domingo, 17 de noviembre de 2019

(In)finito(s)


Te vas contigo y sin mí.

Te veo partir,
olvidándote infinitos.
Nunca te vas,
nunca te acabas de ir,
no del todo,
no con todo.

El infinito de tu espalda,
y esa gran sombra
que siempre te acompaña,
se torna borroso...
en el punto exacto,
dónde empieza mi lucidez.
Y apenas tu vaivén,
se desdibuja en el horizonte
descubro que esta vez,
la lejanía es tal…
que ya no quiero que vuelvas.

Me veo partir,
olvidándome infinitos.
Nunca me iba,
nunca me acababa de ir,
no del todo,
no con todo.
Y ahora, sí.

Me voy conmigo y sin ti.




jueves, 14 de noviembre de 2019

Enredos

Soy muy segura.
¿o no?
Dicen de mí que soy irónica y sinceramente no comparto esa afirmación.
¿o sí?

miércoles, 13 de noviembre de 2019

¿Hasta dónde?

No tengo ni idea
de a cuánta distancia se alejan mis palabras
una vez están fuera de mi garganta.
No sé si llegan.
No sé si alcanzan.
No sé, si se pasan.

lunes, 11 de noviembre de 2019

Ambivalente

¿Qué si podría llegar a enamorarme de esa forma casi invisible que tienes de sonreír?
Creo que sí.
Bueno, no lo creo…
Sé que sí.

(Así que, sonríe mucho y que yo lo vea. Es una amenaza en toda regla)

domingo, 10 de noviembre de 2019

Intencion(es)

Si la intención es lo que cuenta…
¿Contarías con la mía de intentar hacerte feliz?
¿Te valdría?
¿O sería tal vez un propósito demasiado intencionado?

viernes, 8 de noviembre de 2019

Y te besa

Hay días en los que tengo suerte 
y algún verso se me escapa 
desde la punta de mi lengua 
hasta la esquina de tu boca.


martes, 5 de noviembre de 2019

Prensado poético

No te imaginas todo lo que me haces sentir,
aunque yo me empeñe en decir que no siento nada.
No deberías creer todo lo que te digo.
Porque no miento (y menos a ti) pero todo poeta tiene algo de mitómano.
Y no es que yo me sienta poeta (y menos ahora) pero podría hacerte creer casi todo lo que me propusiera.
Voy a intentarlo.
Te amanecí de nuevo.
No se si hicimos el amor (ya)…
o el amor nos hizo...
Y hace tanto que no amanecemos de verdad,
que tengo olvidado el color de tus mañanas,
como el de tus ojos y mira que tengo con qué compararlo…
O tu sabor, no sabes bien lo bien que sabes…
O de la efimeridad de los besos que aún no nos dimos.
Y quisiera empadronarme en tu cuerpo y obtener un permiso de residencia indefinido, para poder habitarte todas las noches sin miedo a que me deporten a donde sea que no estés tú.
Viajar fuera para volver dentro.
Para sentirlo todo desde las entrañas y no sentirme foránea.
Emigrar a tus montañas y pasarme días y noches (enteras) subiendo y bajando por ellas, hasta que dé con un volcán (en erupción) sin tener miedo a que(dar)marme con él.
He visto desnuda tu alma cientos de veces,
¿Quién necesita ver entonces un cuerpo?
Dormida eres menos anónima.
Esta sicalipsis por no tenerte es un desmán que no acepto.
Y como no lo acepto, me lo invento.
Lo ves, quizá te mentí… ¿me llegaste a creer?
Me inventé un poema con tu nombre y ni siquiera te nombré.
Imagínate.

viernes, 1 de noviembre de 2019

Un solo paso

Dicen que
del amor al odio
hay un paso.
Creo que quizá
un paso
es un trayecto demasiado largo.
Aquí estoy hablando
de algo muchísimo más insignificante.
Como una milésima de segundo en la cual
no te ha dado tiempo
ni siquiera
a separar aún
ni un milímetro
el pie del suelo.

lunes, 28 de octubre de 2019

Donde dije digo, digo Diego

Acabé diciendo lo que dije que nunca diría.
Acabé olvidando lo que creí que nunca olvidaría.
Acabé tolerando lo que dije que nunca aguantaría.
Acabé amando a quien pensé que nunca querría.
Acabé llorando por quien dije que nunca lloraría.
Acabé dolida por quien creí que nunca me dañaría.

Todo esto vivido en el pasado me hace tener un presente.
Y en este presente, a veces me hago trampas.
Prefiero hacerme trampas...
hacer como que no me doy cuenta.
Hacerme la tonta se me da bastante bien.

No quiero ver pero miro.
No quiero oír pero escucho.
No quiero opinar pero hablo.
Debería dejar de hacer tantas cosas que hago…
Pero donde dije digo digo Diego...
si aprendiera a estar callada,
no tendría que tragarme mis propias palabras.



sábado, 26 de octubre de 2019

Compro

Compro la sonrisa sincera, esa que cuenta verdad, la dedicada, la robada, la tímida y la que habla sin apenas decir nada.

Compro la risa, la carcajada, esa a la que llaman exagerada y que a veces se acompaña hasta con lágrimas, la que incluye gritos, la del hipo, la tonta, la nerviosa y la mejor, esa que contagia.

Compro la felicidad, la buscada, la encontrada, la escondida, la propia y la de los demás, esa que se da, que se regala y que a cambio no espera nada.

Compro la mirada, la de deseo, la que viaja a través del tiempo, la que es capaz de rescatarte de un agujero, la tierna, la achinada, la negra, la castaña, la verde y la azulada.

Compro una pequeña porción de lágrimas, de esas que cuando caen regeneran las ganas.

Compro la voz, la que no se olvida, la que produce una inmensa alegría, la que se echa en falta, la que provoca la risa, esa que te recuerda a una vida.

Compro a los amigos, a los que están, a los que no están, a los que están pero no están, a los que no están pero si están, a los que están aun cuando no pueden estar y a los que quieren estar pero no pueden estar.

Compro la creencia, a poder creer en algo o en alguien, si es que existe ese algo o ese alguien, se llame Dios o vete tú a saber cómo se llame.

La fe no la compro, porque no sé lo que es.

Compro los besos, los lentos, los fogosos, los eternos y los de ya no hay tiempo, los de chocar la boca de un niño y los de abuela que hacen tanto ruido.

Compro un sueño, fácil o difícil, cada uno verá hasta dónde puede llegar, al menos uno hay que tener, para poder tener algo por lo que luchar.

Compro la esperanza, la ilusión, la pasión, la comprensión, la empatía, la humildad, la lealtad y todo aquello que me pueda ayudar a ser más accesible a los demás.

Compro caricias, de esas que se hacen con la mano abierta, de las que erizan, de las que giran, de las que hacen cosquillas y de las que acompañan mientras se tirita.

Compro el aquí, el ahora, el nada más me importa.
Compro el hoy, ese hoy que se transforma siempre en un todavía.
Porque el mañana ya vendrá, el pasado ya no está y el futuro quizá, no llegará.

Compro un poquito de por favor, un gracias, un no hay de qué y un a sido un auténtico placer.

Compro el silencio, ese que descansa, que te hace sentir en calma, ese que va bien para escucharse a una misma y poder así curar el alma.

Compro las manos frías, para poder notar siempre, un corazón caliente.

Compro un recuerdo, aquel que sobrevive al paso del tiempo, ese que revives una y otra vez como si fuese el mismísimo ayer, el que te hace volver, ese que te hace crecer, el que te hizo ser y el que te deja poder ser.

Compro el aprender, el no volver a caer, el caminar siempre hacia adelante para no retroceder, el poder equivocarme y el perdón a dicha equivocación, el no errar doblemente, el conocer todos mis defectos, no justificarlos y aprender a lidiar con ellos, pero sobre todo compro, el no tener que recordarme a mí misma cuales son mis virtudes porque ya las tengo más que aprendidas.

Compro todo lo que me ayude a ser mejor persona, al igual que ya hace algún tiempo vendí, todas las malditas sobras.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Vendo

Vendo la insoportable levedad del ser cuando no sabe qué hacer.

Vendo las preguntas que no llevan a qué y vendo las respuestas que no sirven de qué.

Vendo la desgana, el cansancio, la indecisión, las dudas y algunas metáforas.

Vendo la desilusión.

Cuando nadie me oye, vendo hasta mi voz.

Vendo la tristeza, las lágrimas, el mal sueño y las malas caras.

Vendo la rutina, las obligaciones, el aburrimiento, el querer y no poder y de paso también vendo, el querer y no saber.

Vendo los sueños que no se cumplen y los que se olvidan al despertar.

Vendo los envases del vacío, los remiendos del castigo y los insultos desmentidos.

Vendo las verdades a medias y las mentiras enteras.
Vendo las mentiras que son dichas de verdad.

Vendo lo infame, las calumnias, los reproches y el descaro.

Vendo el silencio y las palabras atropelladas.

Vendo la soledad del alma, vendo el olvido, el extravío, las pocas ganas y las promesas aceleradas.

Vendo el desastre, el caos y el suicidio.
Vendo el miedo, la ira, la cólera y la desidia.
Vendo la farsa, la comedia y el drama.
Vendo la queja, la inseguridad y el egoísmo.
Vendo el falso alivio, la fatiga y la ansiedad.
Vendo la incongruencia, la desfachatez y el "pasotismo".
Vendo la desazón, la penuria, la enfermedad y el cuidado paliativo.

Vendo el cerebro cuando no hay nada dentro.

Vendo la pereza, la rutina, la cotidianidad y vendo la obligación cuando es interpuesta.

Vendo extrañar a alguien, el paso del tiempo y como éste nos hace cambiar.

Vendo a peso las cosas que pesan, las que cargan espaldas y duelen auras.

Vendo el hambre, la guerra y las armas.
Vendo las normas, las "palmaditas" en la espalda y las máscaras.
Vendo los despidos y las despedidas.

Vendo la tristeza del que se siente ignorado, el mal humor del malhumorado y la autoestima del despechado.

Vendo la infidelidad del que no sabe decir que no y vendo también las justificaciones del posterior.

Vendo la mirada triste, la de dolor, la que te busca entre la gente y te hace sentir culpable aún sin razón.

Vendo lo invendible.
Vendo los retales de una vida que ya he vivido.
Aun sabiendo que a nadie debiera interesar.




lunes, 21 de octubre de 2019

El pasado, pasado es

Superar, perdonar y olvidar el pasado.
Avanzar.
Para poder llegar a recordar el futuro con satisfacción…
cuando éste llegue y se convierta una vez más,
en un pasado un tanto cercano…
pero pasado al fin y al cabo.

viernes, 18 de octubre de 2019

Aires (Buenos) #3

Hace dos meses ya que volví de vacaciones y desde entonces, he tenido en mente esta entrada, la tercera y última de Buenos Aires.
Quizás ha sido la vez que más me ha costado coger el ritmo de nuevo, quizás ha sido la vez que más tiempo he estado de vacaciones o quizá solo ha sido la vez, en que he dejado las cosas fluir por sí solas sin contar con nadie salvo conmigo.
Y he de decir que disfrute de mi compañía.
Viajar sola es algo que nunca había hecho.
Y menos, tan lejos.
Y allí encontré, además de amigos, la sensación de que lo más importante es estar bien con uno mismo… para que ni te sobre ni te falte cariño.
Y explicado todo esto, quiero dar paso a la entrada que realmente quiero hacer.
Allí conocí a alguien especial, a alguien que me he traído conmigo… y al que considero ya, un amigo.

Aprendí con él tantas y tantas cosas…
cosas que no están en los libros, ni en la distancia, ni en la edad, ni en el olvido.
Me di cuenta, que a veces, la confianza no hace falta ganársela.
Que viene así, como regalada… y se abre paso con descaro y se sienta en la misma mesa en la que estás.
¿mira quien viene a cenar esta noche? Éramos tres en aquella cena… y en aquel baile de tango que no bailamos pero que si disfrutamos.

Quise ir a la milonga, me llevó. 
Quise ir a Caminito, me llevó. 
Y ahora que lo pienso, tendría que haberle pedido la luna, me la hubiese traído sin dudarlo y puesto en mi plato, seguro.
A veces pienso las cosas demasiado tarde… y ese es un gran defecto que tengo. Tonta de mí.

A veces también, una da con personas fáciles a las que se llega fácil, con almas pensantes, con poetas sensibles, con corazones tiernos… lo único malo de todo esto, es que das con ellas en la otra punta del mundo y no puedes seguir disfrutándolas a diario…
Y a veces, la tecnología, las redes, la poesía… se queda corta con tanta lejanía.
Allí te deje mil sonrisas en formato bolsillo para que las sacaras siempre que las necesitaras, pero ves, esto también se me antoja frío ante tu calidez.

Y pienso en aquello de que hay personas que pasan por delante pero no por dentro.
Y lo cambio y digo, que hay personas que entran directamente al corazón y se instalan como si estuvieran en su casa. Eso es tremendamente bello.
Como esa pasión por el fútbol que no entiendo pero que respeto… y a la que yo le pongo los colores de Boca simplemente porque me gusta como combinan.
Me sentí protegida contigo. Mi guardaespaldas y guía porteño.
Mi amigo bloguero, tan tierno.
A tu lado, nada malo podía pasarme.
Y nada malo, nos pasó.
  
Hoy, desde mi casa y pensándolo tarde como de costumbre, respondo a una de tus preguntas.

Si, volvería a Buenos Aires.
Solo por vos.

Así salió, amigo.
Así de bonito.


La próxima no será la primera vez que te quiero…
Como tampoco será la última vez que muero.
Carlos Perrotti.

















jueves, 17 de octubre de 2019

Pecosa

¿Tanto se me nota?
¿El qué?
Que me gustas…
Hace rato ya.
¿Y que te parece?
Confieso que me pone tontita, ¿y a ti?.
A mí, se me revuelven las pecas.
¿con qué? ¿conmigo?
Si, contigo… 
¿Y solo conmigo?
Solo contigo. 
Tienes muchas pecas…
A ti te dejo jugar con ellas, puedes hacer lo que quieras…
¿Cómo qué?
Cuéntalas, desordénalas, remuévelas, revuélvelas, piérdelas…
Se me ocurre algo mejor que hacer…
¿si? ¿el qué?
Ahora solo quiero besarte.
Pues no lo pienses más, bésame.
Y que calles de una vez.
Pues bésame durante más tiempo.
Calla…pecosa.
Prometo no decir nada mientras nos estemos besando…

martes, 15 de octubre de 2019

Ya me está bien

No quiero conocer todos tus secretos.
Ya tengo los míos.
No necesito ni de más, ni de menos, ni de nuevos.
Todos me caben aquí, en el mismo sitio.
Están bien guardaditos.