No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Inventario de daños

Quizá aprendí a irme. Mi límite está en tres intentos (o cuatro). Sí, tengo el límite a esa altura, qué le vamos a hacer… (ya sé que es bajo, muy bajo). Y aun con toda esa experiencia sigo sin tener ni puta idea de cómo despedirme. ¿A cuántas despedidas estamos, tú y yo, de darnos el último adiós? El definitivo, ese que te dice que a partir de aquí ya no hay nada más que los restos de lo que no logramos ser. Sigo teniendo el ridículo vicio de parar mi vida por si llegas tarde… (aun sabiendo que no vas a venir, aun siendo yo la que no quiere que vuelvas). Es absurdo. No sé por qué lo hago y tengo que parar de hacerlo. 

Me paso los días conjugando el verbo «después» en primera persona, así que imagínate. A veces no me entiendo ni yo… que llevo toda la vida conmigo y, aun así, sigo sin asimilarme. Por eso no te voy a pedir que me entiendas, no quiero hacerte perder el tiempo de esa manera. Bastante tenemos ya con lo que no tenemos, como para hacer nuestros los añadidos de los demás. Y pienso en ese deseo incomprensible que tenemos de querer pasar toda tu vida con la misma persona, con la de peces que hay en el mar… ¿? (leer en modo irónico) Quitarse de estos pensamientos es más difícil que quitarse de la droga.
 
Me gusta dar todo lo que tengo, lo mejor de mí, pero no a todo el mundo. Necesito poner(me) ciertos límites para que no me hagan daño gratuitamente, para pensar que sigo teniendo el control de mi vida (aunque nada más lejos de la realidad), para cuidarme y protegerme de todo ese mal que anda suelto y que cada vez parece que va a más… porque si no te cuidas tú ¿quién lo hará? La gran mayoría de las conversaciones trascendentales que tengo son conmigo misma. Y en esas charlas, mano a mano, lo veo claro. Después ya no tanto…
 
Si la vida cambia… ¿cómo no vamos a cambiar con ella? ¿Evolucionamos o empeoramos? Esto tampoco lo tengo muy claro. Creo que lo más importante es no cambiar nuestra esencia, mantenerla y no perderla, pese a todo. Y no justificar nuestras miserias con dichos cambios.
 
¿Te has dado cuenta de lo lejanas que estamos? Y no estoy hablando de distancia. Quizá, esta sí que sea la última vez y ya no nos queden más oportunidades, ni en esta vida ni en la próxima… (si es que la hay). ¿En qué punto empieza lo que se acaba? ¿Alguien lo sabe? Prometo poner atención esta vez y no llegar al primer día del resto de mi vida sin saber qué es lo que ha pasado o cómo he llegado hasta allí.
 
Me fui, aunque quería quedarme. He de reconocer que a veces le echo un par de huevos a según qué situaciones, que me entra un valor que no sé de dónde sale y que tomo decisiones en un instante, así como lo hago yo… sin alzar la voz. Qué fácil es retirarse cuando es a otro a quien haces daño, ¿verdad?... Entonces, que alguien me explique por qué es tan difícil retirarse cuando es a ti misma a quien lastimas. Supongo que tiene que ver más con ser valiente que con ser cobarde, me digo mientras doy un paso hacia atrás a modo de precaución.

No se puede pretender que no hacer nada cambie las cosas. Y no sé qué hago mal, pero lo hago muchas veces mal… o como leí el otro día, no recuerdo dónde «lo estoy haciendo mal, muy bien». Sí, puede que sea eso… que me esté haciendo toda una profesional del error. Cuando me vuelvan a preguntar a qué me dedico ya sé qué contestar: Soy errática (y a buen precio. No te arrepentirás).
 
Voy a hacer un inventario de los daños:

Tuve mucho amor dentro una vez. 
Y no he vuelto a sentir lo mismo desde entonces.



 

 DOMMCOBB


jueves, 26 de agosto de 2021

Multitud

Tú.

Yo.

Tu otro tú.

Mi otro yo.

¡Vaya dos!

(o, mejor dicho)

¡Qué cuatro!

 

Así es difícil ponerse de acuerdo… 

martes, 17 de agosto de 2021

Lauropatía

En aquella habitación eran muchos los elementos suspendidos en el aire.

La mayoría palpables, pero algunos no.

Las partículas que deja en el aire el olvido y el recuerdo también.

La frialdad que habitaba tu lado de la cama o aquel truco de magia que aprendí

(y que ahora ya no me sale) en el que podía verte aun con la luz apagada.

La cercanía de una voz que no hacía más que alejarse…

O aquel primer rayo de luz que siempre amanecía más tarde que yo y que me cruzaba la cara tras el insomnio de una noche demasiado larga.

En aquella habitación, no sé cómo explicarlo… el aire se me acababa, pero no me asfixiaba.

Ni a 10.000 kilómetros conseguí alejarte más de lo que estaba yo de todo, hasta de ti.

Pero en aquella habitación encontré la forma de ausentarte (aunque fuese sólo por pequeños instantes) y de no perderme yo de tanto buscarte…

Incomprensiblemente, allí sentía que estaba protegida, quizá de ti y puede que hasta también de mí. Y aunque parezca mentira, en aquella habitación fui feliz.

La memoria de la felicidad, que difícil olvidarla. 

jueves, 29 de julio de 2021

Ojalá siempre (poema recitado por AlmaBaires)


HUELLAS en la arena y en el ALMA

Tenés en la mirada tanta dulzura… que ¡joder!, no sé qué hacer con ella.

Te la abrazaría toda.

Me la quedaría. 

Llenaría mi capacidad hasta el borde para cuando me falta.

Para cuando soy consciente de mi dureza y no encuentro delicadeza por ningún sitio.

Para cuando me intuyo fría o dolorida y no sé qué hacer conmigo.

 

Eres tierna. Muchísimo.

Y parece que (eso) te da rabia y yo no entiendo el porqué.

Pero es tu motivo y lo respeto.

¿Recuerdas cuando hablamos de la lealtad?

Pues eso. A tu lado, y no hay nada más que decir.

 

Llorar no es una debilidad.

Es más, hasta diría que es algo que solo se permiten los valientes.

Pelar la corteza, bajar la guardia, derribar el muro que nos rodea a golpe de lágrimas es, sin duda, señal de fortaleza.

¡Qué osadía! Permitirse en estos tiempos algo de sensibilidad y no salir mal parada por ello. Y qué bonita estás cuando te emocionas, niña… ¡Qué bonita!

 

Aquí estoy, pensando en vos y en lo cerca y lejos que estás de mí. Y sonrío.

Siempre me pregunto por qué las cosas buenas son tan efímeras.

Etéreas tal vez e intangibles, ya no sé…

Sonrío al recordar estos cuatro putos días que se han esfumado como si nada.

Cuatro días para vencer los miedos, reír hasta morir y arreglar el mundo

(porque tiene arreglo, de momento) pero mañana vuelve a preguntarme por si ha cambiado algo. Que ahora, en apenas unas horas, se pone todo del revés… ya sabés.

 

Te prometí no pensar tanto en las cosas, no darle vueltas y vueltas a la cabeza hasta marearme y lo estoy intentando. Créeme.

Tengo que desacostumbrarme, desaprender lo aprendido y eso requiere de tiempo.

Fluir cuando parece imposible.

Sentir. Doler.

Porque ahora me duele lo lejos que te fuiste y necesito la facilidad que te acompaña y con la que me hablaste.

Me llenaste la casa de alegría.

Está(s) por todas partes.

Y ahora la distingo vacía.

Creo que a eso se le llama morriña.

 

Extrañar y conmover.

Voy a ver que hago con todo esto, mi niña…

 



viernes, 2 de julio de 2021

Aniversario hipotético

 

Puedes romper este silencio.

Puedes romper lo que quieras mientras te sigas quedando conmigo…

Porque en realidad yo ya estoy muy rota y aquí ya no hay nada tuyo,

pero todo sigue siendo una parte de ti.

Cuando no te queda nada y todo es una pequeñísima fracción de lo que fuiste…

No quiero estar, pero tampoco quiero irme. No del todo. No como tú.

Quizá fue posible que el tiempo nos olvidara, yo no fui capaz de hacerlo.

Pensaré en ti siempre que pueda hasta que no pueda más.

Y podría pensarte menos y olvidarte un poco más, pero no sé cómo hacerlo.

Quisiera olvidar que no olvido.

Mantengo vivo tu recuerdo porque contigo ya no puedo.

Mostrar la tristeza requiere de mucha valentía.

Y de cobardes está el mundo lleno.

Te quiero con todo lo que tengo (sea la cantidad que sea eso).

Si el tiempo sirve para medir algo, tú mides 48.

Los papás, 49.

Y yo, siempre seré la niña, aunque mida 42.

Hay cosas que no cambian, aunque ya nada es igual.

Desde que no estás, la vida es otra cosa.

Quizá nosotros también... 

Mientras vamos de un lado al otro.


De un lado                                                                                       al otro.


                                      Y nunca nos encontramos.