sábado, 29 de agosto de 2009

Mentiras olvidadas

Ayer, de forma inesperada, me encontré hablando de cosas que casi tenía olvidadas.

Me arrodillé y como poseída buscando aún no sé muy bien el qué, busqué y rebusqué en el baúl de los recuerdos, mientras iba lanzando las cosas hacia atrás.

Destapé la caja de Pandora.
Esa que normalmente está cerrada con llave, cadena y candado y que tan solo abro de vez en cuando.

Porque hace tiempo que deje de jugar con cajitas de muñecas, tanto que tan solo tengo un vago recuerdo de una música en la lejanía acompañando a una bailarina que no dejaba de dar vueltas y más vueltas hasta que se le acababa la cuerda.

Con cuerda a veces, yo también hablo. Voy estirando y estirando, subiéndolo poco a poco y deslizándolo, hasta que acabo sacándolo por la boca mientras me araña levemente la garganta, al ritmo de su paso.

Ayer, hablé.
Hablé de amor, no de odio.
Hablé de respeto, no de humillación.
Hablé de verdades, no de mentiras.
Esas mentiras que en su momento llegaron a ser tus verdades más mentirosas.
Y que yo, creía.
Yo te creía y tú mientras, me mentías.

Tú que mentías más que hablabas…y que aún así, podías mirarme a la cara.
Yo que inocente, bebía tus vientos y te admiraba.
Yo que tonta fui, pero al menos aprendí.

Ayer, mientras la polea izaba con cuidado mis sentimientos hasta la terraza, como si fuesen muebles y trastos viejos, me descubrí intentando redecorar mi vida con todas aquellos recuerdos y experiencias ya vividas y con un cierto olor a mueble viejo.

También me descubrí sonriendo, mientras hurgaba en la herida, que aunque fue profunda, también fue sanada…hace ya mucho tiempo.

Casi nunca hablo de ti, casi nunca te pienso, casi nunca te recuerdo.
Que difícil me resulta llegar a explicar con palabras, lo que realmente sentí y siento por ti.
Que resulte creíble que aunque no te necesito, te guardo afecto.
Que te sigo queriendo.
Querer ambiguo y extraño, porque te quiero pero también te quiero bien lejos.

Fuiste quizá la persona más importante para mí, por lo que yo pude llegar a aprender.
Fuiste quizá también el reflejo de todo aquello en lo que yo no quiero convertirme.

Contradicciones afectivas que me demuestran que sigo viva, que me demuestran que carezco de maldad, que no conozco el odio ni la venganza.
Contradicciones que me mantienen alerta, con el motor en marcha.

Conseguiste con tus formas, con tus modales y tus maneras, hacerme ver, que el lobo no es tan fiero como lo pintan, a veces lo es más.
Que la maldad existe, que es real.
Que es imposible, por poco, el amor infinito.
Que los sentimientos vienen y van, se mantienen poco y mal.
Que el respeto existe, pero tú lo desconoces.
Que la soledad empieza por una misma y acaba en los demás.
Que la rutina es algo que uno acepta, si quiere aceptar.
Que la mentira es un pez que se muerde la cola y que está en constante movimiento, siempre mordiendo.
Que el derecho a tomar decisiones está en cada puesta de sol. Y el derecho a acatarlas, también.
Que el tiempo, no tiene tiempo…y que cada una, necesita, el que necesita.
Ni mucho ni poco, el justo. El necesario.
Que la vida, no es más…que el pasar de los días, mientras una se empeña en hacer otros planes.
Eso es vivir, eso es la vida.

Todo esto aprendí, yo que creí que se acababa el mundo después de ti…
Me di cuenta que no. Me doy cuenta que no.

Te quité la importancia, te quité el mérito, te quité la pena y el arrepentimiento, te quité la inocencia, esa que nunca tuviste y de la que nunca fuiste dueña…déjame creer que te la quité, que te la robé, déjame…porque si no, dime ¿de donde he sacado yo toda esta que me sobra? ¡Dime!

Te borré, te anclé a aquel pasado que ya pasó, mientras… también, fui borrando todas tus mentiras, una a una.
Me aburrí de semejante trabajo y acabé olvidando y a la vez, perdonando.

Porque aunque no lo creas, es cierto.
No guardo rencor, no guardo ira, no guardo rabia, ni cobardía.

Guardo el sutil convencimiento de que todo el mundo recibe su recompensa, antes o después.
Guardo la efímera sensación de que algo muy bueno me espera.
Guardo el banal recuerdo de lo que se que no quiero.
Guardo la trivial afirmación de que casi todo el mundo miente.
Guardo el huidizo deseo de volver a empezar, una y otra vez, cada vez que caigo.
Guardo la fugaz alegría de volverme a enamorar.
Guardo las inmensas ganas de sentir, porque sé que la vida continúa.
Guardo un poco de miedo a las injusticias del día a día.
Guardo una curiosa empatía con los demás.
Y sobretodo guardo la fiel lealtad, siempre intacta, a todos aquellos que me demuestran lo que dicen.

Ha pasado mucho tiempo, quizá el justo y necesario, no lo sé…para poder dedicarte estas palabras.
Más que escritas, son sentidas.
Más que dolidas, son queridas.
Basta ya de guardarlas, tenían que ser dichas.
Te las dedico.
Me las dedico.
Gracias.

4 comentarios:

  1. Una vez leí que para olvidar un amor o una mala jugada de la vida debes escribir a esa persona, sin que lo sepa. Escribir lo que sientes, desahogarte, decir todo lo que le dirias y volver a repetirlo un tiempo después, cuando la herida ya ha sanado...

    Yo hice el pre pero me falta el post, aunque si ya no tengo necesidad ni de hacerlo, en el fondo, creo que es porque este ejercicio me ha ayudado, aunque sea levemente :)

    Como siempre que leo una de tus entradas digo..."esta es mi entrada preferida"

    ...hasta la próxima

    Un saludo :)

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  2. Las cuentas pendientes con los demás hay que saldarlas, sobre todo con una misma...pasar pagina y seguir leyendo, no dejar de hacerlo nunca.
    Muchas gracias doctorA...
    un beso

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  3. "Con cuerda a veces, yo también hablo. Voy estirando y estirando, subiéndolo poco a poco y deslizándolo, hasta que acabo sacándolo por la boca mientras me araña levemente la garganta, al ritmo de su paso." Sin palabras me he quedado...me encanta

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  4. Gracias, esto tb lo pense y lo termine, casi a las 4 de la mañana ;-)
    A ver si te veo pronto.
    Un saludo

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