lunes, 31 de agosto de 2009

De rotos y descosidos

Quiero ponerme a coser detalles, pequeños e insignificantes, pero no por eso menos importantes.
Pequeños agujeros, pequeños deshilaches, pequeñas carreras que se fueron haciendo grandes.
Como grande se hizo la montaña de calcetines que fui acumulando y que acabé tirando, sin más.

Hablo de pequeños montones de sensaciones, de pensamientos, de esperanzas, de ilusiones, de absurdidades.

Quizá es la mejor manera de dejar de aburrirme, sentarme aquí y escribir, dejar de hacer mil viajes hasta la nevera en cada ocasión en la que no se que hacer, sobretodo porque de antemano se, que no hay nada en la nevera…la compra no se hace sola, esa es la única verdad.

En la televisión no dan nada interesante, aunque eso no es algo verdaderamente extraño, viene siendo el día a día, debería estar acostumbrada, por más canales que tenga el televisor, acabo viendo siempre las mismas cosas, y esas mismas cosas me siguen pareciendo aburridas.

Prefiero escuchar mil veces esa canción que me pone los pelos de punta.
Hasta que me la aprenda. Hasta que la aburra.
Hasta que adopte un peculiar olvido sin que realmente se olvide, porque por dentro seguirá poniendo los pelos de punta siempre.
Son canciones con las cuales, me convenzo a mi misma de que pasé la prueba, de que sus minutos son superables, de que ya no duelen…canciones que fueron un pasado, que el azar a veces me hace que sean un presente, y que seguirán siendo un futuro.
Canciones que me dejan un dulce pero a la vez, amargo sabor de boca.
Son canciones que vienen y van, como las sensaciones, como nosotros.

Viajeros en el tiempo que nos transportamos una y otra vez a donde se nos antoja.
Física y mentalmente.
Nerviosos preparamos maletas en cada viaje, y sin duda, no podemos pegar ojo la noche de antes.
Para disfrutar de quince tristes días al año, que saben a poco, siempre.

Idas y venidas en coche, en avión. Que extraña sensación cuando al aterrizar y salir al exterior, encuentras una cara amiga, que te recibe con los brazos abiertos y te dice, como te he echado de menos.
Como tristes son las despedidas en ese mismo punto, cuando te marchas y no sabes cuando podrás volver de nuevo.
Que tristes las despedidas, que alegres los encuentros.

Curiosa casualidad encontrarse con alguien que hace días te vino a la mente, al que no ves nunca, al que no esperas. Y al girar cualquier esquina, chocas con la siempre simple alegría.

Curioso también es viajar a algún lugar lejano y de golpe escuchar tu nombre entre el bullicio de la gente.
Con la pregunta típica en estas situaciones. ¿Tu que haces aquí?
Es tan sencillo, ¡como hago lo mismo que tu!
Viajar fuera para volver dentro.

Siempre volver a casa.
Ese lugar tan intimo y que acabamos echando de menos siempre que salimos por un tiempo.

Y volver a casa y abrir el buzón. Pensando que tendrás cartas. Noticias importantes. Postales.
Siempre hay facturas.

Recuerdo hace años cuando me escribía con papel y bolígrafo, añadíamos fotos, cualquier tontería era graciosa, corría a matar el sello y la enviaba con una extraña ilusión esperando la respuesta.
Que sensación abrir el buzón y encontrarla.
Ahora también abrimos el correo, pero el electrónico…y nos encontramos cientos de mensajes después de unos días de desconexión.
Borramos y borramos hasta que nos quedamos con los importantes, con los que realmente dicen algo interesante, los que han sido dueños de un tiempo, un cariño y un esfuerzo.

Como han cambiado los tiempos, mientras escribo pienso en lo que acabo de decir, y tengo la sensación de haber envejecido mucho más de lo que en verdad lo he echo.
Que me adapto a los tiempos, nos adaptamos, años atrás según que cosas eran inimaginables…hoy queda todo obsoleto.

Recuerdo mi primer móvil, a mis 20 años y porque me independicé.
Recuerdo su tamaño. Su gran tamaño.
Hoy en día, en P3 ya tienen uno. Y saldo.
Como cambian los tiempos….como cambian.

Pero volvamos a las sensaciones…y hablando de llamadas, que decir de aquellas que te dicen que te harán mientras tu sabes que no lo harán.
O esa otra llamada que esperas y que nunca llega y que llega cuando ya no la esperas.
Y por lo tanto, ya no la deseas.

Gestos, promesas, palabras o pruebas.
Probar a alguien, a conciencia, y saber de antemano la respuesta…y no equivocarte.
Escuchar tu voz interna quisquillosa y repelente diciéndote, ¡lo sabias!
O equivocarte y sentirte sorprendida a la vez que un tanto avergonzada.

Aunque prefiero no probar, prefiero no jugármela al todo o nada.
Prefiero ser selectiva y elegir buenas personas que me rodeen. Que al menos sean transparentes.
Cuando tienes que poner a prueba a alguien, mal camino lleva….

Amigos que cada uno con sus maneras, con sus formas, dan lo que tienen, dan lo que hay.
Amigos con una función personal, cada uno sabe para que les sirven, cuanto quieren, cuanto dan y cuanto están. Y para que están.
Eso hay que tenerlo claro siempre, invirtiendo el ángulo y mirándose el ombligo a una misma y por tanto, de vez en cuando, mirándoselo a los demás.
Siempre hay amigos para risas, amigos para charlas, amigos para nada y amigos que te cargan las pilas siempre de energía positiva…tanto, tanto, que tienes la sensación de que ya no te cabe más…por cierto ¡Maite, tengo ganas de que me recargues!.

Que bueno es tener amigos…buenos amigos…y quererlos y que te quieran…que sensación tan buena.

Tomar café con ellos…y saborear ese último sorbo…está tan bueno.
Mientras acompaña un cigarro que mientras también, se va evaporando.

Como ahora, que mientras escribo, enciendo uno y apenas lo fumo…me parece más, no sé, más interesante, más misterioso, más ambiguo….que gran tontería.

Que plenitud empezar un escrito y acabarlo. Como este. Aunque no diga nada importante. Aunque no tenga sentido. De sinsentidos esta mi vida llena.

Jugaré de vez en cuando al cupón y seguiré sintiendo una tremenda alegría, cuando me toque la devolución.

Seguiré escribiendo, seguiré riendo, seguiré suplicando que pasen más lento esos diez minutos de margen que me da el despertador hasta que vuelve a sonar, aunque pasen más rápido que todos los demás…porque diez minutos dan para mucho, dan para muchas miradas, dan para muchas palabras, dan para alguna que otra llamada, dan muchas sensaciones nuevas en cada segundo, en cada milésima de segundo, diez minutos dan para lo que cada uno queramos que nos den, invertirlos o no ya depende de muchas otras cosas, dan para prepararse un vaso de leche caliente antes de dormir, dan para poder leer todas estas tonterías, dan lo suficiente para que yo te los robe y me sienta su dueña. Dan para pedir perdón por hacerlo. Dan para dar muchas veces las gracias. Para dar muchos besos, muchos abrazos y estrechar unas cuantas manos.

Dan para coser rotos y descosidos.
Dan vida.
Diez minutos más, a veces, lo son todo.

sábado, 29 de agosto de 2009

Mentiras olvidadas

Ayer, de forma inesperada, me encontré hablando de cosas que casi tenía olvidadas.

Me arrodillé y como poseída buscando aún no sé muy bien el qué, busqué y rebusqué en el baúl de los recuerdos, mientras iba lanzando las cosas hacia atrás.

Destapé la caja de Pandora.
Esa que normalmente está cerrada con llave, cadena y candado y que tan solo abro de vez en cuando.

Porque hace tiempo que deje de jugar con cajitas de muñecas, tanto que tan solo tengo un vago recuerdo de una música en la lejanía acompañando a una bailarina que no dejaba de dar vueltas y más vueltas hasta que se le acababa la cuerda.

Con cuerda a veces, yo también hablo. Voy estirando y estirando, subiéndolo poco a poco y deslizándolo, hasta que acabo sacándolo por la boca mientras me araña levemente la garganta, al ritmo de su paso.

Ayer, hablé.
Hablé de amor, no de odio.
Hablé de respeto, no de humillación.
Hablé de verdades, no de mentiras.
Esas mentiras que en su momento llegaron a ser tus verdades más mentirosas.
Y que yo, creía.
Yo te creía y tú mientras, me mentías.

Tú que mentías más que hablabas…y que aún así, podías mirarme a la cara.
Yo que inocente, bebía tus vientos y te admiraba.
Yo que tonta fui, pero al menos aprendí.

Ayer, mientras la polea izaba con cuidado mis sentimientos hasta la terraza, como si fuesen muebles y trastos viejos, me descubrí intentando redecorar mi vida con todas aquellos recuerdos y experiencias ya vividas y con un cierto olor a mueble viejo.

También me descubrí sonriendo, mientras hurgaba en la herida, que aunque fue profunda, también fue sanada…hace ya mucho tiempo.

Casi nunca hablo de ti, casi nunca te pienso, casi nunca te recuerdo.
Que difícil me resulta llegar a explicar con palabras, lo que realmente sentí y siento por ti.
Que resulte creíble que aunque no te necesito, te guardo afecto.
Que te sigo queriendo.
Querer ambiguo y extraño, porque te quiero pero también te quiero bien lejos.

Fuiste quizá la persona más importante para mí, por lo que yo pude llegar a aprender.
Fuiste quizá también el reflejo de todo aquello en lo que yo no quiero convertirme.

Contradicciones afectivas que me demuestran que sigo viva, que me demuestran que carezco de maldad, que no conozco el odio ni la venganza.
Contradicciones que me mantienen alerta, con el motor en marcha.

Conseguiste con tus formas, con tus modales y tus maneras, hacerme ver, que el lobo no es tan fiero como lo pintan, a veces lo es más.
Que la maldad existe, que es real.
Que es imposible, por poco, el amor infinito.
Que los sentimientos vienen y van, se mantienen poco y mal.
Que el respeto existe, pero tú lo desconoces.
Que la soledad empieza por una misma y acaba en los demás.
Que la rutina es algo que uno acepta, si quiere aceptar.
Que la mentira es un pez que se muerde la cola y que está en constante movimiento, siempre mordiendo.
Que el derecho a tomar decisiones está en cada puesta de sol. Y el derecho a acatarlas, también.
Que el tiempo, no tiene tiempo…y que cada una, necesita, el que necesita.
Ni mucho ni poco, el justo. El necesario.
Que la vida, no es más…que el pasar de los días, mientras una se empeña en hacer otros planes.
Eso es vivir, eso es la vida.

Todo esto aprendí, yo que creí que se acababa el mundo después de ti…
Me di cuenta que no. Me doy cuenta que no.

Te quité la importancia, te quité el mérito, te quité la pena y el arrepentimiento, te quité la inocencia, esa que nunca tuviste y de la que nunca fuiste dueña…déjame creer que te la quité, que te la robé, déjame…porque si no, dime ¿de donde he sacado yo toda esta que me sobra? ¡Dime!

Te borré, te anclé a aquel pasado que ya pasó, mientras… también, fui borrando todas tus mentiras, una a una.
Me aburrí de semejante trabajo y acabé olvidando y a la vez, perdonando.

Porque aunque no lo creas, es cierto.
No guardo rencor, no guardo ira, no guardo rabia, ni cobardía.

Guardo el sutil convencimiento de que todo el mundo recibe su recompensa, antes o después.
Guardo la efímera sensación de que algo muy bueno me espera.
Guardo el banal recuerdo de lo que se que no quiero.
Guardo la trivial afirmación de que casi todo el mundo miente.
Guardo el huidizo deseo de volver a empezar, una y otra vez, cada vez que caigo.
Guardo la fugaz alegría de volverme a enamorar.
Guardo las inmensas ganas de sentir, porque sé que la vida continúa.
Guardo un poco de miedo a las injusticias del día a día.
Guardo una curiosa empatía con los demás.
Y sobretodo guardo la fiel lealtad, siempre intacta, a todos aquellos que me demuestran lo que dicen.

Ha pasado mucho tiempo, quizá el justo y necesario, no lo sé…para poder dedicarte estas palabras.
Más que escritas, son sentidas.
Más que dolidas, son queridas.
Basta ya de guardarlas, tenían que ser dichas.
Te las dedico.
Me las dedico.
Gracias.

jueves, 27 de agosto de 2009

80162

Hoy he comprado un cupón.
80.162 para ser exactos.

Al pasar por delante del chico, reconozco, me dio pena.
Suspiraba y se secaba el sudor de la frente, con la mirada perdida, me dio penita, pena de esa que te pone sensible.

Ya lo había pasado, cuando de golpe…paré en seco, volví sobre mis pasos y antes de pronunciar palabra, me dijo… ¿quieres uno?...a lo que le respondí, claro…al menos venderás alguno mientras pasas calor.

El sonrió.
Yo también.

El me miró pero no me vio.
Yo si que lo vi.

Me dio pena sensible otra vez.
De esa que tampoco se ve, pero que está.

¿Que numero quieres?
Tu mismo, el que tú veas… (La expresión no fue acertada, me di cuenta nada más pronunciarla).

El sonrió de nuevo.
Yo también.

¿En dos te está bien?
¡Me está perfecto!...total mis números de la suerte están gafados, no me tocan nunca…así que tendré que empezar a cambiarlos, ¿no?...

El vuelve a sonreír.
Yo también.

¿Por cierto, que hora es?
Faltan 10 minutos para las 14h.
Ves…como te tienes que llevar el 2…es que tengo hambre, pero aún tengo que estar un buen rato aquí.

Yo sonrío.
El no.

Gracias.
De nada.
Adiós.
Adiós.

Me voy alejando…pensando.
Pienso en todas esas pequeñas cosas que se hacen grandes a la vista.
Pienso en lo insignificante que se debe uno sentir sin poder ver nada.
Siempre a oscuras.
Siempre con la luz apagada.
Sigo teniendo pena.
Pena y hambre también.

Al pasar por delante de una panadería, me ha pasado lo mismo, he parado en seco y he vuelto sobre mis pasos…
He pedido un surtido de salados…cuando la chica estaba empezando a ponerlos, le he dicho, por favor, me haces dos paquetes…con uno de cada, para probarlos todos.
Así que he salido de allí, he vuelto sobre mis pasos por tercera vez en la mañana y me he plantado de nuevo ante el ciego.

Mi sorpresa ha sido, cuando me ha dicho.

¿Hola! otra vez.
¿Quieres otro?

Juro por Dios que ese chico no ve.
Empiezo a creer que será verdad eso que dicen que agudizan el resto de sentidos.
Eso o mi colonia es inconfundible.

No…toma, te he traído esto, para que mates el gusanillo.

El ha sonreído.
Yo también.

Ya se que no se debe aceptar cosas de desconocidos, pero eres tu el que esta plantado en la puerta del colegio…así que si tienes hambre, ¡toma!
Ha abierto el paquete de papel, lo ha olido y casi podría decirse que se le han iluminado los ojos.
Muchísimas gracias. De verdad. Y se ha puesto a comer.

Yo he sonreído.
El masticaba.

Adiós.
Adiós.

Total, no vendrá de dos euros más o menos. Ni sumándolos al coste del cupón, que ya serían 4, tampoco.
Por no hablar de una posible recuperación de la mitad, si me tocara la devolución, que seguro que no.
Porque no tengo nada de suerte en los juegos de azar.
Quizá mi suerte esta en poder ver según que cosas con estos ojos…y quizá ese también, es mi mejor complementario.

Que bonito es verse a una todos los días, con luz y a oscuras.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Con sabor salao

En la orilla, donde rompen las olas.

Sentada mirando al horizonte, intentando llegar a ese límite que siempre avanza un poco más que nosotros…mientras se persigue sin tregua.

En este lugar, calido, mágico, místico…vienes a mi mente una y otra vez.

Donde el vaivén del agua me adentra y me saca fuera.
Donde miles de piedras chocan entre si consiguiendo un ruido casi musical, escucha…
Donde la sal se amontona en mi piel.
Donde el sol penetra y me asfixia.
Donde volteo el cuerpo y frunzo el ceño.
Donde casi se hace insoportable el calor.
Donde busco sombra sin encontrarla.
Donde mojo constantemente la cabeza, el cuerpo y el alma.
Donde respiro profundo y expulso fuera.

Olas que desiguales se copian constantemente, sin perder el rumbo, al compás del aire.

Van, vienen…igual que mi cabeza, que no deja que te marches.

Que lanza el ancla a tierra aun sabiendo que el viento rompió el mástil de este velero.

De esta marinera que agita la mano sin descanso al adentrarse mar adentro, dejando en tierra los sentimientos.

De esta marinera que sin anzuelo se lanza al mar, por si alguien la quiere salvar.







Ven a cenar conmigo

Siéntate.
Frente a frente.
Mano a mano.
En la mesa dos copas de vino, siempre tinto.

Déjame brindarte.
Por el simple placer que será notar tu mirada anclada en mí, aunque solo sean unos segundos…serán eternos, serán puros, serán simplemente, lo que tú quieras que sean.

Brindo por los suspiros que también te dedico.
Brindo por tu aliento…brindo porque me haces volar, sin moverme del asiento.
Brindo porque quiero cenar bien, quiero cenarte…una y otra vez.

Probaremos un poco de todo, porque de todo quiero que te sientas llena.
Que no falte aceite, para que resbale todo aquello que no interese.
Ni sal, para que lo soso no asome a esta nuestra mesa.
Ni azúcar, que alegre la vida….
Ni vela, que nos de chispa…

Mientras hablas, me olvido de alimentarme…mi plato aun esta lleno y yo, esta noche me alimento de sueños.

De mirarte, de escucharte, de rozarte sin querer por debajo del mantel…

Cucharas soperas de alegría tienes…
Creo que yo, voy a comerte el corazón con cuchillo y tenedor…

Con la delicadeza de tu voz, nos plantamos en el postre.
Baños de chocolate que embadurnan nuestras mentes.
Bebe, come, saborea, ríe…llénate de lo que quieras, repite o deja, tranquila, nos limpian la mesa…
Quitemos de en medio todo lo que molesta…

Por favor, bésame, bésame ya, bésame de una vez…
Dame por fin el roce de tu boca en esta noche loca…

lunes, 24 de agosto de 2009

3000 Kilometros

1000, 2000, 3000 kilómetros en la carretera, en el espacio vacío de un coche se taponan los oídos, abre ventanas…que entre el aire, que nos de en la cara, que podamos sacar la mano y jugar a las montañas…de vez en cuando pon el aire, que este calor no hay quien lo aguante, sudores fríos, sudores calientes, al fin y al cabo sudores que recorren nuestros pequeños cuerpos transparentes.

En ese espacio vacío, donde nuestras palabras tienen eco, donde los silencios no molestan, donde aguanté mi sueño hasta que no pude más y dormí tu siesta, donde la música pone color a la carretera, esta fiesta me encanta, decibelios en la panza, donde viene la inspiración y yo escribo en el archivo de palabras tristes, en mi cuaderno lleno de cuentos, donde hay risas, donde hay complicidad…donde hay amistad.

Donde a través de la ventana se divisan paisajes de Agosto y el inmenso mar…querida amiga.
Mi Mar, mi Maria del Mar, mi Maria recién adquirida, mi Mar de toda la vida, la de casa, la de siempre…la que no cambia, mi niña.

Que bonito compartir este viaje, porque me hacía mucha ilusión viajar contigo, aunque fuese a Almería…que es muy fea, pero a la que tú le has puesto brillo.
Retrocesos de la vida moderna, que a veces se nos queda pequeña.

He intentado hablarte, contarte, entenderte, escucharte aunque no quisieras hablar, he intentado estar a tu lado a veces sin hablar, porque resulta incomodo estar con alguien y sentir el silencio, pero contigo no es así, contigo me siento tranquila, sin necesidad de buscar una conversación estúpida…porque cuando de golpe hablas, tu voz es mágica.

Cuantas palabras, cuantas risas, cuantas miradas cómplices de esas que quizá solo entendemos tu y yo, cuantas confesiones, cuanto sol, cuanto calor, cuanto de todo…hoy la ternura se sirve gratis…ya sabes.

El mundo interior tuyo, el mío, ni mejor ni peor, el nuestro.

Siempre hay días tontos, días en los que te sientes desolada, días en los que sientes una invasión de energía renovada, días con aperitivo a las doce, días en los que no se puede más, días dedicados a perder el tiempo, días para un paseo encendido por el extrarradio, en un circuito de lujo, que tu y yo dibujamos.

¿Cuanta vida hay, en un alfiler, cuando el hilo se mete y quiere coser? ¿Lo sabes?

Me tienes contenta, sin mentira, pero es que tengo de casi todo contigo y eso me hace sentirme cósmica, mirona de las pequeñas cosas, que son las mejores…de las grandes despedidas, de los encuentros por sorpresa, de volver a verte pronto sin agobios, como siempre.

Porque tú vas y vienes.
Yo también voy y vengo.
Y siempre volvemos.

“No sabría que decirte a muchas cosas”, pero aún así tengo mucho que decirte.

Siempre que quieras, siempre que lo necesites, sabes que estaré para intentar arrancarte mil sonrisas…porque me gusta pagarte con la misma moneda que me das.
Tú al volante, yo de copiloto. Con la carretera de la vida por delante.

Pastora de un rebaño que campa por donde quiere, pero que con un simple silbido consigue hacerte volver, siempre.

Si alguna vez me duermo, silba.

Así es mejor el despertar, siempre con música en los oídos, una ducha y un café y a pasear, querida amiga.

¿Te he dicho hoy que te quiero?

miércoles, 12 de agosto de 2009

Princesa de mis sueños

Desperté incontables veces durante la noche, con los ojos entreabiertos, quizá tímidos, ellos me afirmaban lo que estaba ocurriendo, aunque yo andaba como entre sueños y me sentía incrédula ante la realidad.

Volvía a dormirme.
Volvía a despertarme.
Así una y otra vez.
Toda la noche.

Me moría de ganas de hacerlo contigo y me ahogué en mis propias ganas de compartirlo…que irónico.

Intenté contar hasta diez, pero olvidé el orden de los números.
Intenté pensar en algo bonito que decirte…no fui capaz de tener una idea brillante entre sueños.

A mi que me encanta jugar con las palabras, que me encanta pensar y observar, que me encanta contar todo aquello que no me atrevo a hablar…a mi que me encanta sonreír, ayer me di cuenta, que no supe que decir, ni que pensar, ni que escribir, solo supe encontrar entre las sabanas, una mirada y una sonrisa que me quito el habla.

Encuentro en esta sutilidad, la manera mas cobarde de aprender a hablar, la manera mas fácil de volver a contar, de volver a recordar los números que andan del uno al diez, sin errores…pero hasta que la inteligencia vuelva a mi cabeza…me basta con recordar el sueño que tuve ayer, de lo real que fuiste sin estar a mi lado, de lo bien que me sentí al despertar y de que todo esto que me pasa, resulte al final, algo que si que pueda tocar.

Los sueños, sueños son, pero es que últimamente me alimento de ellos…y sigo teniendo hambre, cada vez más…

Quizá algún día me atreva a decirte todo esto, quizá algún día.

O quizá lo leas, quién sabe…manera cobarde de escribir en la piedra y luego lanzarla, lo sé… pero es que me haces sentir tan bien sin saberlo…que eso no puedo ni quiero perderlo.

Princesa de mis sueños, reina de mi reino, que bien me siento.

Mi respirar

Respirar, que sencillo…
Llenar los pulmones de aire, volver a vaciarlos.
Que sencillo, que automático…
Y que fatiga, cuando intentando respirar, te falta el aire.
Que tranquilidad, cuando después del ahogo, de nuevo, una puede volver a respirar sin obstáculos…
Que fácil, que fácil es, tanto que hasta parece extraño, tanto que hasta parece un engaño…algo que nadie nos explico y que aprendimos a hacerlo sin ni siquiera haber nacido…que grandes son las pequeñas cosas, que yo continuamente me pregunto sin obtener respuesta…tampoco la quiero, así vivo y respiro mejor…con mis preguntas sin respuestas…con mis encuentros y mis perdidas, con esta alegría que volvió a mi vida, sin avisar, igual que se fue de la misma manera…traidora derrotada, que al volver yo la recibí sin reproches…
Bienvenida seas de nuevo, amiga.

Aquí

Aquí donde el verde parece mas verde, el azul más azul, donde los pájaros pían más lindo, más alto, este que fue el ultimo suelo que pisaste y donde me diste el ultimo adiós que no escuché…

Este lugar maldito, donde me cuesta volver y del que me cuesta marcharme…

Entre montañas, entre gentes, entre recuerdos que no dejan de pasar ante mí…este lugar que a ti te gustaba y yo odiaba, este lugar donde lo efímero ahora se vuelve eterno, este lugar en el que he aprendido a sobrellevar la carga con pena pero también con un poco de gloria, este lugar donde nuestra familia te recuerda, te piensa, te echa de menos…donde tus hijos juegan y son felices, este lugar que por fin, me hace feliz…a mi también…

Desde aquí te escribo, porque te sitúo en lo alto del cielo, aquí te veo, aquí te siento…aquí, allí, ahora, siempre, te sigo queriendo.

Entre la espada y la pared

Entre la espada y la pared me he sentado hoy.
Sin apenas espacio, sin apenas movimiento, pasé un largo rato.

Escuché lo que me dijeron, dije todo lo que pensé, no sé si fui buena o mala, fui sincera.
Eso sí.

Siento vértigo cuando me elevan alto, porque tengo miedo a caer bajo.
Cuanto más me sujetan, más miedo tengo de caer.

Palabras que pueden pasar al olvido, mi olvido, pero que yo premeditadamente no olvido.

Mis cinco sentido suben, los más íntimos…salen a flote, así no me hundo.
Naufraga en mi vergüenza, que de color rojo pinto.
Balsa tranquila de deseos, metal de monedas que piso, lanzadas de espaldas para verlos cumplidos.

Furia brava.
Calma inocente.

Tan consciente de lo que debo hacer, de lo que espero de mi misma, en esta calma forzada que deseo cumplir…la furia me dice a gritos, Laura vive y vuelve a sentir.

Sin más preocupación que no parar de sonreír.