No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.
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martes, 18 de enero de 2022

Liberosis


Habla de ti, me dicen. Y en el fondo pienso que no hago otra cosa. Que siempre intento desnudarme quitándome poco a poco las palabras del cuerpo, que hablo sobre las cosas que me pasan y de cómo me siento con ellas, aceptando que en papel me expreso algo mejor que hablando y que a veces no consigo transmitir ni una milésima parte de lo que quiero decir. Y eso me da rabia porque siento que no alcanzo mi emoción, que me quedo corta con lo que digo como a medias, de no sé muy bien el qué, pero a medias.

Mientras me duchaba me ha invadido un instante de soledad... El único ruido que oía era el del agua chocando contra mi espalda. Debía hacer algo con todo ese frío que se me había metido en el cuerpo y que hasta me impedía hablar con normalidad. He tenido un ratito para mí, para mirar dentro. Y me he encontrado con algún sentimiento que creía perdido y con algún pensamiento que tenía olvidado. Y entonces he venido aquí, a intentar hacer algo con todo eso antes de que se me olvide, antes de que (como el agua) se pierda todo por el desagüe del día. He dejado el agua correr y ya de paso lo he intentado conmigo, no soy capaz de llover y supongo que cuando lo intentas y no puedes es porque no lo necesitas en realidad. Llorar creo que es una buena manera de vaciarse de lo que no llena. Y a veces siento que me inundo y que soy incapaz de achicar toda el agua que me anega por dentro.


Qué triste es ese momento en el que te das cuenta de que te falta algo y no sabes el qué, pero sigues con la búsqueda, aunque no sepas muy bien que es lo que estás buscando. 
Buscar, buscar, buscar… y alguna vez encontrar. Es el cuento de nunca acabar. Siempre he creído que encontrarme no debe ser motivo para dejar de buscarme, que el autoconocimiento nunca es completo, que el aprendizaje es constante y que debo criticarme lo suficiente como para entender que si no lo hago es a la mediocridad al único sitio al que me dirijo. Mejorar como persona en un mundo que parece que solo empeora.

 

 

<<Nada es veneno, todo es veneno, la diferencia está en la dosis>>.

(Paracelso)

 

Imagino una balanza en la que pesar los daños y los alivios, las emociones y las tristezas, con la que poder hacer balance para darme cuenta de qué es lo que he ganado, qué lo que he perdido y qué lo que me han robado. Tomarme las medidas para hacerme un traje. Volver al peso y talla que me sientan bien. No dejarlo ni corto ni largo. Aunque reconozco que encontrar la medida exacta me está resultando difícil. Encontrar el equilibrio es harto complicado.

 

Quiero darme cuenta de las cosas, aunque no llegue a tiempo, porque nunca es tarde si de lo que trato es de avanzar. Siempre es pronto para perder el tiempo ganar tiempo y aprender, para empezar de cero, para reinventarme, para cambiar todo lo que quiero cambiar. Aunque no me salga bien a la primera, aunque a medio camino me dé cuenta de que eso tampoco es lo que necesito, aunque siga sin saber qué es lo que quiero a mis casi 43 años.

 

Me cuestiono muchas cosas, es verdad. Me gustaría hacer muchas más cosas de las que hago, eso también es verdad. Y van pasando los años y ahora tengo una sensación que nunca había tenido antes, la de no sentirme realizada con lo que hago… y eso es nefasto. Ver la fecha de caducidad de algo que pensabas que no se podía poner malo, ver que un día más es también un día menos y que a pesar de los intentos… nada volverá a ser como antes.

 

Hay días en los que tanta incertidumbre me supera y levantarme de la cama es lo único que hago. Tanto cambio no sé cómo encajarlo y reconozco que ya no tengo las mismas ganas que cuando tenía veinte años. Siento que ya no tengo la misma fuerza para superar los obstáculos y doy vueltas y más vueltas en la cama pensando en lo mucho que necesito dormir y dejar de sentirme así. Empiezo a notar que todo me cuesta más tiempo, noto cierta lentitud para arrancarme, me quedo pensando más de la cuenta, como el relojito en la pantalla que te dice «espera».

 

¿Y hasta cuándo tengo que esperarme?

 

… creo que voy a hacerme un café, mientras tanto…

 

 

Para trabajar en seguros... no me siento nada segura. Ironías de la vida. Me resulta muy difícil vender algo en lo que he dejado de confiar y me resulta más difícil aún tener que poner mi mejor cara cuando es a mí a quien están intentando engañar… (como si no nos conociéramos ya). Las relaciones sean del tipo que sean, tienen que aportar algo. Ya sea confianza, empatía o desahogo. No hace falta amenazar, ni infundir miedo, ni mentir para conseguir lo que se quiere, no se trata de una demostración de poder y sí de entendimiento, aquello de remar todos juntos en el mismo barco… y en la misma dirección. Jamás me había costado tanto entenderme con alguien, intento siempre atender a lo que se me dice, ponerme en la piel de la otra persona y hacer cuanto esté en mi mano para que todo funcione. Pero hay unos mínimos que todos debemos cumplir, respeto, educación, un tono adecuado no invasivo, que no tengas que callarte simplemente porque no te dejen hablar. Pero intentar hablar con alguien que no quiere escucharte es como darte contra una pared y quedarte ahí, sin moverte, esperando a ver qué es lo que le pasa a tu cabeza a partir del tercer golpe.

 

Te hago un spoiler: Te va a hacer daño.

 

 

Hay días en los que me encanta mi trabajo.

Lo malo es que ya son muy pocos.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Por las ramas me voy


Lo importante pesa, por algo es importante. El pasado nos habla de vida, de que la hubo, aunque ahora puede que ya no. Acumulo minutos y no dejo de preguntarme en qué momento se fue todo a la mierda. Y me viene a la cabeza, una y otra vez, esa frase que tanto me gusta: «Éramos felices y no lo sabíamos». 

Me gustaría volver volver (así dos veces, que parece más) a la vida de antes o a ser la misma de entonces, pero creo que se me ha hecho tarde. Me justifico por ser diferente, cuando lo único que quiero es volver a ser la misma de siempre. Ya no me queda pasado. Tendré que hacer futuro (mañana empiezo, que hoy estoy cansada…) A esto se le llama procrastinar. Ayer éramos la mitad de algo. Hoy somos olvido. ¿Cuánto falta para llegar a la nada? 

He vivido en tres casas, pero he tenido un solo hogar. No soy nadie, pero me siento importante (quizá ese es el truco de mi felicidad). Mi sombra es cada vez más grande, intento que la sonrisa no sea menor (aunque no siempre lo consigo). Soy como un libro abierto, pero cerrado. Al menos últimamente… Esto ya es el no va más, pero ¿dónde vamos exactamente?, nunca lo he sabido… Tengo la sensación sutil pero persistente de estar fuera de lugar. Y por fin a esto le han puesto nombre, se llama monachopsis

Este menos siempre va a más y el más nunca suma, siempre resta. Sigo sumando con los dedos y olvidando todas las cuentas, hasta las pendientes… Llevo un par de noches de más con algún sueño de menos, por lo que me debo unos cuantos días y un buen puñado de sueños. Que ya me los cobraré cualquier día de estos. El último invierno, me ha durado dos veranos. Y ando buscándolos… Empiezo a pensar que tengo mala suerte y que esta mala racha está durando demasiado. Querer es más difícil de lo que pensaba, aunque no sé muy bien en qué pensaba… Quiero… la verdad es que tampoco sé lo que quiero. Pero sí sé lo que NO y eso ya es algo, digo yo. Regalé mi alma con tal de no verla más, eso dice mucho de mí. Más bien todo… 

Escribo para evitar ir al psicólogo. Pero si tengo que ir, voy. No tengo problema con eso… Cuando escribo me expreso de una manera y cuando hablo me expreso de otra. Y nada tienen que ver entre ellas. Ante la mala educación, no puedo estar callada. Aprenderé a tener la boca cerrada el día que los demás aprendan a no abrirla tanto. No necesito ni llevar la contraria ni tener que decir la última palabra para sentirme mejor, porque para llevarme la contraria no se me ocurre mejor persona que yo… que estoy tan llena de contradicciones que tengo hasta para regalar. No quiero discutir, no lo necesito. Ni quiero tener la razón, pero sí que me dejen hablar. Para hablar siempre estoy dispuesta, y lo puedo demostrar. Soy capaz de no decir nada aun sabiendo que tengo la razón. A esto se le llama autocontrol. 

Lo pienso todo dos veces y casi siempre en las dos me decanto por lo mismo. Soy de blancos o negros, y algún que otro gris… pero pocos, esa es la verdad. Soy muy decidida, pienso A, digo B y hago C. Y en los test, odio que haya opción D… ¡qué necesidad de liarla más…! ¿Para qué? Si debo elegir entre perder o destrozar elijo lo que creo que puedo soportar, que cada cual piense lo que quiera. 

Pongo el corazón sin nunca decir pero. Pero ya me he cansado. El cuerpo hace mucho que no lo pongo. El arte de quererse a una misma. Con un dedo hago lo que quiero. Prefiero no apuntar a otro sitio que no sea yo porque no me gusta juzgar. No soy quién para hacerlo. Siempre me falta algo. Un poquito más. Desconfío de quien dice tenerlo todo. Sigo buscando mi lugar, ese puto putísimo lugar. Creo que anda cerca… Siento que he perdido muchas más batallas de las que he ganado. Y también de estar al límite, de tener agotada la reserva de paciencia, de no tener el ánimo suficiente como para aparentar que todo me importa una mierda. Por suerte no es siempre, lo de sentirme así digo.

Cambio de tema como quien cambia de camisa, creo que ha quedado demostrado… Para no tener nada que decir, continuamente se me va de las manos. Se me calienta la boca, y lo que no es la boca. Adoro este tipo de textos en los que empiezas con una idea y terminas con otra. En los que no dices nada y lo dices todo. A los que no le pondría fin, pero no quiero aburrir…

¡Joder! Cómo echaba de menos esto de escribir…

sábado, 10 de abril de 2021

El ruido

 

Estoy a medias. De no sé muy bien qué, pero a medias.

Así me siento, esa es la sensación que tengo.

Extraña, desubicada, en constante observación.

Un escrutinio voraz al que me someto a mí misma.

Y creo que eso no es nada bueno.

 

Y es entonces cuando pienso en cómo nos ven los demás.

En la imagen que proyectamos.

Que tampoco es real, la gente se equivoca en sus juicios…

Aquí cada uno sabe y conoce lo suyo, pero parece que todos tenemos derecho a juzgar.

 

Nunca hacía nada con todo esto, pero esta vez he iniciado un viaje.

Un viaje que me lleva directamente al ruido.

Al ruido que me crea la incomodidad cuando no me siento bien.

Como cuando la música está demasiado alta y eso me impide mantener una conversación tranquila. Y entonces callo.

El ruido que lo llena todo aun estando en el más absoluto silencio.

Ese ruido que no me deja pensar en otra cosa que no sea el propio ruido.

 

Y en esta búsqueda constante que es el estar bien empiezo a darme cuenta de que es lo que me ha traído hasta aquí, a esta situación.

Y descubro que no debo dejarlo todo para mañana, que es hoy cuando tengo que solucionar mis problemas, mis miedos, mis fantasmas.

Pero es que a veces no sé cómo actuar, cómo continuar, cómo solucionar las cosas a tiempo y se van asentando…

Y cuando reacciono (cuando me doy cuenta) parece que se ha hecho tarde y que ya llevan demasiado tiempo a mi alrededor y que forman parte de mí.

 

Y no, no quiero eso.

Siempre he sido decidida, consecuente, valiente… y no sé el porqué de un tiempo a esta parte he perdido la seguridad de la que siempre hice alarde.

 

Y entonces me digo: «Laura… tú puedes. Y puedo».

Y en ese mismo momento soy yo la que se vuelve ruido, la que lo trae consigo.

En la risa, en la voz, mientras camino.

Y me encanta el estruendo, todo el bullicio que traigo y ser yo la que haga sonoro tanto silencio.

 

Mientras tarareo una canción… busco en mi archivo su nombre y me pongo a cantar.

Vuelve poco a poco la música a ocuparlo todo, subo el volumen hasta el punto exacto.

Ese punto en el que soy capaz de hacer varias cosas a la vez sin bloquearme.

 

Necesito poco para sentirme bien.

Y acabo de recordar, las palabras que siempre me dice una amiga:

«Laura, eres música».

 

Y (me) he vuelto a darle al play.





sábado, 26 de diciembre de 2020

Balance(o)

Es momento de hacer balance.

O de columpiarme sobre un año, que más que traerme experiencias…

lo que me ha dejado ha sido muchas reflexiones.

Y preguntas, dudas y una infinita incertidumbre.

Pero ya es hora de volver a la importancia de las cosas que sí importan.

Aunque siempre he dicho que las cosas más importantes de esta vida no son cosas.

Y voy a intentar explicar en esta entrada, algunas de las "cosas" que he pensado

durante este fugaz e interminable año.

 

Pienso que volver a lo mismo no es sinónimo de recaer sino de reencontrarse.

Y que a veces ese gran puzle que nos montamos en la cabeza, solo tiene dos piezas.

Que tengo las mismas ganas que miedos de volver a encontrarte.

Que uno no significa nunca, ni dos nos asegura un siempre.   

Que ninguna soledad es igual.

Como tampoco hay dos personas que se parezcan.

Que dos no discuten si uno no quiere y que el momento justo para dejar de discutir

es cuando te dan la razón. Y no otro.

Que siempre estoy dispuesta a conversar y a demostrar dicha afirmación.

Que un cambio de opinión a tiempo al final es una victoria.

Que comprometer(se) no es lo mismo que prometer(se).

Que cuanto más empeño pongo en algo, más difícil me resulta engañarme.

Que a veces tengo la sensación de que voy muchas más veces de las que vuelvo.

Y que me duele más este presente, que cualquiera de mis pasados.

 

Pienso en lo mucho que me pesan los recuerdos y algún que otro olvido.

En que hace tanto tiempo (de todo) que ya no sé dónde nos sitúa la memoria.

La eternidad del olvido. Esa sí que la recuerdo…

Que me gustaría hacerte olvido cuando te recuerdo y de cómo no lo consigo.

Que cuando quiero acercarte a mí, parece que soy yo la que me alejo.

Y que intento no desmoronarme del todo, aunque en realidad ya estoy muy rota sin ti.

Que a veces prefiero no pensar, no mirar… y que, aunque no deja de ser real,

duele un poco menos. Aquello de ojos que no ven… corazón que no siente.

De que existen en mí demasiados lamentos y anhelos, que no puedo sustituir…

ni con nada, ni con nadie.

Que tengo vacíos y huecos en los que solo a ti te meto. Y de los que no quiero que salgas.

Que ya me has vuelto a llevar de paseo por toda mi nostalgia y que de nuevo encontré

tu cuerpo flotando en mi memoria. Ahí, dando vueltas sin cesar en mi cabeza.

Latir de ausencia que me acaricia, cada vez que pienso en ti.

Como huidos el uno del otro, sin que lleguemos nunca a encontrarnos…

Ni en un sitio, ni en otro. Como perdidos… o extraviados de nosotros mismos.

Que te tomaste un respiro indefinido y que yo, en ese mismo instante… 

decidí regalarte todo el aire que habitaba mi espacio. 

Que en el cielo no hay ventanas. Ni cristales rotos.

Y en la tierra, casi todo está hecho trizas.

 

Que la imaginación nunca me falta ya que la realidad tampoco lo hace.

Que imagino demasiado porque soñar ya no me es suficiente.

Que el ayer ya no anula el presente y que el futuro no garantiza nada.

Ahora y ya, lo quería para ayer…

Que hoy no es ayer, ni tampoco mañana.

Hoy, siempre hoy… y mañana ya veremos… eso, si al final tenemos tiempo.

Que lo dejamos todo para mañana y que mañana seguro nos saldrán otras cosas…

que volveremos a dejar para el día después.

Que ando a vueltas con el tiempo y que ya no sé qué hacer con él.

Que pensaba que ya y me doy cuenta que todavía no.

Que ya no, pero aún.

Para siempre, de momento, encima y además…

Y que podría no parar de “adverbiar” mi temporal.

Que nada cambia, aunque nada sea igual.

Que un quizás siempre acompaña a un suspiro.

Y que quizás te llegue mi beso, quizás…

… (suspiro)

 

Que cambio de parecer en un segundo, digo en un suspiro.

Y que ya lo he vuelto a hacer… suspirar una vez más, contigo.

 

Que es mala cualquier adicción, pero es mucho peor que nada te enganche.

Que llorar no resuelve nada que más bien lo revuelve todo.

Y que sigo sin poder hacerlo y dudando de si las lágrimas curan o escuecen.

Que tu indiferencia es distinta. Y que, a mí, la tuya, me duele más que ninguna.

Que doy muchos abrazos, pero recibo bien pocos.

Y que he aprendido a ir soltando todos los te quiero sin que se me atasquen y que

cuando los digo es porque son de verdad.

Que todavía no he aprendido a mentir. Que ni quiero ni pienso hacerlo.

Que no me niego a sentir, aunque puede que lo esté haciendo sin darme cuenta.

Que el placer es la coartada de la mentira y que a veces me brindo un escarceo

con quien me quiere salvar de la pena que siempre acompaña tu nombre.

 

Que no entiendo de magia ni sé de trucos.

Y que, en estos momentos, me vendrían tan bien...

Que quiero muchas cosas y que me conformo con muy poco.

Que necesitaba ser dueña y señora de un yoísmo en toda regla.

Y que mis yoísmos y yo estamos perfectamente, gracias por preguntar.

Y qué con todo lo que ha pasado, me he quedado sin paciencia ¡JODER!

Pídesela a quien quieras porque a mí ya no me queda…

Si algo tuviera, si algo me quedara, sabes que no me importaría entregártela,

aun a riesgo de necesitarla yo después.

El egoísmo nunca formó parte de mí, hasta ahora, hasta hoy.

En el que le estoy cogiendo cierto gusto a decir que no.

A anteponer mis problemas a los de los demás.

O simplemente, a priorizar mis apetencias.

A no jugármelo todo a una. A la misma.

Y a tomar mis propias decisiones, en modo valiente, pese a quien pese.

 

Pero que siga el balanceo que, a eso, nunca me niego.

  


miércoles, 18 de noviembre de 2020

Así, atropellado

Empiezo sin saber muy bien qué es lo que quiero decir.
Me atropellan los pensamientos y tengo que poner(me) orden como sea.
De ahí el título, voy a ver que sale de todo esto.
Me vienen ganas de otro atropellado, de soltar lo que me venga en gana.
Aunque no tenga sentido (al final siempre lo tiene).
Tengo ganas de un intensivo, sí, de otro, igual que de repetir inventario sin que me importe el resultado.
Porque tengo la habilidad de perder el tiempo y no me importa.
Y ya que estoy de sumas y restas, he de decir que tu más ya no me resta y que el menos siempre va a más. Y eso es bueno para mí.
Pero como ahora (parece) que soy contable y en este debe y haber las cuentas nunca me han cuadrado, opto por declararme en bancarrota y decir lo que ahora todo el mundo dice: no me consta.
Tenerlo fácil ya es algo, no tenerlo fácil también lo es.
Y cuando no tienes nada, tampoco tienes nada que perder, así que arriesgas (quizá) más de la cuenta y te la juegas… y esta vida a veces parece un maldito juego.
Tengo que recalibrar la balanza, que me dé las medidas exactas de lo que está por venir. Últimamente tengo la impresión de andar descompensada, con pérdidas, no me salen las cuentas y empiezo a cansarme.
Tengo que reubicar a todas esas personas que no se sienten bien y que les parece un jodido deporte desanimar a los demás. Ya está bien. Bastante me cuesta mantenerme a flote como para que encima (también) tenga que preocuparme por las cargas de los demás. ¿Por qué hay personas tan egoístas? 
El ser humano no deja de sorprenderme y casi siempre es para mal. 
Solucióname mi problema (que es lo que me interesa) y te jodes, tú me das igual. 
(esa es la conclusión a la que he llegado después de todo).
Hay personas que tienen la inteligencia justa para pasar el día.
A las que me cuesta entender y con las que ya no me esfuerzo - ni lo más mínimo - en defender. 
Hay conductas que no se pueden tolerar. Hay conductas que no se deben perdonar.
Con las que hacer aquello de oídos sordos... no se puede
Es un arte parecer tonto sin serlo.
El problema es cuando se es tonto de verdad y no se puede hacer nada para remediarlo.
Si quieres te lo demuestro, no tengo ningún problema en hacerlo.
Es un comentario muy estúpido, lo sé, pero es que tengo la tarde tonta también.
¿Lo ves? Y hacerme la tonta, cuando quiero, es algo que se me da bastante bien.
Pero hoy es mi día, es el día de las enfermedades raras y yo sufro una bien extraña, soy feliz "casi" todo el tiempo y no necesito a nadie para que me haga sentir bien, ya lo hago por mí misma…
Y en este prospecto, las contraindicaciones las sufren los demás, que no yo, que no tengo indicaciones adversas de un tiempo a esta parte.
Y como lo que yo quiero hacer es perder el tiempo, mi tiempo, observo y no hago nada. Porque no hacer nada también es algo.
Y quiero ponerme a pensar en todas esas cosas que tendría que hacer y que no hago nunca (y no sé el porqué).
Todo tiene su causa y su efecto. Y también su consecuencia.
Nadie me dijo que fuese fácil y lo intenté hasta que lo conseguí.
Aunque a veces tenga la sensación de no tener nada más que decir, sé que aún me queda mucho por hablar y casi todo por hacer.  Y lo intentaré de nuevo en cada escrito, en cada grito que necesite gritar (aunque no sepa hacerlo).
Es como cuando digo que no quiero hablar de un tema y a continuación me pongo a hablar del tema. A veces no me entiendo ni yo. Como para que me entiendan los demás… Qué osadía por mi parte…
El tamaño de mi cabeza es directamente proporcional al tamaño de mi tozudez.
Grande, muy grande.  Pero estoy abierta al diálogo, eso siempre. Pero no me gustan los cuentos chinos, así que no me hagas creer en cosas absurdas ¿tú te has oído?
No sabía que los miércoles tenían tantos tiempos muertos para llenarlos con mis nadas y lo mejor, no sentirme mal por (mal)gastarlos como me dé la gana.
Y aquí estoy inventándome una jornada más, el día de mi fiesta nacional.
Vestida de domingo y maquillada para la ocasión.
Re-re-re-reconstrucción. Una vez más.
 

martes, 14 de julio de 2020

Dramón González

Tengo una sensación inerte.
Que no late, no encuentra atisbo de vida.
Es como un rasguño en el alma, que no pica, que no escuece.
Así que ni me molesto en soplar.
Bajo mi piel está todo lo que no sé decir y no necesita aire que respirar para seguir ahí, como a escondidas.
Y tampoco cicatriza.
Sigo huérfana de palabras y empiezo mis poemas, con cero confianza.
Pero lo intento, porque nunca me ha costado tanto expresarme como ahora.
Mis andares son pesares.
Y ya no sólo arrastro mis pies... arrastro las palabras como quien barre en casa y lo mete todo bajo la alfombra.
Empiezo a acumular frases inconexas, sentimientos, cosas que decir…como si después fuese a hacer algo con ellas.
Pero no es así. No hago nada.
Y me propongo olvidarme de todas las dudas, de los lunes y los martes.
Y de todas esas noches que se me atascan… pero tampoco lo consigo.
Y van pasando los días mientras que yo estoy estática.
Y siento un vértigo horizontal cada vez que me pongo de pie…que me aturde, me incomoda y me molesta.
Soy totalmente activa dentro de mi pasividad.
Y tanta tranquilidad e indiferencia me supera, es más, me bloquea.
Me calcé esta mañana un par de zapatos nuevos y ese fue mi paso por el día, andar pisándolo.
Y ahora que me descalcé y ando así por la casa, sin nada, elevo los pies como en un ejercicio más mental que físico, me siento en esta butaca y busco el equilibrio entre mis andares, mis pesares y mis palabras.
Hay un antes y un después de todo esto y volver a lo anterior ya no es posible.
Y sigo buscando el camino que me lleve de nuevo a casa, aunque es como una carrera de obstáculos y todo me cuesta, como mínimo, tres veces más que antes.
Hay un nuevo inquilino en mi vida, el miedo.
Es traicionero, no lo ves venir y no sé qué hacer con él, yo que nunca lo he tenido.
Me quedo pensando en todas las posibilidades y no me gusta donde me llevan.
¡¡Puto miedo. Nos cuida, sí, pero a qué precio!!.



Niña,
las cosas 
no pueden ser 
lo que esperas,
porque ya
son lo que son.

(Retratos de lo invisible)

sábado, 30 de mayo de 2020

séʌǝɹ lǝp (del revés)

No hacer nada es hacer algo.
Me digo, cuando pienso en el hartazgo que siento por las cosas inacabadas,
por dejarlo casi todo a medias…
Porque yo no soy así y he tenido que amoldarme, una vez más.
Quizá es ahí, donde nace y reside esta sensación tan extraña.
A veces no me gusta la realidad de lo que veo y otras simplemente no la quiero ver.
Pero hoy estoy bastante lúcida y no me es posible maquillar esta realidad...
(y menos con pinturas que quedaron resecas por no utilizarse).
Hoy creo que me encontré, en esa búsqueda incesante que es intentar estar bien.
Un café, frío.
Y un cigarro que consumo entre dientes, mientras juego a dibujar formas en el aire,
aire que bien podría cortarse con un cuchillo.
Decido poner algo de música para rebajar el tono de este silencio.
Dejar ir es una buena manera de vaciarse de lo que no llena.
Sigo teniendo la necesidad de encontrar en las miradas ese punto de inflexión,
que me haga salirme de ese trazo tan continuo e indefinido en el que a veces me siento.
Y ando todo el día de caza intentando encontrarlo…
Parezco enfadada sin estarlo.
¿Es volátil mi ignorancia o soy yo la ignorante al pensar en volatilizarme?
Me veo ante un trasfondo de algo que ni siquiera conozco.
Como si estuviese desaprendiendo todo aquello que una vez aprendí.
Y ya no quedaran más ganas (ni tuviera más fuerzas) para volver a aprenderme de nuevo.
Creo que todo nace de dentro y en la manera que cada uno tiene de ver las cosas.
A veces mi yo interno tiene más vida que yo.
Y no (me) lo entiendo.
Reconstruyo la historia, me reconstruyo a mi misma.
No puedo dividirme en partes, ni puedo separar el dolor de la parte que me interesa.
Y me gustaría poder hacerlo.
De olvido está hecho mi tiempo, pero este tiempo no lo olvido.
Suena una canción que me gusta, no recuerdo de quién es.
Tengo que mirarlo.

Que no quede nada por hacer.
Que no quede nada por decir.
Que no quede nada por sentir.

viernes, 22 de mayo de 2020

Personas trampa

Hay personas tramposas y personas trampa.
➡ Deberían estar señalizadas  
Son trampas circulares, de las que no puedes salir y en las que cualquier intento de escapatoria, se queda en eso, en un mero intento de fuga que te vuelve a llevar al mismo sitio del que pretendías huir.
Creo que pertenezco a esa extraña raza que aún no han sufrido lo suficiente como para empezar a hacer el mal sin importarme cuanto daño pueda llegar a hacer yo a cambio.
Se que tengo que sufrir más, mucho más… para ser un poco más mala.
Pero es que no me sale.
Cada vez tengo menos fe en las personas y más ganas de desaparecer de sus vidas,
esas que tildan de normales pero que no tienen nada de bueno y sí todo lo malo.
Su maldad, arrasa con todo.
Al menos, he aprendido a apartarme de su camino.
Quitarme del medio a tiempo,para que no acaben arrastrándome a donde no quiero ir.
A una trampa circular cuando a mí siempre me gustaron más las cuadraturas.

Quizás, la cuadriculada soy yo.
No digo que no.


domingo, 15 de marzo de 2020

Nece (si) dad

Lo queremos todo pero hacemos lo justo para conseguirlo, la ley del mínimo esfuerzo con el máximo resultado.
Y no sé si ese es el problema o la solución, que nunca nos conformamos con lo que tenemos.
Lo primero no interesa.
Lo segundo ya no es suficiente.
Y entre problemas y soluciones, se nos olvida el altruismo para con los demás.
Y ese interés tan propio, ese "servido yo… servido todo el mundo", ese egoísmo tan frívolo, tan mundano y tan arcano, nos hace peores, de peor calidad… aunque nos neguemos a admitirlo.
Mientras, intento convencerme de que hay una cura contra ese mal y lo único que hago es hacerle trampas a mi ignorancia.
Deberíamos aprender a distinguir lo que queremos de lo que necesitamos.
Porque no son lo mismo.
A veces, son más grandes las ganas de que nos guste algo/alguien a que nos guste de verdad.
Y el vamos a probar a ver si… por casualidad…
No funciona.
Debería frenarnos e intentar no hacer daño tan gratuitamente a los demás.
Puede que hoy tenga un mal día (porque los tengo) o que necesite de mis verdades para que no me parezca todo tan ruin como en definitiva lo es.
Puede que cambie mi voz pero nunca cambiarán mis palabras.
Pienso poner los puntos sobre las íes… y los acentos, que siempre me los dejo…
Hay días en los que ya no puedo estirar más las horas.
Unas horas elásticas que están a punto de romperse al mínimo descuido.
Hay días en los que irme a dormir antes de tiempo, me parece la mejor opción contra la rabia que siento y llevo dentro.
Somos las decisiones que tomamos pero explicaciones que no nos las pidan porque no las queremos dar.

Y yo aquí hoy,
quizá…
ya he dado demasiadas.

martes, 3 de marzo de 2020

Alejarme de ti significa encontrarme

Tengo la sensación de que la vida es algo más.
De que hay mucho más.
Como si todo lo que me está pasando sólo fuese una demostración de que puedo hacerlo mejor.
A veces siento - o mejor dicho, pienso- que no estoy viviendo lo suficiente o no todo lo que podría llegar a vivir.
Dejo un montón de cosas por hacer y un montón de cosas por decir (simplemente por pereza).

Tengo sentimientos encontrados y sensaciones perdidas.
Y lo intento, de verdad que lo intento.
Pero no hay manera…
A veces no doy con la tecla correcta y todo desafina.
Y hay una maldita nota que no consigo entonar por mucho que lo intente…
Mientras compongo poemas y canciones con algo de musicalidad y los intento adaptar a mis oxidadas cuerdas vocales para no desafinar demasiado.
Alguna vez lo consigo, la mayoría de las veces, no.

Sigo un camino lineal, sin sobresaltos.
Prima la idea de estar en constante movimiento aunque sea en línea recta.
Y tengo una pelea constante de impulsos, de emociones, de frustraciones…
que a veces me dejan en un k.o técnico en el primer asalto.
Mientras que yo voy en línea recta, dando de vez en cuando algún salto sin mucha importancia o no tanta como para contarlo aquí.
Intento encontrar un estado de ánimo en el que sentirme bien.
Al menos, bien conmigo misma.
Y ya casi lo tengo… un lugar donde encontrarme siempre bien.
Ahora que mis muros se derrumbaron sin apenas hacer ruido, me niego volver a construirlos.
No sé qué es más triste si no saber demostrar cariño o no saber recibirlo.
El empeño y las ganas hacen al más torpe, un poco más gracioso a la vez que menos vago.
Y últimamente me permito esa pereza y no me juzgo por ella.

Alejarme de ti significa encontrarme.
Nunca he sido de dejar las cosas a medias…
hasta que me he encontrado con todo esto y contigo.
Paso del todo a nada en menos de un minuto.
Y entre ese todo y esa nada, parece que hay algo pero a mi nunca me ha interesado.
Siempre estoy contigo en tus días malos y sola en los míos y eso ha llegado a cansarme, entre otras cosas porque no lo encuentro justo y me pregunto que ¿por qué tengo que ser yo la que siempre se esfuerce de más?...y no al revés.
Intento no dejar atrás a quien quiero tener al lado, pero me he cansado de tener que esperarte y que seas incapaz de tirar de mi aunque solo sea por una vez.
Vives en un mundo en el que no cabe nadie más.
Tú, tú y nadie más que tú.
Tanto egoísmo concentrado no puede ser bueno (ni siquiera para ti) niégate un poco alguna vez y concédete el resultado.
Te sorprenderás.
Hay días y días.
Días en los que al parecer todo tiene que salir bien y días en los que todo sale bien.
Hay una enorme diferencia, aunque apenas es visible.
Sobre todo, a aquellas miradas que no miran o lo hacen por encima y no profundizan.
Como la tuya, que últimamente mira pero no ve nada que no seas tú misma.

lunes, 21 de octubre de 2019

El pasado, pasado es

Superar, perdonar y olvidar el pasado.
Avanzar.
Para poder llegar a recordar el futuro con satisfacción…
cuando éste llegue y se convierta una vez más,
en un pasado un tanto cercano…
pero pasado al fin y al cabo.

viernes, 20 de septiembre de 2019

Pensar en voz alta

Nos queremos y desqueremos con una facilidad asombrosa.
Hoy te quiero mucho e incluso si me vengo arriba,
te digo que para toda la vida…
pero mañana vuelve a preguntarme por si he cambiado de opinión.

Nos venden que el amor nos dará la felicidad pero nadie te dice que primero, debes estar feliz con la ausencia de él o lo que es lo mismo, que deberíamos aprender primero a querernos a nosotros mismos para poder así, aprender a querer a los demás, pero a querer bien, de verdad.

Estamos muchas veces por estar, por lo que hubo, por lo que quizá pueda haber otra vez, pero nos olvidamos que es hoy cuando estamos viviendo y necesitando, algo que a lo mejor ya no va a volver.
Pero mientras, la vida va pasando y ella (la vida) tampoco volverá.
El pasado siempre queda atrás.
Y la vida de alguna forma, también.
Lo que no vives, lo que dejas pasar… no cuenta, no vuelve, no regresa jamás.

Y a eso le restamos importancia, pero nos quejamos en voz alta y criticamos en los demás, lo que tenemos en nuestra propia casa.
En casa del herrero cuchara de palo.
A rey o reina muerto, rey o reina puesto.
Un clavo saca otro clavo y acabamos teniendo el corazón como un colador que es incapaz de retener algo que no sea consistente.
Y todo va filtrando, todo se va desmoronando y nos va desilusionando.

Necesitamos saber que se es aunque nos dé miedo el compromiso.
En vez de disfrutar el momento y hacerlo especial sin preguntas de las cuales no queremos saber las respuestas.
Porque decimos que nos gusta escuchar pero lo que realmente nos gusta es escucharnos a nosotros mismos.
Yo y mi ombligo.
Pero ni hables más que yo ni me quites protagonismo, porque entonces no me interesas, me quitas luz, me quitas brillo…
Y yo soy una estrella...con capacidad para ser fugaz en cuanto me lo proponga.
¿Lo ves? Ya me fui...
No te has dado ni cuenta y yo ya estoy brillando en otra habitación que no es la tuya.

Y hay algo sumamente decadente en todo esto…
La pérdida inequívoca del encanto, de la magia, de la ilusión…
Hay que coincidir, no convencer.
Y tampoco autoconvencernos, si lo que hacemos o sentimos, no es lo que los demás esperan de nosotros.
Fluir, no forzar.

¡Eres perfecta!...(Ya te cambiaré).

No quiero algo perfecto, solo que sea fácil.
Lo que pronto se promete, pronto se olvida.
Nos dedicamos a perdernos y no paramos hasta que lo conseguimos.
Se nos rompe el amor simplemente por no usarlo.

jueves, 18 de julio de 2019

Lección para imbéciles #2


Últimamente no se que me pasa.
Si es que me pasa algo, claro.
Pero no me callo, ya no.
Y debido a que lo que pienso lo digo, me he dado cuenta de que algunas personas se enfadan conmigo.
Pero es que me he cansado de aguantar y solucionar la papeleta a los demás.
Además de la mía propia.
Antes decía a todo que sí con tal de no discutir.
Y cuando yo digo que sí, es que sí…
No digo que sí y después hago lo que me da la gana… (bueno, con mi madre si… no os voy a engañar).
Y a raíz de todo esto, se ha creado una duda en mi cabeza.
Cuando acostumbras a la gente a un tipo de carácter (fácil, jovial, positivo, resolutivo…) y te cansas de esperar una reciprocidad que considero justa y necesaria, es como que entonces, por arte de magia, te vuelves mala persona de golpe…
Y alzan la voz, utilizan un tono diferente y se inventan reproches sacados de no se dónde con tal de decir la última palabra…
Como si se sintieran impotentes ante un cambio que a ellos no les viene nada bien…y estuvieran  reclamando lo que por derecho creen que es suyo.
Pero si utilizas ese tono conmigo (que no somos nada y que tampoco tengo por qué aguantarlo) y te piensas que voy a dejar de hacer lo que sea que esté haciendo y que voy a beber los vientos por ti para que ni siquiera seas capaz de pronunciar un gracias…
Lo llevas claro.
Espera sentado porque al igual, tardo un buen rato. (días o años)
Y no soy nada rencorosa pero estoy deseandito que me pidas un favor.
Hoy te he dejado con la palabra en la boca (y como me ha gustado eso).
Yo no entiendo tus formas, tus modales, tus maneras… y desconozco si te funcionan en realidad, aunque lo dudo.
Ni entiendo de violencia de ningún tipo, ni invado el espacio de los demás, ni hablo mas alto que el resto, ni miro con soberbia hacia abajo….¿pero que te has creído, gigante?
Pero entiendo de ironía y con esa ironía puedo llegar a hacer tanto daño como tú, si me lo propongo.
Y ahora mismo me río al darme cuenta de lo mal que te caigo, pero tranquilo, es mutuo.
No creo que leas mucho, pero supongo que conocerás la expresión, de explicarse como un libro abierto...
Pues no es el caso y además eres de tapa dura.
Y si esto no lo has entendido, te lo voy a decir de otra manera…
Voy a buscar una segunda opinión para ver si realmente eres gilipollas o no.
La elegancia es saber estar en cualquier sitio y no desentonar, demostrar que una buena educación es la base para un buen entendimiento.
Y tú, careces de todo esto.
Y la mejor recompensa ha sido, que después, varias personas me hayan agradecido el haber tenido valor para decir todo lo que he dicho y que ellos, por diferentes motivos,  no se han atrevido a decir…

A mi no me tosas y si tienes tos, por educación, deberías taparte con la mano la boca.
Ese es mi consejo gratuito de hoy.
Y no hace falta que me des las gracias, por esto no.







martes, 14 de mayo de 2019

Nunca he sido cobarde

Nunca he sido cobarde, me gustaría creer que solo fui débil por un tiempo.
Hay quién se deja ir, sin darse cuenta.
Poco a poco, despacio…
Hay quién se deja arrastrar hacia ningún lugar, hasta que se encuentra de verdad.
Lugar en el cual, no existe cabida, no existe nada salvo vacío y tristeza por no ser aquello que creíamos…
Encontrar ese sitio, el sitio (mi sitio) y hacerlo mío, con propiedad, con egoísmo...
porque todos necesitamos apropiarnos de algo, de un metro cuadrado que nos pertenezca, donde nadie nos pise, donde nadie se meta…
Nunca he sido cobarde, me gustaría creer que solo perdí mi valentía (durante un tiempo) en un mapa que no era el mío…
Mientras encontraba ese plano donde garabatear mi fuga, esa huida anunciada que quizá tardó demasiado tiempo en llegar...
Ese punto en el mapa, donde ponía "usted está aquí" y donde alguien escribió un "vete ya de aquí"... (no sé si fui yo o mi subconsciente, pero alguien lo hizo, alguien lo escribió).
Y entonces, puse mi punto aquí. 
Me situé y fue entonces cuando me encontré.
Antes la culpa del olvido, ahora el olvido antes que la culpa.
Ya no hay razón para asustarse ni motivo para bloquearse.
Y es sabido, que las cosas que merecen la pena, cuestan si no menos, ganas y tiempo.
Y mi espacio, mi tiempo y mis ganas son, a día de hoy, lo único que tengo.

lunes, 11 de febrero de 2019

Nada de nada

Querer definir la perfección es un tanto complejo.
Porque quien es capaz de decidir qué es lo que está bien o lo que está mal.
Existe una línea fina que a menudo traspasamos y por la que es muy difícil caminar cual trapecista sobre una línea imaginaria y donde tampoco existe una red que nos proteja de una posible caída al suelo.
¿Correcto o incorrecto?
¿Quién decide?
Los valores, el respeto, la cordura, la educación, el saber quedar bien porque nos salga como algo innato, sin obligaciones.
Es como el saber pedir perdón, no todo el mundo sabe.
Es más, hay quien ni siquiera sabe que existe la posibilidad de pedirlo, como también hay quien cree que nunca necesitará pedirlo porque nunca se equivocará.
Que difícil me resulta (cada día más) el estar siempre pensando en que es lo correcto antes de hacerlo.
En lo ético, en lo moral.
Es agotador.
A menudo pienso en mis padres, en todas las cosas que me enseñaron de pequeña, cosas que en aquel entonces no entendía y me daban auténtica rabia.
Me aburrían.
Hoy recuerdo y sonrío.
Hoy recuerdo y añoro.
Y me sorprende cuando mi madre me dice, ¿Que ocurre hija? Al yo darle las gracias.
No ocurre nada mamá, nada es nada, nada de nada.
Y sigo siendo aquella niña que escondía secretos con miedo a que fuesen descubiertos.

domingo, 30 de diciembre de 2018

Balance

Lo que pronto se promete, pronto se olvida.
Hay cosas que es mejor decir, cuando hay una mirada que observa más que unos oídos que escuchan.
Me he dado cuenta que todo lo nuevo sorprende pero que todo lo abundante cansa.
Que soy puro nervio pero de ritmo lento.
Que los celos no son buenos y que lo único que aportan son dudas sobre la sinceridad, dudas sobre los sentimientos y sobre todo dudas al ego, al orgullo y a la caída del cabello.
Que no ser celosa no significa querer menos, es aprender a querer mejor... a tener menos miedos, a ser mas segura y aprender bien la difícil tarea de ser fiel.
Que los infieles se dedican a dejar un montón de frentes abiertos en pie de guerra mientras los demás cavan trincheras.
Quiero querer queriendo y que me sigan queriendo querer.
Que el que no me quieran como yo quiero que me quieran, tan solo me decepciona a mi, mientras que sigo creyendo que si habrá alguien que me quiera como yo quiero que me quiera.
Y que si no lo hay, no pasa nada.
Que la vida sigue solitaria.
Que quién no sufre, no aprende, no supera y no arregla.
Y digo SUFRIR con mayúsculas.
Cuando se sufre, en otros aspectos de la vida, una se da cuenta que el sufrimiento del amor a veces resulta un tanto banal... y otras un tanto estúpido.
Que cuando una se enamora inexplicablemente sus ojos dejan de ver.
Dejan de ver, dejan de buscar y dejan de responder.
Que uno más uno, siempre suman dos.
Que en una pareja, dos hacen un centro.
Un kilómetro 0.
Que cuando anulas o te anulan, es como intentar convencer a alguien del mucho amor que hay dentro, mientras dentro parece no haber nadie.
Que intentar olvidar a alguien, a veces es no dejar de pensarle.
Que resulta mas fácil que el otro decida marcharse cuando una ni quiere ni puede echarle.
Y que por desgracia, nada dura eternamente.
Aprendí que las pequeñas cosas, los pequeños detalles son los que mas echamos de menos cuando alguien decide marcharse.
Los más tontos, los mas insignificantes, son los que mas duelen.
Que la rutina dura el tiempo que cada uno le asigna.
Que quién quiere, puede.
Pero que a veces no pueden todos los que quieren.
O no saben ni aprenden, aunque lo intenten.
He comprendido que mis andares despreocupados son el resultado de unas espaldas fuertes pero un tanto cargadas.
Que andar contra-corriente es andar el mismo camino pero haciéndolo más complicado…
Que somos animales de costumbres...
Que no cambiamos, hibernamos.
Que no aceptamos imposiciones salvo cuando nos las ponemos a nosotros mismos...
Aquello de debo y si quiero, puedo.
Pero que no me lo ordenen.
Que es bueno llorar pero es mucho mejor reír.
Aunque la primera cueste más...
Que siempre hay dos opciones.
Aunque la primera no interese y la segunda no convenza....
Que no soy inmortal.
Que los accidentes ocurren y que podría ahora mismo no estar.
Que he tenido miedo por primera vez en mi vida y que eso me ha hecho más fuerte.
Y más dura.
Que la familia es lo más importante y que nunca es tarde, aunque cueste más.
Que los amigos hay que cuidarlos y que si no lo haces, puede que te encuentres demasiado sola y demasiado triste alguna vez aunque ese alguna vez no puedas imaginarlo hoy.
Que soy feliz con lo que tengo y que me ha costado un gran trabajo darme cuenta de esto.
Que quiero sentirme importante, aunque eso no signifique nada.
Y que quiero seguir teniendo ideas de vez en cuando y que de vez en cuando no valgan la pena.
Para reírme de mi misma y que no me importe...y quererme y que eso si sea lo que más me importe.
Y así con mucho amor desearme lo mejor.

jueves, 20 de diciembre de 2018

¿Que te pasa?

Tus manos temblorosas,
tus besos a destiempo,
la pasión adormecida en almohadas de plumas de oca.
Que pasa por tu mente que pareces ausente,
¿Eres tú?
¿Soy yo?
¿Es el tiempo?.
No se preguntar,
solo se observar.
Mantengo la mirada distante…
en un canto de mi ojo,
para no perderte ni un solo instante,
saber que tienes…
saber que te pasa...
perdida en tus divagaciones.
No hablas conmigo, no me cuentas nada.
Y empiezo a pensar que te pasa algo y no se cómo demonios sacártelo.
¿Será el desamor?.
¿Seremos las dos?.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Algo más simple

Si…
tú y yo podríamos tener sexo…
y seguramente, sería bueno…
pero,
hay una cosa que no logro entender y que además, me da una enorme pereza…
y es el porqué las mujeres,
aun no habiendo terminado la primera cita…
ya están haciendo planes para la segunda.

lunes, 29 de octubre de 2018

Las cosas del corazón

Si hay cosas del corazón que la cabeza no entiende y el corazón tiene razones que la razón desconoce, sin olvidar que lo malo del tiempo es que no tiene tiempo… ¿qué se debe hacer con todo esto? ¿Dónde ponerlo?...

Porque esta cabeza mía, unas veces abstrusa, otras obtusa y casi siempre absurda…
tan llena de idealismos, de dobles morales, de respetos, de agasajos y de un sinfín de abstractos…. a veces no sabe ni puede, entender las cosas mucho mejor de lo que lo hace.

Porque quizá busca respuestas a todas sus preguntas donde ni siquiera las hay.
Y me traiciona la mente, esa parte racional que a veces me atora…
con sus tímidas maneras de decirme que pienso demasiado las cosas…

Cuando lo único que quiero es entenderme mejor a mi misma y un poquito a los demás… y esa maldita negación a hacerlo por falta de entendimiento… con la que me encuentro cuando lo intento.

Quiero desprenderme de ese vaivén déspota de emociones, del rencor que se ha ido acumulando poco a poco pero sobretodo de esa idiota sensación de culpabilidad que a veces me inunda por completo.

Por esos días en los que enmudezco y por esos otros en los que me cuento cuentos.

domingo, 7 de octubre de 2018

Quiero, puedo, debo...

Quiero quererte pero no sé si puedo.
Quiero tenerte aunque sé que no debo.
Quiero, puedo y debo…
¿Con cual me quedo?
Una vez más, vuelvo.
Y con todas estas contradicciones,
lo único que hago es darle vueltas y más vueltas…
a algo que ya no quise una vez,
que no debería volver a tener
y que nunca más, debería ser.