miércoles, 23 de marzo de 2011

Yo tampoco

Debilidades que en el espacio que nos rodea, se tornan autóctonas.
Y despierto, sin habla, sin cordura, sin demasiada energía…
Y dentro de ese posible sueño que estoy viviendo, sigo desperezando el cuerpo, como si pudiese echarme a volar en cualquier momento.
Entra poca luz, la justa, la necesaria para poder ver que tus ojos también están hinchados y la suficiente para poder entender todas tus largas explicaciones sin palabras.
El bon día, de cada día.
El dulce tono de tu voz… el tacto de tus palabras… finas y delicadas, susurrándome al oído, tanto que apenas puedo escucharlas.
Asiento con algo más que con la cabeza.
Si a todo.
Me dejo llevar.
Tus besos, las caricias que repartes por doquier… sin control ni miramiento.
Haces de esa media hora de ternura la más dulce de las despedidas.
Y la fuerza del imán que me atrae de nuevo al lado opuesto…
No es más que la necesidad aplastante que me entra por querer volver a verte, cada vez que me separo.
Empiezo a necesitarte a todas horas y todas las horas me parecen buenas.
Y cortas.
Muy cortas.
Y camino del año y esto no se para.
Aumenta a cada paso…
Mientras que mis pies siguen siendo puntuales…
Y esta ilusión cada vez más grande.
Y hay noches… algunas noches, que la odisea del recuerdo me lleva a través del tiempo y me hace extrañarte en cantidades industriales.
¿Como puede ser que eche de menos los besos que aún no me has dado?
Mientras pierdo la noción de las horas, sufro el descanso, mi reloj parece pararse y la vigilia se me hace eterna…
Y no pido más que algo de tiempo para poder tener tiempo y poder verte de nuevo.
Y es que me acostumbraste a tu abrazo nocturno y cuando no estás siento que me falta algo.
Como a un niño que no le cuentan un cuento antes de dormir y necesita algo de luz para paliar los miedos que giran alrededor de un armario que no tiene fondo.
Y a sustos voy, sin remedio.
Mientras me escondo tras la almohada y hago mi trinchera con la sabana.
Esa que pide cambio, cada dos o tres días… debido a ya sabes tu qué…
Y no hay ruidos, ni gemidos, ni nada que cree miedos…
Silencio absoluto bajo estas cuatro paredes, bajo la tela que cubre mi cuerpo desnudo y un tanto frío…
Anocheció sin permiso,
se dejo caer la oscuridad,
el frío,
esa soledad…
Hoy si, hoy existe el frío.
Pero me das frío cuando lo necesito y calor cuando lo necesito pero no te lo pido.
Así que no existe la queja, solo algo de pena.
Por pedir lo que creo que es mío… y que por ser mío, lo necesito.
Mientras que no puedo dejar de pensar en ti, en tus mañanas, en tus tardes, en tus noches y en tus agitadas madrugadas.
Yo no sé que ocurre ni qué me pasa… ando idiotizada.
Pero es que tus dedos se mueven rápidos y mi vista quizá cansada, no puede seguir el ritmo que marca el piano.
Y esta cabeza que apenas retiene nada, no puede olvidar tu cara.
Está infinitamente grabada.
He dibujado con mis dedos un círculo alrededor de tu ombligo y tu lo has convertido en algo vicioso y adictivo.
Así sin más…
¡Descarada!
Dime como has podido….
Como te has atrevido…
¿podrías repetirlo?.
¡Uno al día, que maravilla!
A ti te gusta el sexo y a mi me gusta tu sexo.
Tándem perfecto.
Y callo de golpe toda mi verborrea para enseñarte lo que se hacer con esta lengua que no es hablar.
Paso de hablar más.
Porque a veces calladita, estoy más guapa… y a ti, algún día, te voy a comer enterita…
No te fíes.
Que vendré por la espalda.
Que a mi ya no hay quien me pare… ni siquiera tu.
Ni tan siquiera yo.
Pero es que no me canso, no me cansas.
El “yo tampoco” , me suena mejor que el “yo también”.
Y tu ya sabes el porque…


Comptine d'un autre Été, L'après-Midi / Yann Tiersen

martes, 1 de marzo de 2011

Incendios de nieve y calor

Bajo la atenta mirada de tus pupilas, encuentro escondite donde perder la vergüenza.
El despojo de mis sonrojos, que cada vez pierdo con más frecuencia, se tornan descarados cuando la luz se vuelve tenue y la ropa interior se amontona en el suelo de la habitación.

Nos miramos.
Sonreímos.
Y callamos.

Silencio en la boca, que siempre apoya.
El beso que pones, mientras lo escondes.
Mientras me buscas y no se que esperas encontrar.
Tus manos frías buscando siempre el calor que albergo en mi interior.
Las caricias de tus dedos, erizan a su paso cada palmo de mi cuerpo,
envejeciéndolo por momentos, arrugando la corteza que acaba mudando en piel.
Mientras que esa piel adquiere de nuevo su textura sedosa,
nos vamos olvidando de ese frío que no es frío, sino un escalofrío revertido.

Erizada tu piel,
también,
al paso de mi susurro…
Hablándote bajito para que apenas puedas oírlo.
Tu cuerpo destemplado,
me contagia de nuevo el frío,
mientras que poco a poco vamos sintiendo el calor y vamos fundiendo el hielo,
ya sabes… incendios de nieve y calor…
calor...

Buscas y al final encuentras.
De palabra y deseo fácil que apenas sabe negarse.
No te avergüences,
no,
no te avergüences nunca de eso…

Estás tan bonita…
tan,
tan bonita…