Cuando
el amor entra por la puerta, yo salto por la ventana.
¿Quién
dijo miedo?
Cuando
el amor entra por la puerta, yo salto por la ventana.
¿Quién
dijo miedo?
Y
me quedo en él por un instante.
Es
tan real que parece de mentira.
No
sé cómo explicarlo.
Hay
quien deja huella y hay quien deja marca.
Y
empiezo a creer que ya tengo la piel hecha a medida de los daños.
En
la superficie se van quedando todas las heridas, a la vista…
(no
hace falta mirar con detalle).
Se
trazan grietas imposibles de cicatrizar.
Y
de ahí nunca se van.
Y
del corazón, tampoco.
Todo
permanece mientras sigue latiendo.
Y
este corazón loco lo hace, aunque apenas lo oigo.
Ahí
sigue, dándolo todo, a pesar de todo.
No
lo molesto, lo dejo estar y decido no indagar…
no
profundizar más de la cuenta para no llevarme alguna sorpresa.
El
amor que entiende de todo en realidad no entiende de nada.
Hay
cosas que hago sin querer que prefiero hacerlas sin parar.
Nunca
he sido una buena ahorradora de ninguna cosa.
Y
con el amor no iba a ser distinto…
No
me guardo nada, por si nada es lo que llega.
Vivo
el momento, a destiempo.
Tengo
tiempo todo el tiempo.
Aunque
no para lo que yo quiero.
Y
solo quiero tener más, para perderlo.
Las
cosas del pasado nunca se quedan quietas donde las dejamos.
El
olvido que algún día serás, me digo.
Me
propongo intentarlo.
Mientras,
me olvido de entender(lo).
Y
así voy y vengo, dejando pedacitos de recuerdos en mi memoria por si alguna vez
te
olvido por completo.
La
enfermedad del tiempo es el recuerdo.
Marwan.
Y me doy cuenta de mi inapetencia para todo lo
que no tenga que ver contigo.
La verdad es algo sobre lo que no se puede
mentir.
Y
lo cierto es que contigo siempre soy sincera. No me cuesta nada.
Soy
demasiado generosa con la verdad y así me va.
Ahora
o nunca, ahora y siempre.
Hoy
ya es mañana y amaneció sin permiso.
Y amanecer en ti, contigo… es algo que casi tengo olvidado y a lo que no me importa volver de vez en cuando.
A
aquellas caricias en mi espalda que rozaban la perfección, sabías dar en el
punto exacto de esa fina línea que me atravesaba de la cabeza a los pies.
Hoy
quisiera escuchar mi nombre en tu boca hasta que me lo gastaras.
Y
aun quedándome sin nombre, a ti siempre te respondería. Ya lo sabes.
A veces no hace falta la presencia para sentir
a alguien cerca.
Y
acabo de darme cuenta que algunas distancias no se pueden medir.
Hay
brisas y recuerdos que acarician. Y tú acabas de hacerlo.
Aunque tu lado de la cama siga vacío, el eco de tu respiración acaba de hacerme el boca a boca como si me faltase el aire.
Y me trago el instinto junto con un poco de alivio mientras todo pasa arañando la garganta. Y entonces suspiro y todo vuelve a la normalidad.
No me canso de esta pasión que a veces se esconde, miedosa de sí misma y que sale hoy sin miedo a que tú te escondas.
Hoy voy a permitirte(me) tu presencia.
Hoy
voy a dejar que me arrolles por completo porque necesito tocarte con la punta
de mis dedos. Hasta que estos acaben saciándome en un acto egoísta y necesario. Uno más.
Hay días en los que te busco en mi memoria y te encuentro (y allí todo es perfecto).
Se
nos hizo tarde para volver a la vida de antes.
Y hoy, hoy nos hemos amado otro rato.
Joder, como te sueño de bien.
Me he brindado tu capricho para que después no
puedas llamarme cobarde.
Puedes quedarte a dormir si quieres… que mañana no habrá preguntas, ni planes a largo plazo, te dejaré marchar sin proponerte nada mientras te evaporas como el humo del café o del cigarro.
Ahora mismo he notado un ligero temblor en mi
voz al leer en voz alta todo esto.
Y la verdad es que ya no puedo quererte como lo
hacía antes.
Igual que tú tampoco puedes mirarme de la misma
forma dos veces.
Te echo de menos. No sabes cuánto.
Da igual, no se puede medir.
Te sigo soñando. Algunas noches.
Esas noches que se me atascan y en las que no
puedo dormir.
Sigo viviendo.
Bueno, voy tirando…
Tan lejos de todo, hasta de (ti) mí.
No recuerdo dónde leí, el amor que entiende de
todo, no entiende de nada.
Y hay ciertas cosas que escapan a mi razón.
Voy a darme un descanso hasta la próxima vez...
