Hay una soledad interpuesta entre las dos,
solitaria y tosca.
Y un reflejo en el espejo
de alguien a quien no logro reconocer.
Silente mirada introspectiva,
reflexiva y consciente, crítica.
No reconozco
ese arranque de valentía
de quien no quiere mirar pero mira,
de quien quiere mirar sin ser vista.
Me vuelve invisible como el olvido.
Un abismo interno
que lo ocupa todo...
creando un inmenso vacío
que se vuelve difuso
justo antes de llegar al precipicio
al cual me asomo
y que por el vértigo y el mal de alturas
no logro saltar nunca.