No busques poesía tradicional en este blog. Esto es lo más parecido a un poema que soy capaz de escribir.

lunes, 23 de marzo de 2020

Por tra (d) ición

Amanece y la luz va entrando tímidamente por la ventana,
en la escalera ya hay vida, se crea el ruido inevitable de quienes tienen prisa.
Me desvela el frío, las ganas de un café caliente y un áspero cigarro pasando por mi garganta.
Llueve.
Las gotas repican contra las ventanas, la uralita sonora acompasa un baile que no es de nadie... en un día que no es que se me antoje gris, es que lo es.

Tengo invisible en el pecho un dolor que me impide respirar con normalidad.
Supongo que es la preocupación de alguien que nunca la ha tenido y que no sabe que hacer con ella.

Tengo la sensación de que no sólo se me escapan de entre los dedos, el jabón, el agua o el viento.
Existe algo mucho más valioso llamado tiempo y que no consigo retener como quisiera.
El reloj avanza, las horas pasan, tiempo infinito que queda en nada.
Horas, minutos, segundos que escapan.
Incesantes,
se marchan.
Y el tiempo pasa y marca la pauta.
Lo real y lo ficticio, en ese limbo me encuentro.

Tantas cosas por hacer y tanto tiempo para hacerlas.
Ralentizo mis constantes para no ahogarme.
Para que no me invada el miedo y lo más importante, para que no me paralice.
Y me ha vuelto a pasar…
he vuelto a pensar en ella.
En él,
en ellos,
en todo.
Estos días se ha convertido en una bonita rutina a seguir.
Quizá la única.
Y en la suerte.
Que parece que está echada y que no permite marcarse ningún farol.
Me deseo suerte conmigo misma, (la) me voy a necesitar.

Estoy creando recuerdos para poder hacer memoria dentro de un tiempo.
Supongo que es cuestión de paciencia.
Cuando la tienes...
y si no la tienes o no sabes lo que es...
entonces ya no sé de qué se trata…

Porque ser sensible no significa no ser fuerte.
Me digo.

Y aplaco mis ganas de crear un huracán, me doy un respiro y con un suspiro me doy cuenta de todo lo que soy capaz.
Donde me lleva el pensamiento no me llevan los pies.
Y sigo aquí, no me marcho a ningún sitio.

Dos cucharadas de realidad para quien no quiere sopa.
Ese va a ser mi menú de hoy.
Son las siete de la tarde.
Y empiezo a tener hambre.


Esto supera la ficción. 
Debe de ser la realidad.


domingo, 22 de marzo de 2020

Perecederos

¿Cuántas vidas tienen los poemas?
¿Cuántas veces habremos muerto ya?
La poesía dicen que tiene caducidad.
Aunque quizá los caducos,
seamos nosotros...

Consumir preferentemente antes de: abril 2020.

viernes, 20 de marzo de 2020

Que cuando...

Es que no puedo ser más yo,
que cuando estoy contigo…
que cuando me miras y me dejas,
y levantas una ceja,
y haces algún comentario sarcástico,
y nos reímos las dos,
sin importarnos.

No puedo ser más mía,
más simple,
más terca…
que cuando me besas y deletreas,
en silencio palabras necias…
con esa cara dulce,
con esa sucia lengua.

Es que no puedo ser más yo,
que cuando estoy contigo.
Porque contigo he encontrado ese equilibrio,
entre el ser y estar,
y no necesito aparentar,
ni exagerar,
ni inventar…
nada que no sea realidad.

Para ti no hay malas experiencias,
no hay muros ni barreras,
ni corazas ni falsas promesas,
ni palabras inventadas para otra que no seas tú.

Es que no puedo ser más yo,
que cuando me escuchas,
que cuando me entiendes,
que cuando callas y asientes,
que cuando no juzgas y comprendes,
lo que acabo de contarte…
aunque tú no lo apruebes.

Es que no puedo ser más yo,
que cuando me vuelvo egoísta,
egocéntrica y narcisista,
y pienso en voz alta pero te hablo en voz baja,
y te miro y te miento (a medias),
y se me escapa la sonrisa (entera),
porque sabes que no se mentir (aunque lo intente).
Y sé que no me crees
y no quiero convencerte…
de mentiras que son dichas de verdad,
aunque me digas que sí con la boca
y no con la cabeza.
Es que no puedo ser más yo…
que cuando estoy contigo…
y puedo decirte las cosas,
tal y como las pienso…
con esta viperina lengua,
que te habla y que te besa…
con tanta delicadeza.

miércoles, 18 de marzo de 2020

Salvándonos

No sé quién rescata a quién.
¿Si tú a mi
o
yo a ti?
y así estamos…
(siempre)
salvándonos mutuamente.

domingo, 15 de marzo de 2020

Nece (si) dad

Lo queremos todo pero hacemos lo justo para conseguirlo, la ley del mínimo esfuerzo con el máximo resultado.
Y no sé si ese es el problema o la solución, que nunca nos conformamos con lo que tenemos.
Lo primero no interesa.
Lo segundo ya no es suficiente.
Y entre problemas y soluciones, se nos olvida el altruismo para con los demás.
Y ese interés tan propio, ese "servido yo… servido todo el mundo", ese egoísmo tan frívolo, tan mundano y tan arcano, nos hace peores, de peor calidad… aunque nos neguemos a admitirlo.
Mientras, intento convencerme de que hay una cura contra ese mal y lo único que hago es hacerle trampas a mi ignorancia.
Deberíamos aprender a distinguir lo que queremos de lo que necesitamos.
Porque no son lo mismo.
A veces, son más grandes las ganas de que nos guste algo/alguien a que nos guste de verdad.
Y el vamos a probar a ver si… por casualidad…
No funciona.
Debería frenarnos e intentar no hacer daño tan gratuitamente a los demás.
Puede que hoy tenga un mal día (porque los tengo) o que necesite de mis verdades para que no me parezca todo tan ruin como en definitiva lo es.
Puede que cambie mi voz pero nunca cambiarán mis palabras.
Pienso poner los puntos sobre las íes… y los acentos, que siempre me los dejo…
Hay días en los que ya no puedo estirar más las horas.
Unas horas elásticas que están a punto de romperse al mínimo descuido.
Hay días en los que irme a dormir antes de tiempo, me parece la mejor opción contra la rabia que siento y llevo dentro.
Somos las decisiones que tomamos pero explicaciones que no nos las pidan porque no las queremos dar.

Y yo aquí hoy,
quizá…
ya he dado demasiadas.