Ya no estás.
Ni ayer, ni hoy ni mañana y tu lado de la cama sigue vacío y frío, al igual que
yo.
Y la herida
sigue abierta, al igual que mis piernas…
pero sigo sin
dejar que nadie entre.
Prefiero una
herida que pueda curar a negarme a conocer a alguien por el miedo a lo que
pueda pasar… no soy tan cobarde.
Y sí, esto lo
prefiero. Pero no llega nadie que me despierte el más mínimo interés.
Juré
olvidarte pronto y no he podido. ¿Qué si lo he intentado? Créeme que sí.
Voy a intentar explicarme.
No solo te
perdí a ti sino que también perdí la idea y la ilusión del amor.
Y desde
entonces sigo sin encontrarla(s) y si soy sincera, he dejado de buscarla(s).
Y eso no
quiere decir que me cierre en banda, que me niegue cualquier tipo de emoción o
sentimiento, solo que como no busco, no encuentro…
Y así van
pasando los días, los meses (y sí, los años también) sin cambio aparente.
Hay
diferentes categorías. Y hay una categoría superior donde solo estás tú.
Y allí
arriba, además de ti, también está el recuerdo de tu amor (y el mío) y de lo
bonito que fue mientras duró.
Y nada ni
nadie está a esa (tú) altura.
Contigo creí
en el amor para siempre y contigo volví a no creer en esa posibilidad.
Y soy
consciente que nada dura eternamente pero estoy hablando de lo que sentí y eso,
no lo puedo cambiar aunque quiera.
Y tampoco
puedo ser más sincera.
Pero sigo
escribiendo desde las entrañas… y me sigue gustando esa palabra y la he vuelto
a meter en un texto (así como quien no quiere la cosa…).
Estoy a
tiempo de no volver a estarlo nunca. Y no me importa.
Tengo varios
déjà vu de ti pero con otras protagonistas y cuando esto ocurre, tengo la
sensación de que el mundo está lleno de malas copias.
Y no me
gusta.
Y todo esto
que he escrito, viene a raíz de una conversación con una amiga (ahora sí debes
darte por aludida) en la que hablábamos sobre todo esto.
En todo lo
que perdemos de nosotros mismos cuando hay una ruptura y que a veces es incluso
mayor que la pérdida de esa persona querida o de lo que teníamos con ella.
No intento
hacer balanza, ni descubrir que lado pesa más, ahora soy capaz de pensar en
todo esto sin que me duela… aunque no lo parezca.
Eres, quizá,
ese vacío que lo llena todo.
Al menos,
hasta el momento.
No querer da la misma tristeza que no ser querida.