Extrema riqueza,
de tu boca…
bienvenida sea,
a mis labios,
que abiertos como picos de pájaros,
piden comida mientras muerden a picotazos.
Y es que afilo mi lengua,
en contacto con el aire,
mientras se evapora el calor que desprendes,
mientras humedezco todo a su paso.
Recorriendo los vértices,
de tu cuerpo que no me cansa,
arrastro la sal del mar que te llevaste a casa,
mientras callada,
voy chupando
y lentamente,
voy tragando.
Y solo pienso en amarte,
desnudarte,
saborearte,
sabor de arte,
mudarte,
bañarte,
volver a amarte.
sin despegarme.
No sé que me das,
bueno,
si,
si que lo sé,
creo saberlo bien,
pero dicho así quizá queda mejor…
es como el aire que respiras,
al que no das importancia,
pero que necesitas.
No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.
MIS COSITAS
martes, 25 de septiembre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Late.
Mientras espera,
la ansiedad congénita,
le muestra la cara b,
del que todo lo quiere para ayer,
con impaciencia,
con descaro,
con un saber hacer indigno,
casi creído,
de aquel iluso,
que pensaba que no sabía,
que creía que no podía,
mientras se dejaba hacer
y a duras penas, hacía, también.
¡Ay! amigo,
qué loco andas tras la falda,
de aquella que presumida enseña cacha,
mientras deja caer la mirada,
así en plan descarada,
mientras disimula y hace como si nada,
poderosa,
simpática,
morigerada y de buena raza.
Late,
absurdo y extravagante,
mientras siente,
atontado y desafiante.
¡Late!,
músico loco,
¡late!
y sobre todo,
no pares..
la ansiedad congénita,
le muestra la cara b,
del que todo lo quiere para ayer,
con impaciencia,
con descaro,
con un saber hacer indigno,
casi creído,
de aquel iluso,
que pensaba que no sabía,
que creía que no podía,
mientras se dejaba hacer
y a duras penas, hacía, también.
¡Ay! amigo,
qué loco andas tras la falda,
de aquella que presumida enseña cacha,
mientras deja caer la mirada,
así en plan descarada,
mientras disimula y hace como si nada,
poderosa,
simpática,
morigerada y de buena raza.
Late,
absurdo y extravagante,
mientras siente,
atontado y desafiante.
¡Late!,
músico loco,
¡late!
y sobre todo,
no pares..
miércoles, 15 de agosto de 2012
Sí o sí.
Un sí es un sí, un vale que no se disfraza, un no cedido, un movimiento positivo.
Dime sí, aunque sea no, que el no imperativo me ciega, pregúntame si acepto y yo te diré que sí quiero, porque lo que tu quieres oír, quizá no sea lo que yo quiero decir, pero aún así, me gusta pensar que tengo la ultima palabra y el derecho a decidir, porque ceder con un no, es ganar un sí y en este caso, siempre eres tu quién sale ganando.
Dime sí, aunque sea no, que el no imperativo me ciega, pregúntame si acepto y yo te diré que sí quiero, porque lo que tu quieres oír, quizá no sea lo que yo quiero decir, pero aún así, me gusta pensar que tengo la ultima palabra y el derecho a decidir, porque ceder con un no, es ganar un sí y en este caso, siempre eres tu quién sale ganando.
miércoles, 1 de agosto de 2012
Imaginando.
Hoy estaba imaginando como sería nuestra vida si tu no te hubieses marchado.
Como hablaríamos, como nos reiríamos, cuando y dónde nos veríamos…
Como habrían cambiado las fechas importantes por otras compartidas.
Seguramente tendría fotos tuyas por toda la casa en vez de una detrás de una puerta.
Y no sé porque, pero no puedo tenerte a la vista, me dueles si veo tu imagen en cualquier parte.
Y me asombra ver lo bonito en lo que quedaste.
Porque mantienes uno a uno los rasgos, no te hiciste mayor, eres exactamente igual que lo eras hace seis años, mientras todos los demás vamos cambiando.
No puedo imaginarte con pelo blanco, ni más gordo ni más flaco, sin aquella barba que tanto me gustaba…
Tal cual eras, tal cual te recuerdo.
Siempre me ha fascinado el hecho de que cuando alguien se va, permanece siempre joven en el recuerdo de los que se quedan.
Hoy imaginaba tu apoyo, tu chiste fácil, tu risa mágica, hoy imaginaba tu empujón hasta casi caerme al suelo mientras seguro intentabas agarrarme para que no me cayera…
Y la única verdad, es que me faltas y que por más que lo intento, por más fuerte que aprieto los ojos, los dientes y los puños, nada cambia.
Pero me cuesta trabajo, mi sinsentido, ponerle orden a este algoritmo y encontrarle un resultado positivo que no interesado… a esta ecuación personal a la que me calculo.
A veces “nada” puede serlo “todo”.
Me he hecho mayor y a gatas ya no voy.
Mientras voy perdiendo esa inocencia que alguna vez fue solamente mía hasta que la entregué al mejor postor, sin carencia a noventa días.
Aquellos noventa días que tanto daño te hacían.
Y soy consciente que intentar mitigar el dolor que se aposenta en mi mientras hace metástasis alrededor de aquello a lo que llamamos corazón es como enfermar y no ir al medico por miedo a que te diga que te estás muriendo.
El monstruo nunca duerme, pero ya no me da miedo, ni tan siquiera me quita el sueño.
Ya no.
Mientras sigo diciendo aquello de que estés donde estés, que estés bien.
Algún día te iré a ver.
Como hablaríamos, como nos reiríamos, cuando y dónde nos veríamos…
Como habrían cambiado las fechas importantes por otras compartidas.
Seguramente tendría fotos tuyas por toda la casa en vez de una detrás de una puerta.
Y no sé porque, pero no puedo tenerte a la vista, me dueles si veo tu imagen en cualquier parte.
Y me asombra ver lo bonito en lo que quedaste.
Porque mantienes uno a uno los rasgos, no te hiciste mayor, eres exactamente igual que lo eras hace seis años, mientras todos los demás vamos cambiando.
No puedo imaginarte con pelo blanco, ni más gordo ni más flaco, sin aquella barba que tanto me gustaba…
Tal cual eras, tal cual te recuerdo.
Siempre me ha fascinado el hecho de que cuando alguien se va, permanece siempre joven en el recuerdo de los que se quedan.
Hoy imaginaba tu apoyo, tu chiste fácil, tu risa mágica, hoy imaginaba tu empujón hasta casi caerme al suelo mientras seguro intentabas agarrarme para que no me cayera…
Y la única verdad, es que me faltas y que por más que lo intento, por más fuerte que aprieto los ojos, los dientes y los puños, nada cambia.
Pero me cuesta trabajo, mi sinsentido, ponerle orden a este algoritmo y encontrarle un resultado positivo que no interesado… a esta ecuación personal a la que me calculo.
A veces “nada” puede serlo “todo”.
Me he hecho mayor y a gatas ya no voy.
Mientras voy perdiendo esa inocencia que alguna vez fue solamente mía hasta que la entregué al mejor postor, sin carencia a noventa días.
Aquellos noventa días que tanto daño te hacían.
Y soy consciente que intentar mitigar el dolor que se aposenta en mi mientras hace metástasis alrededor de aquello a lo que llamamos corazón es como enfermar y no ir al medico por miedo a que te diga que te estás muriendo.
El monstruo nunca duerme, pero ya no me da miedo, ni tan siquiera me quita el sueño.
Ya no.
Mientras sigo diciendo aquello de que estés donde estés, que estés bien.
Algún día te iré a ver.
lunes, 2 de julio de 2012
Ella.
Su cuerpo.
El mío.
Frío y calor.
Dos cuerpos en uno, que se fusionan.
Se funden.
Su cuerpo, siempre al dente, haga frío o calor, cubierto de una piel fina y tersa, dotado de un fino tacto, delicado, con cierto sabor a miel y tabaco.
Mi cuerpo, siempre templado, contagiado por subidas de tono, obligado sudoroso que no conoce la queja, que mantiene un bloque de hielo entre los pies mientras juega.
Frío.
Calor.
De nuevo, frío.
Sudor para un resfriado.
Ella, regala caricias a diestro y siniestro.
Yo, recibo por todas partes.
Me sume en un profundo abismo por el que no caigo, del que no despierto mientras sueño.
Sus brazos, son almohadas de plumas de oca, donde me hago sitio, donde solo yo, afortunada, encuentro la paz que necesito.
Las dos sabemos, cual es mi debilidad, quizá fácil, siempre infantil.
Tocada y hundida.
Me quedé sin barco ni flota.
Floto.
Muero.
Boca a boca de nuevo.
Vuelvo.
No conoce el egoísmo.
No finge.
Brinda con pretexto de auto-regalo.
Como quien da un refresco.
Bebe con sed.
Habla.
Habla sin parar.
No calla.
No sabe callar.
Se deja llevar.
La otra parte de la mitad, la mía, siempre sensible aunque insensible a veces, intenta aparentar, sin saber muy bien porque ni para qué, dura y critica consigo misma, ante la atenta mirada de mis ojos, fiel a mis principios, paciente. Casi siempre.
Consciente.
Las dos, fruncen el ceño en señal de incredulidad y fruncen la nariz en señal de ternura.
Ambas, fruncen el sexo en señal de necesidad.
Sin más.
Tal cual.
Una no acepta cumplidos.
La otra los pide sin parar.
Las dos aprendieron a escuchar, necesitando opinar.
No hay consejos baratos, ni frases fáciles hechas de antemano.
Una sabe andar y la otra caminar.
Que no es igual.
Una va siempre saltando como si estuviese subida a unos grandes zapatos.
La otra, perezosa, siempre va arrastrando sus pasos.
Una tan bonita, sigilosa y silenciosa, que se levanta a escondidas por su lado de la cama, no enciende luces, anda de puntillas por la casa, su cigarro y su café, su lápiz de ojos, su siempre tierna despedida, un beso, un abrazo, una sonrisa a pesar del sueño, sus tacones escaleras abajo.
La otra tan indefensa, a veces en cama otras en puerta, ojos semicerrados, legañas habitadas, desnuda y fría en la entrada, otras tapada, siempre la misma pregunta, un beso, un abrazo, una sonrisa dormida, sus pies directos a la cama.
Tan diferentes, tan fáciles.
Una tan segura, la otra tan variable.
Activos y pasivos que encuentran su cuadre.
Una se fía, la otra no engaña.
Una quiere aunque lo niega, la otra niega que también quiere.
No reconocen la felicidad mientras la hacen suya.
Pequeñas niñas quizá, ya, maduras.
El mío.
Frío y calor.
Dos cuerpos en uno, que se fusionan.
Se funden.
Su cuerpo, siempre al dente, haga frío o calor, cubierto de una piel fina y tersa, dotado de un fino tacto, delicado, con cierto sabor a miel y tabaco.
Mi cuerpo, siempre templado, contagiado por subidas de tono, obligado sudoroso que no conoce la queja, que mantiene un bloque de hielo entre los pies mientras juega.
Frío.
Calor.
De nuevo, frío.
Sudor para un resfriado.
Ella, regala caricias a diestro y siniestro.
Yo, recibo por todas partes.
Me sume en un profundo abismo por el que no caigo, del que no despierto mientras sueño.
Sus brazos, son almohadas de plumas de oca, donde me hago sitio, donde solo yo, afortunada, encuentro la paz que necesito.
Las dos sabemos, cual es mi debilidad, quizá fácil, siempre infantil.
Tocada y hundida.
Me quedé sin barco ni flota.
Floto.
Muero.
Boca a boca de nuevo.
Vuelvo.
No conoce el egoísmo.
No finge.
Brinda con pretexto de auto-regalo.
Como quien da un refresco.
Bebe con sed.
Habla.
Habla sin parar.
No calla.
No sabe callar.
Se deja llevar.
La otra parte de la mitad, la mía, siempre sensible aunque insensible a veces, intenta aparentar, sin saber muy bien porque ni para qué, dura y critica consigo misma, ante la atenta mirada de mis ojos, fiel a mis principios, paciente. Casi siempre.
Consciente.
Las dos, fruncen el ceño en señal de incredulidad y fruncen la nariz en señal de ternura.
Ambas, fruncen el sexo en señal de necesidad.
Sin más.
Tal cual.
Una no acepta cumplidos.
La otra los pide sin parar.
Las dos aprendieron a escuchar, necesitando opinar.
No hay consejos baratos, ni frases fáciles hechas de antemano.
Una sabe andar y la otra caminar.
Que no es igual.
Una va siempre saltando como si estuviese subida a unos grandes zapatos.
La otra, perezosa, siempre va arrastrando sus pasos.
Una tan bonita, sigilosa y silenciosa, que se levanta a escondidas por su lado de la cama, no enciende luces, anda de puntillas por la casa, su cigarro y su café, su lápiz de ojos, su siempre tierna despedida, un beso, un abrazo, una sonrisa a pesar del sueño, sus tacones escaleras abajo.
La otra tan indefensa, a veces en cama otras en puerta, ojos semicerrados, legañas habitadas, desnuda y fría en la entrada, otras tapada, siempre la misma pregunta, un beso, un abrazo, una sonrisa dormida, sus pies directos a la cama.
Tan diferentes, tan fáciles.
Una tan segura, la otra tan variable.
Activos y pasivos que encuentran su cuadre.
Una se fía, la otra no engaña.
Una quiere aunque lo niega, la otra niega que también quiere.
No reconocen la felicidad mientras la hacen suya.
Pequeñas niñas quizá, ya, maduras.
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