miércoles, 29 de junio de 2011

38

Una hoja en blanco y algo que decir, aunque aún no sé muy bien el qué.
Unas ganas locas de crear algo, que tenga sentido, que sea sentido…
Y es que el mes de Junio, se me antoja triste, sombrío…
Si, ya sé, esas malditas fechas a recordar y que aún queriendo olvidar no puedo olvidar.
Como flechas clavadas en una diana.
Pero es así, vienes y te vas, pero nunca te quedas.
Y muy a mi pesar, en el intento de no olvidar, cada día lo hago un poco más.
Maldita suerte la mía.
Maldita dulzura la tuya.
Y tus ojos marrones,
camaleónicos verdes…
que hacían perder el sentido…
Bonitos, si…aunque apenas los recuerdo ya.
Y me ayudo con fotos para no olvidar su color, para no olvidar tu cara.
Quisiera que una imagen me recordara tu carcajada, enlatada, para abrirla cuando me diera la gana.
Contagiada.
Para reír juntos.
Si, ya sé, suena fatal…
suena a desastre…
suena a lo que soy…
Pero aquí siempre digo lo que pienso, lo que siento, como si nadie leyera, como si nadie opinara….como si nadie sintiera pena, solo yo.
Y sé que no es así…y no es que me de igual, solo hablo por hablar.
Digo lo que necesito sacar y ya.
Descargo la ira, la rabia, lo que me da la real gana.
Porque eternas son las horas, en las que poder divagar…e inútil a veces el poder crear.
No hay tiempo,
no hay espacio,
ni nada que pueda pesarlo.
No hay baremo,
no hay esquemas,
nada que pueda medir la espera.
No hay bote, ni pequeño ni grande, donde meter el aire que se deja de respirar.
Y me viene a la mente, desde hace días, un cuento de los que contar.
El de aquel reloj parado a las siete.
http://geneura.ugr.es/~jmerelo/atalaya/print.cgi?id=/historias/6934&nombre=xdreus
Y yo como aquel reloj, dos veces al día siento que me dan cuerda, que estoy en sintonía…
Y otras dos siento al ralentí, la cuerda se para, no hay cucos, ni campanas.
Ni nadie que nos diga que demonios pasa.
Pero es que hay horas, hay días, hay fechas, en las que todo gira.
Y hay otras en las que el tiempo se para, hasta la vida se detiene por vaga.
Hace días que desperté de aquel mal sueño,
letargo de dolor incesante,
que a veces duerme y otras hace que el tiempo pase demasiado rápido.
Controversia de opiniones que divide en dos mi propio yo.
Y es que aquella pesadilla que se repetía por las noches, dejo de visitarme.
Solo tenía miedo a una cosa y era a no verte…
Y he tenido que aprender a no hacerlo.
¿Sabes?
No necesité perderte para darme cuenta de cuanto te quería.
Mientras tú seguirás allí y yo no me moveré de aquí…
Y te seguiré hablando de vez en cuando creyendo que me escuchas, mientras soy consciente de que quizá no lo haces, no porque no quieras si no porque no sabes…
Gracias por hacerme olvidar y hacerme recordarte.
Que estés donde estés, que estés bien.
Ya sabes.
Ya sabéis.