Y esa ausencia,
que hace mi camino…
a veces un tanto extraño…
otras un tanto duro…
Y es esa ausencia,
a día de hoy…
la que nunca se reemplaza,
pero es que nadie,
puede ni podrá…
ocupar tu lugar…
Esa ausencia,
que va de digna,
mientras me quebranta,
a la que con desdoro tacho de furcia,
maldita hija de puta…
Es esa ausencia,
que menosprecio…
que aún así me acompaña…
día a día,
mañana tras mañana…
Porque sigues siendo,
de lo primero en lo que pienso…
quiera o no quiera…
Puta tragedia.
Es esa ausencia desmemoriada,
la que hace que a días vaya olvidando tu cara,
no es que con ella venga el olvido,
ni mucho menos que yo así lo acepte…
solo es que empiezo a confundir el recuerdo,
de todo lo que es tuyo,
incluso el sonido de tu risa,
que se torna débil al instante…
mientras que suplico para que no se apague…
mientras te despido con una mano y con la otra cierro trato, con el mismísimo diablo.
“Y ya no se si es un recuerdo…
o el recuerdo de un recuerdo lo que me va quedando”
No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.
MIS COSITAS
miércoles, 27 de abril de 2011
miércoles, 23 de marzo de 2011
Yo tampoco
Debilidades que en el espacio que nos rodea, se tornan autóctonas.
Y despierto, sin habla, sin cordura, sin demasiada energía…
Y dentro de ese posible sueño que estoy viviendo, sigo desperezando el cuerpo, como si pudiese echarme a volar en cualquier momento.
Entra poca luz, la justa, la necesaria para poder ver que tus ojos también están hinchados y la suficiente para poder entender todas tus largas explicaciones sin palabras.
El bon día, de cada día.
El dulce tono de tu voz… el tacto de tus palabras… finas y delicadas, susurrándome al oído, tanto que apenas puedo escucharlas.
Asiento con algo más que con la cabeza.
Si a todo.
Me dejo llevar.
Tus besos, las caricias que repartes por doquier… sin control ni miramiento.
Haces de esa media hora de ternura la más dulce de las despedidas.
Y la fuerza del imán que me atrae de nuevo al lado opuesto…
No es más que la necesidad aplastante que me entra por querer volver a verte, cada vez que me separo.
Empiezo a necesitarte a todas horas y todas las horas me parecen buenas.
Y cortas.
Muy cortas.
Y camino del año y esto no se para.
Aumenta a cada paso…
Mientras que mis pies siguen siendo puntuales…
Y esta ilusión cada vez más grande.
Y hay noches… algunas noches, que la odisea del recuerdo me lleva a través del tiempo y me hace extrañarte en cantidades industriales.
¿Como puede ser que eche de menos los besos que aún no me has dado?
Mientras pierdo la noción de las horas, sufro el descanso, mi reloj parece pararse y la vigilia se me hace eterna…
Y no pido más que algo de tiempo para poder tener tiempo y poder verte de nuevo.
Y es que me acostumbraste a tu abrazo nocturno y cuando no estás siento que me falta algo.
Como a un niño que no le cuentan un cuento antes de dormir y necesita algo de luz para paliar los miedos que giran alrededor de un armario que no tiene fondo.
Y a sustos voy, sin remedio.
Mientras me escondo tras la almohada y hago mi trinchera con la sabana.
Esa que pide cambio, cada dos o tres días… debido a ya sabes tu qué…
Y no hay ruidos, ni gemidos, ni nada que cree miedos…
Silencio absoluto bajo estas cuatro paredes, bajo la tela que cubre mi cuerpo desnudo y un tanto frío…
Anocheció sin permiso,
se dejo caer la oscuridad,
el frío,
esa soledad…
Hoy si, hoy existe el frío.
Pero me das frío cuando lo necesito y calor cuando lo necesito pero no te lo pido.
Así que no existe la queja, solo algo de pena.
Por pedir lo que creo que es mío… y que por ser mío, lo necesito.
Mientras que no puedo dejar de pensar en ti, en tus mañanas, en tus tardes, en tus noches y en tus agitadas madrugadas.
Yo no sé que ocurre ni qué me pasa… ando idiotizada.
Pero es que tus dedos se mueven rápidos y mi vista quizá cansada, no puede seguir el ritmo que marca el piano.
Y esta cabeza que apenas retiene nada, no puede olvidar tu cara.
Está infinitamente grabada.
He dibujado con mis dedos un círculo alrededor de tu ombligo y tu lo has convertido en algo vicioso y adictivo.
Así sin más…
¡Descarada!
Dime como has podido….
Como te has atrevido…
¿podrías repetirlo?.
¡Uno al día, que maravilla!
A ti te gusta el sexo y a mi me gusta tu sexo.
Tándem perfecto.
Y callo de golpe toda mi verborrea para enseñarte lo que se hacer con esta lengua que no es hablar.
Paso de hablar más.
Porque a veces calladita, estoy más guapa… y a ti, algún día, te voy a comer enterita…
No te fíes.
Que vendré por la espalda.
Que a mi ya no hay quien me pare… ni siquiera tu.
Ni tan siquiera yo.
Pero es que no me canso, no me cansas.
El “yo tampoco” , me suena mejor que el “yo también”.
Y tu ya sabes el porque…
Y despierto, sin habla, sin cordura, sin demasiada energía…
Y dentro de ese posible sueño que estoy viviendo, sigo desperezando el cuerpo, como si pudiese echarme a volar en cualquier momento.
Entra poca luz, la justa, la necesaria para poder ver que tus ojos también están hinchados y la suficiente para poder entender todas tus largas explicaciones sin palabras.
El bon día, de cada día.
El dulce tono de tu voz… el tacto de tus palabras… finas y delicadas, susurrándome al oído, tanto que apenas puedo escucharlas.
Asiento con algo más que con la cabeza.
Si a todo.
Me dejo llevar.
Tus besos, las caricias que repartes por doquier… sin control ni miramiento.
Haces de esa media hora de ternura la más dulce de las despedidas.
Y la fuerza del imán que me atrae de nuevo al lado opuesto…
No es más que la necesidad aplastante que me entra por querer volver a verte, cada vez que me separo.
Empiezo a necesitarte a todas horas y todas las horas me parecen buenas.
Y cortas.
Muy cortas.
Y camino del año y esto no se para.
Aumenta a cada paso…
Mientras que mis pies siguen siendo puntuales…
Y esta ilusión cada vez más grande.
Y hay noches… algunas noches, que la odisea del recuerdo me lleva a través del tiempo y me hace extrañarte en cantidades industriales.
¿Como puede ser que eche de menos los besos que aún no me has dado?
Mientras pierdo la noción de las horas, sufro el descanso, mi reloj parece pararse y la vigilia se me hace eterna…
Y no pido más que algo de tiempo para poder tener tiempo y poder verte de nuevo.
Y es que me acostumbraste a tu abrazo nocturno y cuando no estás siento que me falta algo.
Como a un niño que no le cuentan un cuento antes de dormir y necesita algo de luz para paliar los miedos que giran alrededor de un armario que no tiene fondo.
Y a sustos voy, sin remedio.
Mientras me escondo tras la almohada y hago mi trinchera con la sabana.
Esa que pide cambio, cada dos o tres días… debido a ya sabes tu qué…
Y no hay ruidos, ni gemidos, ni nada que cree miedos…
Silencio absoluto bajo estas cuatro paredes, bajo la tela que cubre mi cuerpo desnudo y un tanto frío…
Anocheció sin permiso,
se dejo caer la oscuridad,
el frío,
esa soledad…
Hoy si, hoy existe el frío.
Pero me das frío cuando lo necesito y calor cuando lo necesito pero no te lo pido.
Así que no existe la queja, solo algo de pena.
Por pedir lo que creo que es mío… y que por ser mío, lo necesito.
Mientras que no puedo dejar de pensar en ti, en tus mañanas, en tus tardes, en tus noches y en tus agitadas madrugadas.
Yo no sé que ocurre ni qué me pasa… ando idiotizada.
Pero es que tus dedos se mueven rápidos y mi vista quizá cansada, no puede seguir el ritmo que marca el piano.
Y esta cabeza que apenas retiene nada, no puede olvidar tu cara.
Está infinitamente grabada.
He dibujado con mis dedos un círculo alrededor de tu ombligo y tu lo has convertido en algo vicioso y adictivo.
Así sin más…
¡Descarada!
Dime como has podido….
Como te has atrevido…
¿podrías repetirlo?.
¡Uno al día, que maravilla!
A ti te gusta el sexo y a mi me gusta tu sexo.
Tándem perfecto.
Y callo de golpe toda mi verborrea para enseñarte lo que se hacer con esta lengua que no es hablar.
Paso de hablar más.
Porque a veces calladita, estoy más guapa… y a ti, algún día, te voy a comer enterita…
No te fíes.
Que vendré por la espalda.
Que a mi ya no hay quien me pare… ni siquiera tu.
Ni tan siquiera yo.
Pero es que no me canso, no me cansas.
El “yo tampoco” , me suena mejor que el “yo también”.
Y tu ya sabes el porque…
Comptine d'un autre Été, L'après-Midi / Yann Tiersen
martes, 1 de marzo de 2011
Incendios de nieve y calor
Bajo la atenta mirada de tus pupilas, encuentro escondite donde perder la vergüenza.
El despojo de mis sonrojos, que cada vez pierdo con más frecuencia, se tornan descarados cuando la luz se vuelve tenue y la ropa interior se amontona en el suelo de la habitación.
Nos miramos.
Sonreímos.
Y callamos.
Silencio en la boca, que siempre apoya.
El beso que pones, mientras lo escondes.
Mientras me buscas y no se que esperas encontrar.
Tus manos frías buscando siempre el calor que albergo en mi interior.
Las caricias de tus dedos, erizan a su paso cada palmo de mi cuerpo,
envejeciéndolo por momentos, arrugando la corteza que acaba mudando en piel.
Mientras que esa piel adquiere de nuevo su textura sedosa,
nos vamos olvidando de ese frío que no es frío, sino un escalofrío revertido.
Erizada tu piel,
también,
al paso de mi susurro…
Hablándote bajito para que apenas puedas oírlo.
Tu cuerpo destemplado,
me contagia de nuevo el frío,
mientras que poco a poco vamos sintiendo el calor y vamos fundiendo el hielo,
ya sabes… incendios de nieve y calor…
calor...
Buscas y al final encuentras.
De palabra y deseo fácil que apenas sabe negarse.
No te avergüences,
no,
no te avergüences nunca de eso…
Estás tan bonita…
tan,
tan bonita…
…
El despojo de mis sonrojos, que cada vez pierdo con más frecuencia, se tornan descarados cuando la luz se vuelve tenue y la ropa interior se amontona en el suelo de la habitación.
Nos miramos.
Sonreímos.
Y callamos.
Silencio en la boca, que siempre apoya.
El beso que pones, mientras lo escondes.
Mientras me buscas y no se que esperas encontrar.
Tus manos frías buscando siempre el calor que albergo en mi interior.
Las caricias de tus dedos, erizan a su paso cada palmo de mi cuerpo,
envejeciéndolo por momentos, arrugando la corteza que acaba mudando en piel.
Mientras que esa piel adquiere de nuevo su textura sedosa,
nos vamos olvidando de ese frío que no es frío, sino un escalofrío revertido.
Erizada tu piel,
también,
al paso de mi susurro…
Hablándote bajito para que apenas puedas oírlo.
Tu cuerpo destemplado,
me contagia de nuevo el frío,
mientras que poco a poco vamos sintiendo el calor y vamos fundiendo el hielo,
ya sabes… incendios de nieve y calor…
calor...
Buscas y al final encuentras.
De palabra y deseo fácil que apenas sabe negarse.
No te avergüences,
no,
no te avergüences nunca de eso…
Estás tan bonita…
tan,
tan bonita…
…
miércoles, 23 de febrero de 2011
Ave de vuelo inerte
Romper el silencio no es más,
que romper los labios,
sin necesidad de sangrar.
Labios cortados,
resecos,
agrietados ante la escasez de agua,
por culpa de una saliva convertida en ácida que al ser tragada,
se vuelve corrosiva dentro de la garganta.
Ansias,
tras tus dedos,
impaciencia,
tras tus pasos.
La semana de sequía,
llega a su fin,
te encuentra,
bebe, se sacia de ti.
El cuerpo se eriza,
a escondidas,
no pide permiso,
mientras tirita.
Me acostumbro rápido al tacto,
ese que desprende tu piel,
mientras haces del frío calor,
derritiendo mi ser.
Hoy me amas como nunca antes lo hiciste,
hoy desvanezco como nunca antes pensé que pudiese llegar a hacerlo…
Hoy todo lo dicho, lo pensado, lo vivido,
es solo el principio…
de esa historia a la que llamamos nuestra,
esa que hace de mi,
lo que ahora mismo soy…
un ave de vuelo inerte,
que busca nido en tu corazón.
que romper los labios,
sin necesidad de sangrar.
Labios cortados,
resecos,
agrietados ante la escasez de agua,
por culpa de una saliva convertida en ácida que al ser tragada,
se vuelve corrosiva dentro de la garganta.
Ansias,
tras tus dedos,
impaciencia,
tras tus pasos.
La semana de sequía,
llega a su fin,
te encuentra,
bebe, se sacia de ti.
El cuerpo se eriza,
a escondidas,
no pide permiso,
mientras tirita.
Me acostumbro rápido al tacto,
ese que desprende tu piel,
mientras haces del frío calor,
derritiendo mi ser.
Hoy me amas como nunca antes lo hiciste,
hoy desvanezco como nunca antes pensé que pudiese llegar a hacerlo…
Hoy todo lo dicho, lo pensado, lo vivido,
es solo el principio…
de esa historia a la que llamamos nuestra,
esa que hace de mi,
lo que ahora mismo soy…
un ave de vuelo inerte,
que busca nido en tu corazón.
lunes, 31 de enero de 2011
Compro
Compro la sonrisa sincera, esa que cuenta verdad, la dedicada, la robada, la tímida y la que habla sin apenas decir nada.
Compro la risa, la carcajada, esa a la que llaman exagerada y que a veces se acompaña hasta con lágrimas, la que incluye gritos, la del hipo, la tonta, la nerviosa y la mejor, esa que contagia.
Compro la felicidad, la buscada, la encontrada, la escondida, la propia y la de los demás, esa que se da, que se regala y que a cambio no espera nada.
Compro la mirada, la de deseo, la que viaja a través del tiempo, la que es capaz de rescatarte de un agujero, la tierna, la achinada, la negra, la castaña, la verde y la azulada.
Compro detalles, inesperados, esos que de tan pequeños se hacen inmensos, los que te dejan sin saber que decir, los que te emocionan de la manera mas tonta y te hacen sonreír.
Compro una pequeña porción de lágrimas, de esas que cuando caen regeneran las ganas.
Compro la voz, la que no se olvida, la que produce una inmensa alegría, la que se echa en falta, la que provoca la risa, esa que te recuerda a una vida.
Compro a los amigos, a los que están, a los que no están, a los que están pero no están, a los que no están pero si están, a los que están aún cuando no pueden estar y a los que quieren estar pero no pueden estar.
Compro la música, la que transporta, la que te invade melancólica, la que te hace ponerte a brincar como loca... y la que aún sin saber su letra, te hace mover la boca.
Compro la creencia, a poder creer en algo o en alguien, si es que existe ese algo o ese alguien, se llame Dios o vete tú a saber como se llame.
La fe no la compro, porque no sé lo que es.
Compro los besos, los lentos, los fogosos, los eternos y los de ya no hay tiempo, los de chocar la boca de un niño y los de abuela que hacen tanto ruido.
Compro un sueño, fácil o difícil, cada uno verá hasta donde puede llegar, al menos uno hay que tener, para poder tener algo por lo que luchar.
Compro la esperanza, la ilusión, la pasión, la comprensión, la empatía, la humildad, la lealtad y todo aquello que me pueda ayudar a ser más accesible a los demás.
Compro caricias, de esas que se hacen con la mano abierta, de las que erizan, de las que giran, de las que hacen cosquillas y de las que acompañan mientras se tirita.
Compro el aquí, el ahora, el nada más me importa.
Compro el hoy, ese hoy que se transforma siempre en un todavía.
Porque el mañana ya vendrá, el pasado ya no está y el futuro quizá, no llegará.
Compro un poquito de por favor, un gracias, un no hay de qué y un a sido un auténtico placer.
Compro el silencio, ese que descansa, que te hace sentir en calma, ese que va bien para escucharse a una misma y poder así curar el alma.
Compro el poder sentirme siempre inspirada, con ideas nuevas que llenen toda esta cabeza, el innovar, el materializar, el perfeccionar cada pequeña obra maestra, el no ser conformista, el no volverme egocéntrica y tener siempre la suficiente autocrítica.
Compro las manos frías, para poder notar siempre, un corazón caliente.
Compro un recuerdo, aquel que sobrevive al paso del tiempo, ese que revives una y otra vez como si fuese el mismísimo ayer, el que te hace volver, ese que te hace crecer, el que te hizo ser y el que te deja poder ser.
Compro el aprender, el no volver a caer, el caminar siempre hacia adelante para no retroceder, el poder equivocarme y el perdón a dicha equivocación, el no errar doblemente, el conocer todos mis defectos, no justificarlos y aprender a lidiar con ellos, pero sobretodo compro, el no tener que recordarme a mi misma cuales son mis virtudes porque ya las tengo más que aprendidas.
Compro todo lo que me ayude a ser mejor persona, al igual que ya hace algún tiempo vendí, todas las malditas sobras.
http://mipasacalles.blogspot.com/2010/11/vendo.html
Compro la risa, la carcajada, esa a la que llaman exagerada y que a veces se acompaña hasta con lágrimas, la que incluye gritos, la del hipo, la tonta, la nerviosa y la mejor, esa que contagia.
Compro la felicidad, la buscada, la encontrada, la escondida, la propia y la de los demás, esa que se da, que se regala y que a cambio no espera nada.
Compro la mirada, la de deseo, la que viaja a través del tiempo, la que es capaz de rescatarte de un agujero, la tierna, la achinada, la negra, la castaña, la verde y la azulada.
Compro detalles, inesperados, esos que de tan pequeños se hacen inmensos, los que te dejan sin saber que decir, los que te emocionan de la manera mas tonta y te hacen sonreír.
Compro una pequeña porción de lágrimas, de esas que cuando caen regeneran las ganas.
Compro la voz, la que no se olvida, la que produce una inmensa alegría, la que se echa en falta, la que provoca la risa, esa que te recuerda a una vida.
Compro a los amigos, a los que están, a los que no están, a los que están pero no están, a los que no están pero si están, a los que están aún cuando no pueden estar y a los que quieren estar pero no pueden estar.
Compro la música, la que transporta, la que te invade melancólica, la que te hace ponerte a brincar como loca... y la que aún sin saber su letra, te hace mover la boca.
Compro la creencia, a poder creer en algo o en alguien, si es que existe ese algo o ese alguien, se llame Dios o vete tú a saber como se llame.
La fe no la compro, porque no sé lo que es.
Compro los besos, los lentos, los fogosos, los eternos y los de ya no hay tiempo, los de chocar la boca de un niño y los de abuela que hacen tanto ruido.
Compro un sueño, fácil o difícil, cada uno verá hasta donde puede llegar, al menos uno hay que tener, para poder tener algo por lo que luchar.
Compro la esperanza, la ilusión, la pasión, la comprensión, la empatía, la humildad, la lealtad y todo aquello que me pueda ayudar a ser más accesible a los demás.
Compro caricias, de esas que se hacen con la mano abierta, de las que erizan, de las que giran, de las que hacen cosquillas y de las que acompañan mientras se tirita.
Compro el aquí, el ahora, el nada más me importa.
Compro el hoy, ese hoy que se transforma siempre en un todavía.
Porque el mañana ya vendrá, el pasado ya no está y el futuro quizá, no llegará.
Compro un poquito de por favor, un gracias, un no hay de qué y un a sido un auténtico placer.
Compro el silencio, ese que descansa, que te hace sentir en calma, ese que va bien para escucharse a una misma y poder así curar el alma.
Compro el poder sentirme siempre inspirada, con ideas nuevas que llenen toda esta cabeza, el innovar, el materializar, el perfeccionar cada pequeña obra maestra, el no ser conformista, el no volverme egocéntrica y tener siempre la suficiente autocrítica.
Compro las manos frías, para poder notar siempre, un corazón caliente.
Compro un recuerdo, aquel que sobrevive al paso del tiempo, ese que revives una y otra vez como si fuese el mismísimo ayer, el que te hace volver, ese que te hace crecer, el que te hizo ser y el que te deja poder ser.
Compro el aprender, el no volver a caer, el caminar siempre hacia adelante para no retroceder, el poder equivocarme y el perdón a dicha equivocación, el no errar doblemente, el conocer todos mis defectos, no justificarlos y aprender a lidiar con ellos, pero sobretodo compro, el no tener que recordarme a mi misma cuales son mis virtudes porque ya las tengo más que aprendidas.
Compro todo lo que me ayude a ser mejor persona, al igual que ya hace algún tiempo vendí, todas las malditas sobras.
http://mipasacalles.blogspot.com/2010/11/vendo.html
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