Tú.
Yo.
Tu
otro tú.
Mi
otro yo.
¡Vaya
dos!
(o,
mejor dicho)
¡Qué
cuatro!
Tú.
Yo.
Tu
otro tú.
Mi
otro yo.
¡Vaya
dos!
(o,
mejor dicho)
¡Qué
cuatro!
Hoy
tengo un día raro. Consecución de unos cuantos...
Puede
que tenga un día bipolar… (estoy segura de que yo no lo soy).
Lo
bueno de esto, es que es jueves y no me pilla en fin de semana.
Intento
ver lo positivo, aunque cueste.
Escribo
y hablo.
El
mensaje es el mismo, pero no lo digo igual.
Estoy
más ausente que de costumbre.
Esta
vez el cuerpo me ha pillado así, como más metida hacia dentro y no sé si quiero
salir.
Es
como una capa de protección que en realidad no protege de nada, porque todo
va traspasando y doliendo. Pero me lo acabo creyendo y supongo que algo bueno
me estará haciendo, digo yo.
Pienso
en desconectar, en dejar de estar, en que ya tenemos suficiente con nuestras
cosas como para tener que aguantar también las de los demás… y es extraño
porque aun diciendo todo esto, sigo necesitando saber cómo están las personas
que me importan, aunque me cueste preguntarlo.
Es
un año que me gustaría olvidar (supongo que como a todos).
Un año en el que no solo me han cortado las alas, sino que también me han prohibido volar. Y la imaginación ya no da para más…
He
perdido la libertad, la seguridad, la conciencia.
He
perdido un estilo de vida que me hacía sentir muy bien… y que ya no volverá.
Me
han perdido el respeto y la educación y no he podido recuperarlos de nuevo.
Ya
sabéis lo que dicen, << cuando se pierde la confianza se pierde
todo>>.
Y
yo no puedo estar más de acuerdo.
Ha
sido un año envuelto por la incertidumbre, por la mentira, por el miedo, el
desapego. En el que se han perdido las buenas maneras, hemos encontrado la
excusa perfecta, ya tenemos una cabeza de turco para que la culpa la tenga
siempre el mismo.
Y
como no se ve, como no se puede tocar, como no avisa ni tiene intención de
hacerlo, nos ha convertido a todos en auténticos vendedores de humo.
Pelotas
fuera, directas a tu tejado. Yo me lavo las manos… tú haz lo que quieras.
Y
ya no puedo más, tengo la sensación de que en cualquier momento voy a explotar,
poniéndolo todo perdido y sin importarme (ni lo más mínimo) quién será el que
lo tendrá que limpiar. Vuelvo a lavarme las manos. Yo, a lo mío.
Pocas
veces cambio las cosas de lugar, no lo hago ni conmigo.
Pero
ahora me apetece recolocarme en otro sitio.
Cerrar
esta puerta y encontrar una ventana por la que saltar.
No
mirar atrás (aprender a no hacerlo).
Cada
vez me alejo más de todo, estoy a años luz de lo que alguna vez fui, la cabeza
y el corazón hace mucho que dejaron de entenderse y solo hacen que ponerme a mí
entremedio (entre la espada y la pared), como si yo tuviese la solución para
todo. Y nada más lejos de la realidad.
Mientras
que sufro un deshielo interno.
Pero
parece que no me hundo, al menos no del todo.
Estoy
con mi máscara de segura y con todas mis inseguridades escondidas detrás.
Desaparecer.
A veces me dan ganas.
Ser
negativo, nunca había tenido tanto sentido ni había sido tan positivo.
No
te preocupes si no lo entiendes. No lo hago ni yo.
Y
mira que llevo tiempo conmigo…
Se
intuye un adiós.
Y
no sé hasta cuando…
Siento calma.
Tengo un mar de silencio al que ponerle
ruido.
Observo mi horizonte.
Una fina línea que parece
que se rompe.
Mi mirada está más cerca del mar que del cielo.
Hay un abismo entre mis pies
y el suelo…
Y en ese espacio vacío, mi cuerpo solitario…
flota y se evapora con la misma facilidad que
la tristeza se condensa en mi lagrimal.
El aire me trae un susurro y me lo cuenta al oído.
Mientras, por mis costados,
se filtra el viento mientras va silbando…
Susurrante silbido que
atraviesa mis grietas y me hace tararear una canción sin nombre.
Navego por mi mirada, así me encuentro…
sin coordenadas y sin rumbo.
Mientras se duplican y amontonan los
horizontes y se empiezan a hundir todos mis barcos.
Y yo que creía que estaba hecha de partes
insumergibles…
Me podría ahogar en un vaso de agua y
mantenerme a flote en un inmenso mar.
Y olvidar que fue lo que me hizo llegar hasta aquí o hasta allí, a nuestra playa,
a aquella orilla nuestra en la que no solo
rompían las olas, también se nos rompía el amor.
¿El alma flota o va a la deriva?
Lo simple y lo profundo, tú y el mar.
Esa es mi inmensidad.