jueves, 15 de octubre de 2009

Recordándote

Recordar no siempre es bueno.

A veces tampoco es malo.

A veces no es nada.

A veces lo es todo.

Recordar, a veces nos hace darnos cuenta que seguimos vivos.

Nos hace sentir latidos en corazones que se creyeron muertos.

Llorar sienta tan bien cuando descubres que no se te olvidó como hacerlo…

Cuando llegaste a creerte mujer de hielo y a ti misma te renombras como simple mujer de piedra porque piensas que el hielo es agua, igual que las lagrimas.

Después de llorar me siento diferente.

Me siento capaz de no sentirme triste por todo aquello que no puedo cambiar.

Me siento tierna aún sabiéndome mujer de piedra.

Y no es que me de vergüenza.

Ni tampoco que me sienta ridícula.

No es nada de eso.

Solo que a veces se me olvida que sé llorar.

A veces se me olvida que te recuerdo cada día.

A cada instante.

Anoche, te recordé de una manera diferente.

Anoche, te recordaron aún sin conocerte.

Me hicieron recordar tu risa y luego no podía dejar de escucharla durante el sueño.

Me hicieron recordar tus andares, tus chistes, tus ultimas palabras, tus modales, tus ojos…

Recordé una vez más como me pinchó tu barba cuando te besé aquel día tan importante en nuestras vidas…

Recordé todo aquello que hice mal y que ya no puedo cambiar….

Los “y si hubiese…” son tan crueles… son tan egoístas… son momentos que querríamos cambiar para no sentirnos arrepentidos por algo que no hicimos y que sabemos que deberíamos haber hecho.

Encontré la manera de sobrellevar toda aquella injusticia que cayó sobre mí.

No se si de la manera correcta.

Solo sé que en este instante mi vida es tranquila y feliz… cuando me vienes a revolver con bollitos y miel… y quisiera saborear la masa de tu pan… mientras te escribo canciones y textos de esta manera tan peculiar que tengo de dirigirme a ti sin matasellos.

Me gustaría tanto no echarte de menos.

Si alguien me explicara como hacerlo, se de antemano que tampoco haría caso a los pasos a seguir para olvidarte.

Porque aunque me duela, echándote de menos, aún te tengo.

Y teniéndote aún sin verte, te sigo queriendo.

Y quiero quererte siempre.

Anoche, me sentí triste.

Anoche, me sentí feliz.

Me sentí triste cuando esa persona tan especial para mi me dijo, que le hubiese gustado conocerte.

Me sentí desolada porque eso es algo que yo también deseo y es algo que ya no puedo ofrecer.

Me sentí feliz al escuchar de esa persona todo aquello que inexplicablemente deseo que diga y acaba diciendo.

Sus preguntas.

Sus respuestas.

Su voz dulzona diciéndome como será un futuro de recuerdos que no quedarán en el olvido.

Me sentí feliz al silencio mudo de mis lagrimas contrarrestando el sonido cálido de sus palabras.

Sus buenas palabras.

Sus buenos sentimientos.

Su bonita forma de decirme “te quiero”.

Es mágica su forma de hacerme sentir bien con algo que no me hace ningún bien.

De todos es sabido que desaparecer de esta vida, no aporta nada más que tristeza, nada más que lagrimas a quien las pueda derramar y una única verdad, que solo nos damos cuenta de lo que tenemos cuando lo perdemos.

Pensándolo bien hay una verdad más… y es que deberíamos aprender a decir te quiero a quienes nos importan antes de que se marchen y sea demasiado tarde.

Demasiado tarde para decir “y si le hubiese dicho te quiero algún día… quizá lo sabría… no lo intuiría”.

Es deprimente querer gritar un sentimiento a alguien que no te puede escuchar… mientras el eco retumba en tus entrañas como único oyente… de un silencio desgarrador.

No quiero que me vuelva a pasar nunca más, ahora que he aprendido a decir esas dos palabras mágicas no me cansaré de decirlas, de repetirlas hasta aborrecerlas… a todos aquellos que me importan… a todos aquellos que me hacen sentir… y que me hacen feliz con su cercanía.

Porque a veces la lejanía es estar a muchos kilómetros…

A veces una está tan lejos estando tan cerca…

A veces la lejanía puede ser estar a un simple roce y aún así ni tocarse…

A veces la lejanía es una simple defensa estúpida… a no querer sufrir…

Pero yo lo paso peor cuando quiero decir algo y no lo digo.

Cuando quiero sentir un abrazo y nadie me lo da...

Ahora que mis muros se derrumbaron sin apenas hacer ruido… me niego volver a construirlos.

5 comentarios:

  1. Adios a los q se van, hola a los que vienen. La vida sigue.
    :)

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  2. Quien no recuerda su pasado puede caer facilmente en el error de volver a cometerlos...

    El día menos pensado, sin darte cuenta y sin ni siquiera quererlo, echarás de menos echarle de menos.

    Los "si hubiera o hubiese" son tan traicioneros como los "debería".

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  3. Hola a tod@s los que llegais nuevos.
    Hay personas que no se olvidan nunca. Yo se que voy a echarle de menos toda mi vida. Ni puedo ni quiero olvidarme.Mi sangre siempre conmigo, circulando por mis venas.Un beso.

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  4. Efectivamente, hay personas que no se olvidan NuNCA, y mucho menos si uno no quiere, pero a lo que me refería yo es que aunque la cicatriz te deje marcada para siempre, no existe herida, ninguna, que no deje de sangrar. Y con el tiempo todo se difumina, aunque tú no lo quieras.
    Un saludo.

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  5. Lo sé. Tienes razón. Las heridas que no sangran a veces son las mas dolorosas.Duelen en el alma y no existe pomada para taparlas...Con el tiempo, esas heridas pasan del enfado y de la incomprensión a la tristeza y añoranza...todo deja de doler con tanta intensidad y irremediablemente aunque uno no quiera...el tiempo lo cura casi todo...
    Un abrazo.

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