Me paso los días conjugando el verbo «después» en primera persona, así que imagínate. A veces no me entiendo ni yo… que llevo toda la vida conmigo y, aun así, sigo sin asimilarme. Por eso no te voy a pedir que me entiendas, no quiero hacerte perder el tiempo de esa manera. Bastante tenemos ya con lo que no tenemos, como para hacer nuestros los añadidos de los demás. Y pienso en ese deseo incomprensible que tenemos de querer pasar toda tu vida con la misma persona, con la de peces que hay en el mar… ¿? (leer en modo irónico) Quitarse de estos pensamientos es más difícil que quitarse de la droga.
Me gusta dar todo lo que tengo, lo mejor de mí, pero no a todo el mundo. Necesito poner(me) ciertos límites para que no me hagan daño gratuitamente, para pensar que sigo teniendo el control de mi vida (aunque nada más lejos de la realidad), para cuidarme y protegerme de todo ese mal que anda suelto y que cada vez parece que va a más… porque si no te cuidas tú ¿quién lo hará? La gran mayoría de las conversaciones trascendentales que tengo son conmigo misma. Y en esas charlas, mano a mano, lo veo claro. Después ya no tanto…
Si la vida cambia… ¿cómo no vamos a cambiar con ella? ¿Evolucionamos o empeoramos? Esto tampoco lo tengo muy claro. Creo que lo más importante es no cambiar nuestra esencia, mantenerla y no perderla, pese a todo. Y no justificar nuestras miserias con dichos cambios.
¿Te has dado cuenta de lo lejanas que estamos? Y no estoy hablando de distancia. Quizá, esta sí que sea la última vez y ya no nos queden más oportunidades, ni en esta vida ni en la próxima… (si es que la hay). ¿En qué punto empieza lo que se acaba? ¿Alguien lo sabe? Prometo poner atención esta vez y no llegar al primer día del resto de mi vida sin saber qué es lo que ha pasado o cómo he llegado hasta allí.
Me fui, aunque quería quedarme. He de reconocer que a veces le echo un par de huevos a según qué situaciones, que me entra un valor que no sé de dónde sale y que tomo decisiones en un instante, así como lo hago yo… sin alzar la voz. Qué fácil es retirarse cuando es a otro a quien haces daño, ¿verdad?... Entonces, que alguien me explique por qué es tan difícil retirarse cuando es a ti misma a quien lastimas. Supongo que tiene que ver más con ser valiente que con ser cobarde, me digo mientras doy un paso hacia atrás a modo de precaución.
No se puede pretender que no hacer nada cambie las cosas. Y no sé qué hago mal, pero lo hago muchas veces mal… o como leí el otro día, no recuerdo dónde «lo estoy haciendo mal, muy bien». Sí, puede que sea eso… que me esté haciendo toda una profesional del error. Cuando me vuelvan a preguntar a qué me dedico ya sé qué contestar: Soy errática (y a buen precio. No te arrepentirás).
Voy a hacer un inventario de los daños:
Tuve mucho amor dentro una vez.
Y no he vuelto a sentir lo mismo desde entonces.
