de que me falta e ir a comprarlo.
PFB = Para-Farmacéutica-Buenorra
LAURA-¡Si! Quiero tiritas.
PFB-¿Como las quieres? (Primer contacto visual con la para-farmacéutica)…
LAURA -Mm. Pues no sé… ¡tiritas! Cualquier clase me esta bien… (Me dice, ven conmigo)…yo pienso….yo voy donde tu quieras…)…me planta ante una pared donde hay por lo menos 10 clases diferentes de tiritas… ¿lo sabias?
LAURA- ¡Anda! ¿Pues si que hay no?
PFB- Si, mira, las tienes de sport, de tela, de colores, lisas, con dibujos, anti-alérgicas, transpirables (a todo esto a mi me falta el aire)… ¿para donde es?
LAURA- ¡Para el pie! Que la bamba me ha hecho una rozadura….
PFB- Ah! Pues entonces llevate estas…
LAURA- Pues vale…
PFB- (se da la vuelta y se va hacia la caja)
LAURA- (se queda inmóvil y prefiere no desvelar lo que miraba)
PFB- 2,20 euros.
LAURA- (pienso, joder con las tiritas, ni que fueran de oro)…pago y callo.
PFB- Muchas gracias.
LAURA- Las que tú tienes guapa…
PFB- (Cortadísima)
LAURA- (Más contenta que una niña con tiritas nuevas…)
PFB- Adiós.
LAURA- Adiós.
(Al llegar a la puerta, me giro y aún no se como he llegado a pronunciar…)
Perdona… ¿tiritas pa’ el corazón no hay, no?
PD: Voy a hacer inventario en mi cuarto de baño, para saber de que me falta e ir a comprarlo.
PFB = Para-Farmacéutica-Buenorra
miércoles, 3 de junio de 2009
Mercenaria
Deseo, impaciencia ante unos besos que no llegan, olvidados están aquellos que me diste, hace ya mucho tiempo, hace ya muchos días.
Se perdieron de camino, fueron quedando atrás, rezagados tras mis pasos, los cuales siguieron mientras tanto, sin retrasos, sin esperas, sin ser anotados y por lo tanto, tristemente olvidados.
Lista de tareas que hoy se viste de blanco, vacía, limpia de tinta, que no fue previamente escrita.
Vendiendo los retales de mis vestimentas, ropas usadas que andan desaliñadas, desgastadas y desgarbadas ante el uso constante.
Vistiéndome y desvistiéndome a diario, esperando en un oscuro cajón a ser elegidas, esperando con ansiedad el poder cubrir estos dos metros de piel que me rodean, de los cuales no puedo desprenderme aunque quiera, porque los siento tatuados sobre mi, desnudez a quemarropa, circulando por mis venas.
Mercenaria de un cuerpo que reclama deseo.
Mercenaria me siento porque compro y vendo.
Sultana de mercadillo que hoy cuelga el cartel de “traspaso y vendo”.
Desabrigada porque no encuentro amparo, entre tanto montón abaratado.
Desgañitándome entre la multitud que se acerca a curiosear. Que desmontan mis montones con total crueldad. Desmotivada al ver que consigo su atención, menos de quien de verdad la deseo.
Desafines que al susurro pasan desapercibidos. Y que al grito pueden incomodar a todo aquel que descaradamente escucha.
¿Pero que puedo hacer, si me siento abochornada?
Debido a este calor que me acecha y que no cesa, ni aun desnudando esta desnudez que me protege, de miles de ojos que me observan.
Desguazo mi cuerpo, a quien pueda interesar.
Materia invisible.
Vendo caro lo invendible porque no se debe tocar.
Cachitos de carne sin sal.
Dieta difícil de equilibrar.
Balanza que jamás dará mi peso real, porque diariamente me alimento de aire que acabo expulsando sin más.
Órganos vitales que dormitan.
Latidos debilitados.
Sentimientos descarriados que deben volver a su punto de partida.
Bombeos de sangre que me hagan sentir de nuevo cosquillas.
Miradas que me digan que hay deseo, que hay vida.
Se perdieron de camino, fueron quedando atrás, rezagados tras mis pasos, los cuales siguieron mientras tanto, sin retrasos, sin esperas, sin ser anotados y por lo tanto, tristemente olvidados.
Lista de tareas que hoy se viste de blanco, vacía, limpia de tinta, que no fue previamente escrita.
Vendiendo los retales de mis vestimentas, ropas usadas que andan desaliñadas, desgastadas y desgarbadas ante el uso constante.
Vistiéndome y desvistiéndome a diario, esperando en un oscuro cajón a ser elegidas, esperando con ansiedad el poder cubrir estos dos metros de piel que me rodean, de los cuales no puedo desprenderme aunque quiera, porque los siento tatuados sobre mi, desnudez a quemarropa, circulando por mis venas.
Mercenaria de un cuerpo que reclama deseo.
Mercenaria me siento porque compro y vendo.
Sultana de mercadillo que hoy cuelga el cartel de “traspaso y vendo”.
Desabrigada porque no encuentro amparo, entre tanto montón abaratado.
Desgañitándome entre la multitud que se acerca a curiosear. Que desmontan mis montones con total crueldad. Desmotivada al ver que consigo su atención, menos de quien de verdad la deseo.
Desafines que al susurro pasan desapercibidos. Y que al grito pueden incomodar a todo aquel que descaradamente escucha.
¿Pero que puedo hacer, si me siento abochornada?
Debido a este calor que me acecha y que no cesa, ni aun desnudando esta desnudez que me protege, de miles de ojos que me observan.
Desguazo mi cuerpo, a quien pueda interesar.
Materia invisible.
Vendo caro lo invendible porque no se debe tocar.
Cachitos de carne sin sal.
Dieta difícil de equilibrar.
Balanza que jamás dará mi peso real, porque diariamente me alimento de aire que acabo expulsando sin más.
Órganos vitales que dormitan.
Latidos debilitados.
Sentimientos descarriados que deben volver a su punto de partida.
Bombeos de sangre que me hagan sentir de nuevo cosquillas.
Miradas que me digan que hay deseo, que hay vida.
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