lunes, 31 de agosto de 2009

De rotos y descosidos

Quiero ponerme a coser detalles, pequeños e insignificantes, pero no por eso menos importantes.
Pequeños agujeros, pequeños deshilaches, pequeñas carreras que se fueron haciendo grandes.
Como grande se hizo la montaña de calcetines que fui acumulando y que acabé tirando, sin más.

Hablo de pequeños montones de sensaciones, de pensamientos, de esperanzas, de ilusiones, de absurdidades.

Quizá es la mejor manera de dejar de aburrirme, sentarme aquí y escribir, dejar de hacer mil viajes hasta la nevera en cada ocasión en la que no se que hacer, sobretodo porque de antemano se, que no hay nada en la nevera…la compra no se hace sola, esa es la única verdad.

En la televisión no dan nada interesante, aunque eso no es algo verdaderamente extraño, viene siendo el día a día, debería estar acostumbrada, por más canales que tenga el televisor, acabo viendo siempre las mismas cosas, y esas mismas cosas me siguen pareciendo aburridas.

Prefiero escuchar mil veces esa canción que me pone los pelos de punta.
Hasta que me la aprenda. Hasta que la aburra.
Hasta que adopte un peculiar olvido sin que realmente se olvide, porque por dentro seguirá poniendo los pelos de punta siempre.
Son canciones con las cuales, me convenzo a mi misma de que pasé la prueba, de que sus minutos son superables, de que ya no duelen…canciones que fueron un pasado, que el azar a veces me hace que sean un presente, y que seguirán siendo un futuro.
Canciones que me dejan un dulce pero a la vez, amargo sabor de boca.
Son canciones que vienen y van, como las sensaciones, como nosotros.

Viajeros en el tiempo que nos transportamos una y otra vez a donde se nos antoja.
Física y mentalmente.
Nerviosos preparamos maletas en cada viaje, y sin duda, no podemos pegar ojo la noche de antes.
Para disfrutar de quince tristes días al año, que saben a poco, siempre.

Idas y venidas en coche, en avión. Que extraña sensación cuando al aterrizar y salir al exterior, encuentras una cara amiga, que te recibe con los brazos abiertos y te dice, como te he echado de menos.
Como tristes son las despedidas en ese mismo punto, cuando te marchas y no sabes cuando podrás volver de nuevo.
Que tristes las despedidas, que alegres los encuentros.

Curiosa casualidad encontrarse con alguien que hace días te vino a la mente, al que no ves nunca, al que no esperas. Y al girar cualquier esquina, chocas con la siempre simple alegría.

Curioso también es viajar a algún lugar lejano y de golpe escuchar tu nombre entre el bullicio de la gente.
Con la pregunta típica en estas situaciones. ¿Tu que haces aquí?
Es tan sencillo, ¡como hago lo mismo que tu!
Viajar fuera para volver dentro.

Siempre volver a casa.
Ese lugar tan intimo y que acabamos echando de menos siempre que salimos por un tiempo.

Y volver a casa y abrir el buzón. Pensando que tendrás cartas. Noticias importantes. Postales.
Siempre hay facturas.

Recuerdo hace años cuando me escribía con papel y bolígrafo, añadíamos fotos, cualquier tontería era graciosa, corría a matar el sello y la enviaba con una extraña ilusión esperando la respuesta.
Que sensación abrir el buzón y encontrarla.
Ahora también abrimos el correo, pero el electrónico…y nos encontramos cientos de mensajes después de unos días de desconexión.
Borramos y borramos hasta que nos quedamos con los importantes, con los que realmente dicen algo interesante, los que han sido dueños de un tiempo, un cariño y un esfuerzo.

Como han cambiado los tiempos, mientras escribo pienso en lo que acabo de decir, y tengo la sensación de haber envejecido mucho más de lo que en verdad lo he echo.
Que me adapto a los tiempos, nos adaptamos, años atrás según que cosas eran inimaginables…hoy queda todo obsoleto.

Recuerdo mi primer móvil, a mis 20 años y porque me independicé.
Recuerdo su tamaño. Su gran tamaño.
Hoy en día, en P3 ya tienen uno. Y saldo.
Como cambian los tiempos….como cambian.

Pero volvamos a las sensaciones…y hablando de llamadas, que decir de aquellas que te dicen que te harán mientras tu sabes que no lo harán.
O esa otra llamada que esperas y que nunca llega y que llega cuando ya no la esperas.
Y por lo tanto, ya no la deseas.

Gestos, promesas, palabras o pruebas.
Probar a alguien, a conciencia, y saber de antemano la respuesta…y no equivocarte.
Escuchar tu voz interna quisquillosa y repelente diciéndote, ¡lo sabias!
O equivocarte y sentirte sorprendida a la vez que un tanto avergonzada.

Aunque prefiero no probar, prefiero no jugármela al todo o nada.
Prefiero ser selectiva y elegir buenas personas que me rodeen. Que al menos sean transparentes.
Cuando tienes que poner a prueba a alguien, mal camino lleva….

Amigos que cada uno con sus maneras, con sus formas, dan lo que tienen, dan lo que hay.
Amigos con una función personal, cada uno sabe para que les sirven, cuanto quieren, cuanto dan y cuanto están. Y para que están.
Eso hay que tenerlo claro siempre, invirtiendo el ángulo y mirándose el ombligo a una misma y por tanto, de vez en cuando, mirándoselo a los demás.
Siempre hay amigos para risas, amigos para charlas, amigos para nada y amigos que te cargan las pilas siempre de energía positiva…tanto, tanto, que tienes la sensación de que ya no te cabe más…por cierto ¡Maite, tengo ganas de que me recargues!.

Que bueno es tener amigos…buenos amigos…y quererlos y que te quieran…que sensación tan buena.

Tomar café con ellos…y saborear ese último sorbo…está tan bueno.
Mientras acompaña un cigarro que mientras también, se va evaporando.

Como ahora, que mientras escribo, enciendo uno y apenas lo fumo…me parece más, no sé, más interesante, más misterioso, más ambiguo….que gran tontería.

Que plenitud empezar un escrito y acabarlo. Como este. Aunque no diga nada importante. Aunque no tenga sentido. De sinsentidos esta mi vida llena.

Jugaré de vez en cuando al cupón y seguiré sintiendo una tremenda alegría, cuando me toque la devolución.

Seguiré escribiendo, seguiré riendo, seguiré suplicando que pasen más lento esos diez minutos de margen que me da el despertador hasta que vuelve a sonar, aunque pasen más rápido que todos los demás…porque diez minutos dan para mucho, dan para muchas miradas, dan para muchas palabras, dan para alguna que otra llamada, dan muchas sensaciones nuevas en cada segundo, en cada milésima de segundo, diez minutos dan para lo que cada uno queramos que nos den, invertirlos o no ya depende de muchas otras cosas, dan para prepararse un vaso de leche caliente antes de dormir, dan para poder leer todas estas tonterías, dan lo suficiente para que yo te los robe y me sienta su dueña. Dan para pedir perdón por hacerlo. Dan para dar muchas veces las gracias. Para dar muchos besos, muchos abrazos y estrechar unas cuantas manos.

Dan para coser rotos y descosidos.
Dan vida.
Diez minutos más, a veces, lo son todo.

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